Ambigüedad que pone al lector en una encrucijada

Por Carlos Gazzera

14 Diciembre 2003
Este libro de Cucurto se compone de dos breves historias, dos nouvelles que, integradas en un mismo texto, producen el efecto de la complementariedad necesaria. El cambio de perspectiva en el narrador no parece sino reforzar esa ambigüedad que sostiene la historia a lo largo de sus páginas. Esas historias-capítulos ("Noches vacías" y "Cosa de negros") inician al lector en el arduo camino de discernir cuál es la historia, cuál el lenguaje, cuál el personaje bueno/malo, cuál el sentido de tal o cual diálogo.
Washington Cucurto es el protagonista, un cantante de cumbia dominicano que llega a Buenos Aires invitado por uno de los salones más prestigiosos del circuito de la cumbia en nuestro país. Su llegada no sólo logra concitar la atención de la comunidad dominicana de nuestro país sino también la atención de toda la "negrada" cumbiantera. Claro, los anfitriones de Cucurto no son lo que podríamos llamar, los cálidos y dóciles bailarines caribeños sino una de las mafias más poderosas de la ciudad dedicada al tráfico de armas, drogas, robos, prostitución y otros delitos por el estilo. Cucurto es entonces el nombre del personaje-excusa que permite que se hable de "otra cosa". Cucurto articula desde su historia, las dos nouvelles.
Pero Washington Cucurto es también el seudónimo de Santiago Vega, poeta, narrador y editor. Nacido en Quilmes en 1973, Vega-Cucurto es uno de los escritores más problemáticos de la literatura argentina contemporánea. La dificultad de clasificarlo resulta de su labilidad. Vega-Cucurto se ha vuelto un autor-personaje que logra poner en tensión la relación autor-personaje, literatura-realidad, ficción-vida. Cucurto (el apellido-seudónimo le viene de un tartamudeo de curtir, "yo cu... curto") provoca así un espasmo en la institución literaria que duda entre elogiarlo o prohibirlo, entre premiarlo o censurarlo, entre entrevistarlo o ignorarlo. No es para menos. ¿Qué hacer cuando alguien se ubica tan ambiguamente cerca de la xenofobia, tan cerca del machismo, tan cerca de la apología de la violencia sexual, tan cerca del más descarnado mal? ¿Quién dice lo que dice? ¿Cómo leer lo que se dice? La ambigüedad produce recelo, produce zozobra, desequilibra: "Porque somos borrachos, feos, machistas y les pegamos a las mujeres" (pág. 109). Una ambigüedad que a veces roza íconos profundos: "...las madres de Plaza de Mayo, las hijas de Plaza de Mayo, las nietas de Plaza de Mayo, ¡la Plaza de Mayo! (...) El cadáver de la señora Eva Duarte de Perón, las manos del General, las piernas de la Cucigliuta, Idalina, Justina y Miguelina, las chicas del grupo literario Chucofa (chicas unidas contra el falo)..." (pág. 100).
Esta ambigüedad, entonces, pone al lector en una encrucijada múltiple: ¿qué decimos cuando decimos "negro"? ¿De qué lado nos ubicamos? ¿Apología o rechazo? ¿Xenofobia o ironía? Cosa de negros viene precedido de un escándalo, cuando no hace mucho tiempo atrás, en la ciudad de Santa Fe, los poemas que integran el libro anterior de Vega-Cucurto, La máquina de hacer paraguayitos, fueron censurados por un grupo de intelectuales de aquella ciudad por propiciar la xenofobia. ¿De qué lado estamos? Y Cucurto no se encarga de contestar a esta pregunta. El se escapa por la tangente y dice que los "paraguas", los "bolitas", los "brasucas", los "negros" se divierten con lo que él escribe y que son los intelectuales los que se enojan y leen la literalidad de sus escenas cargadas de violencia, de sexo, de proxenetas, de traficantes... Cuando uno termina de leer Cosa de negros no puede menos que preguntarse cuánto hay de paródico y cuánto de genuino. T. W. Adorno ya había advertido sobre cómo con ciertos temas no es propicio ironizar, sobre cómo con ciertos temas la ironía no deja de sonar como un lapsus que denuncia cierto fascismo ilustrado... Que por muy ilustrado no deja de ser fascismo, ¿verdad?
Cosa de negros nos remite al famoso texto de Vicente Rossi, Cosas de negros, publicado en Córdoba en 1926 (recientemente editado por Taurus). Pero esa reminiscencia no funciona aquí tampoco de manera clara, concreta, precisa. Aquel era un ensayo antropológico-cultural y ponía en cuestión un debate al cual ni siquiera Borges pudo sustraerse. Este, en cambio, desde la ficción constituye una especulación pero anula toda posibilidad de debate y propicia la reacción. Una reacción que tiene extremos como el episodio Santa Fe, pero también elogios como los de cierta crítica porteña amigable, condescendiente...
Washington Cucurto-Santiago Vega ha publicado Zelarayán (1998, 1er Premio del II Concurso Hispanoamericano del periódico-literario Diario de Poesía), La máquina de hacer paraguayitos (2000) y Oh, tú, dominicana del demonio (2002). Este año recibió la Beca de la Fundación Antorchas para la publicación de Veinte pungas contra un pasajero. Pero su última intervención ha sido la creación de la editorial Eloísa la cartonera, que dirige y que ha editado textos de Ricardo Piglia, Rodolfo Fogwil, de César Aira ,entre otros... Cosa de negros fue un best seller y concitó elogios -creemos- desmedidos. ¡Cuidado! Que millones de moscas coman mierda no significa que la mierda sea una exquisitez.(c) LA GACETA

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