El libro que Georges Simenon prefería entre todos los suyos

Por Arturo Ponsati.

14 Diciembre 2003
En febrero de este año se cumplió el centenario del fallecimiento de Georges Simenon (1903-1989), padre literario del comisario Jules Maigret y uno de los más renombrados novelistas del género policíaco. Con sentido de homenaje, y con el fin de conmemorar el lanzamiento del número 500 de la Colección Andanzas, Tusquets Editores decidió la publicación de La mirada inocente.La preferida entre sus obras, según fue reconocido por Simenon en una entrevista televisiva concedida al periodista francés Bernard Pivot, es también para la crítica, sin riesgo a equivocarme, la favorita de este autor.
Pero no sin razón alcanzó esta novela su fama. La historia narra la monótona cotidianeidad en la vida de una familia proletaria parisina de fines del siglo XIX. La madre, a quien su marido abandonó tiempo atrás, gana su vida vendiendo verduras en su puesto ambulante del populoso mercado de Les Halles y pasa sus noches en compañía de sucesivos amantes, mientras los seis hijos descasan en la misma habitación, separados tan sólo por una cortina que divide el ambiente. El protagonista, Louis Cuchas, penúltimo de los hermanos, es un niño a quien la observación minuciosa de la realidad lo extasía. Dispersada la familia mientras su infancia queda atrás, descubrirá su afición a la pintura, a la que dedicará con pasión el resto de sus días.
El estilo simple que caracteriza a Simenon, la escritura carente de artificios, tiene su correlato en la historia, que, de forma magistral y mientras la psicología de los personajes es agotada con habitual talento, narra el proceso que se desarrolla en la mente del artista; la percepción del medio y los personajes allí insertos son transformados en imágenes elaboradas inconscientemente antes del acto creativo. Más claras, seguramente, resultarán a ese respecto las palabras dichas por Simenon al momento de publicar la novela y que la editorial rememora: "En el fondo, no soy un escritor. Si lo fuera, sólo construiría frases y no habría podido relatar la vida de este hombre [Louis Cuchas] que aspiraba a fijar los colores sobre la tela, sobre papel, sobre cualquier cosa. (...) Sólo quiere colores puros. También yo trato de construir las frases más sencillas con las palabras más sencillas. Escribo con palabras-materia, como la palabra ?viento?, la palabra ?calor?, la palabra ?frío? (...). Busco la verdad más sencilla, la más natural, una verdad material, biológica". (c) LA GACETA

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