El peligro de los economistas

Para LA GACETA - BUENOS AIRES

21 Diciembre 2003
La economía clásica parte de supuestos que la realidad se ha encargado de desmentir en alguna medida. Ella considera la conducta humana como si estuviera motivada exclusivamente por razones económicas, pero esa conducta no se da en la realidad; es una mera abstracción de gabinete. La historia pasada y presente es pródiga en ejemplos en los que el comportamiento económico responde a otras motivaciones, como es el caso de la bronca (creo que es uno de los más grandes motores de la historia) y del miedo.
Las guerras se han hecho muy frecuentemente por bronca, y siempre por valoraciones extraeconómicas, como por ejemplo la patria, la religión o el rey. Nunca se hicieron por el Producto Bruto Interno ni por la economía de mercado, a pesar de que los marxistas creen que todos los fenómenos sociales tienen un sustrato económico que los determina; creen que la historia se explica por la economía. Hoy mismo tenemos una prueba bien clara de lo que digo: es el enfrentamiento sangriento e interminable entre israelíes y palestinos que gastan en armamento y en destruir muchísimo más de lo que valen los territorios semidesérticos por los que luchan. No combaten, obviamente, por razones económicas.
Tampoco es siempre verdad lo que nos dice la ley de oferta y demanda en el sentido de que cuando baja el precio de un bien aumenta su demanda. Las grandes bajas operadas recientemente en las tasas de interés del Japón y de los Estados Unidos no han servido para incentivar la demanda del dinero con la que se pretende reactivar la economía porque la gente tiene miedo y, en lugar de invertir para aumentar la producción y gastar más en consumir, prefiere ahorrar.Tampoco la teoría del mercado responde exactamente a la realidad. En la práctica no existe el mercado perfecto en el que todos sus operadores conocen la totalidad de los factores que influyen sobre aquel.
Por eso, las reglas de la disciplina económica, si bien sirven de guía, hay que tomarlas con pinzas y completarlas con informaciones de otra naturaleza, si es que uno no quiere equivocarse malamente.
De ahí que los economistas que creen demasiado en sus cálculos de gabinete son un verdadero peligro. Pretenden predecir los acontecimientos económicos, pero si verdaderamente lo supieran, como los astrónomos que predicen las posiciones futuras de los astros, serían los hombres más ricos, lo que por supuesto no es así. Me estoy refiriendo a los "economistas puros", es decir, a los que viven en su burbuja incontaminados por la realidad, no a los que tienen los pies sobre la tierra porque administran algún negocio concreto y practican sus ideas en carne propia. Los economistas puros son muy buenos para construir silogismos, pero a un entendido en silogismos lo patea una mula mansa, mientras que a un entendido en mulas, la más chúcara no le hace mella.
Yo escucho atentamente las opiniones de los teóricos de la economía, pero si les hubiese hecho siempre caso, las empresas que dirijo estarían fundidas como tantas otras y como lo está nuestro querido país por haber sido manejado por ellos.La economía de un Estado o de una empresa no es otra cosa que administración económica, por lo que corresponde que la conduzcan los que han demostrado que saben administrar. La función de los economistas teóricos debe ser prestarles colaboración técnica.
La administración de la economía es algo demasiado importante como para dejarla en manos de teóricos que en la práctica nunca han administrado nada y que experimentan sus ideas sobre el cuerpo social como si se tratase de chanchitos de la India. (c) LA GACETA

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