Uno de los grandes policiales de nuestras letras

Por Carlos Gazzera

21 Diciembre 2003
Guillermo Martínez acaba de ganar el Premio Planeta de Argentina con una gran novela policial: Crímenes imperceptibles. La historia tiene todos los elementos para ser considerada una de las grandes obras del género policial de enigma de la literatura argentina. En su trama se entremezclan el mundo apacible y hermético de una colonia de matemáticos de Oxford, el misterio esotérico de las matemáticas, la filosofía y la magia. Su arco convoca desde los pitagóricos hasta el problema de la biotecnología médica de los trasplantes. Pero sobre todo, esta novela reafirma que una de las tradiciones más importantes de la narrativa nacional, aquella que considera a la ficción un territorio en el que se dirimen cuestiones esenciales de la vida del hombre, está viva. Martínez actualiza aquel precepto de Juan José Saer de pensar la ficción como una "antropología especulativa".
Un joven matemático viaja a Oxford con una beca de doctorado. La historia se ubica a principios de los años 90. A su llegada a Oxford, este joven matemático entra en contacto con una comunidad cerrada de "mentes brillantes". Sin embargo, el resplandor enceguece: Oxford comienza a verse alterada por una serie de crímenes, crímenes sutiles, leves, que pretenden ser "imperceptibles". Nuestro joven narrador, tan argentino como matemático, se vuelve una de las claves de la investigación porque es el que tropieza con el hallazgo del primer cadáver. El y uno de los matemáticos más importantes de Oxford serán los encargados de desandar la "serie" siguiendo el camino de las proposiciones lógicas y el recorrido de los teoremas matemáticos no en su fase especulativa sino en su variante estética. Efectivamente. Resolver los crímenes se vuelve una cuestión de la belleza de los razonamientos, una cuestión de estética.
En la novela, Arthur Seldon, uno de los personajes de Crímenes imperceptibles, un famoso profesor de matemática, asevera: "...el razonamiento histórico matemático está guiado por un criterio, pero ese criterio es en el fondo una estética". Entonces sí. Con este razonamiento queda claro que la sutileza de la matemática moderna reside en su "giro estético", en su ruptura con la navaja de Ockahm, con la matemática nominalista.
Thomas de Quency tenía razón: el crimen es una de las bellas artes. Y entonces, Guillermo Martínez juega en esta novela a construir una resolución del postulado teorético de De Quency: Todo el recorrido de Crímenes imperceptibles es una "demostración literaria" de aquel teorema fundacional de la literatura policial contemporánea.
Guillermo Martínez tiene una larga trayectoria como escritor. En los año 80 uno de sus cuentos, "Infierno grande", apareció en una de las revistas más influyentes de la época, El Porteño, y nos sorprendió a todos sus contemporáneos con una narración limpia y contundente, una historia que nos hablaba de nuestro pasado o mejor, de nuestro presente inmediato. El libro de cuentos (con ese mismo título) había ganado el Primer Premio del Fondo Nacional de las Artes en 1988. Después, a principios de los 90, su novela Acerca de Roderer volvió a sorprendernos con una historia sobre la Guerra de Malvinas. Otra vez el pasado recusando el presente. Pero fue en esa novela (muy breve, por cierto) en donde Guillermo Martínez se reveló como un "narrador" (aquel del que hablaba Walter Benjamin), capaz de introducirse en lo más profundo de la conciencia del hombre, capaz de narrar aquello que suele volverse inenarrable. En Acerca de Roderer el ajedrez, el mundo profundo de los razonamientos ajedrecísticos se vuelve uno de los aciertos más brillantes de la novela de Martínez. Por eso, cuando en esta novela los problemas de la lógica de los teoremas complejos de la matemática afloran en la trama de los asesinatos, el efecto en verdad es la belleza, es el placer de la lectura. La intriga adquiere otra densidad, otra connotación. Crímenes imperceptibles es una vuelta de tuerca de aquel axioma que todo buen narrador debe perseguir: además de entretener y conmover, es necesario demostrar que la belleza es una dimensión que se construye en tanto somos humanos.
Guillermo Martínez nació en 1962 en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires. En 1985 se radicó en Buenos Aires donde se doctoró en Ciencias Matemáticas. En 1982 ganó el Primer Premio del "Certamen Nacional de Cuento Roberto Arlt". En 1989 apareció su primer libro de relatos, Infierno grande, también premiado. En 1992 la editorial Planeta publicó su primera novela, Acerca de Roderer, y en 1998 su segunda novela La mujer del maestro. En el año 2000, la editorial Destino publicó una reedición de su libro de cuentos Infierno grande, donde se incluían algunos relatos nuevos. Y como dijo Liliana Heker en la edición de 1989, cuando uno lee a Guillermo Martínez tiene la sensación de estar leyendo a un escritor clásico, a un narrador "milenario", donde el humor y la crueldad de la inteligencia no son imperceptibles. Ahora, el lector tiene la palabra y como en el juego de las altas matemáticas, sólo el tiempo y la inteligencia de nuestros lectores futuros podrán decirnos si nuestro postulado de considerar a Guillermo Martínez uno de los grandes narradores venideros de la literatura argentina es demostrable. De nuestra parte, estamos seguros de que en unos pocos años habremos de poder escribir, como los matemáticos: q.e.d. (quod erat demonstrandum, "lo que se quería demostrar"). (c) LA GACETA

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