El capital social mirado como recurso individual y como recurso colectivo

Por Federico A.M. Lannes

23 Noviembre 2003
En cuatro medulosos artículos los autores abordan un tema de gran actualidad en las ciencias sociales pero que corre el riesgo de un uso ambiguo e impreciso. Apelando a estudios de Akerlof, Bourdieu, Coleman, Putnam, Fukuyama, entre otros, analizan el concepto de capital social, tanto como recurso individual y como recurso colectivo, en sociedades primitivas o cerradas y en aquellas abiertas a la economía de mercado.
El lector encontrará algunos ejemplos de cómo algunos mediadores sociales (políticos y mafiosos) construyen y utilizan sus lazos sociales para conquistar, acrecentar y defender sus propias posiciones de poder y de prestigio, poniendo en evidencia la acción manipuladora del ego. Dicho de otra manera, a la carencia de capital social puede atribuírsele el círculo vicioso de la escasa eficiencia e, incluso, de la parálisis de las instituciones, del retraso económico y del escaso desarrollo de una sociedad civil.
Las numerosas referencias a estructuras teóricas, articuladas y compactas, constituyen un valioso aporte para identificar las variadas formas de capital social según la fuente o tradición sociológica de la cual provienen y de los mecanismos o instrumental que las hacen operantes: interiorización de valores (durkheiminiana), intercambio de reciprocidades (simmeliana), solidaridad colectiva o conciencia de clase (marxista) y confianza impuesta por sanciones o recompensas emanadas de un grupo (weberiana).
El concepto de capital social implica la presencia de una relación duradera que puede ser movilizada a los fines de un determinado sujeto de la acción, pero que también existe independientemente de estos fines y, por lo tanto, de su ser movilizado en función de ellos. Por ello es lícito considerar la noción de capital social tanto para una teoría de la acción individual como para una teoría de la democracia. En tal sentido coincide con la teoría de la reproducción de la sociedad. Por ende, de la diversidad de las estructuras de las redes interpersonales en las que se constituye el capital social derivan tanto de la diversidad de las estrategias y los recorridos de persecu- ción de los fines individuales como los distintos modos de construcción y funcionamiento de las instituciones que garantizan el orden social.Desde el punto de vista económico puede ser un recurso estratégico para favorecer la competitividad y, por lo tanto, para realizar una integración positiva en un mercado que tiene a globalizarse, evitando al máximo la posibilidad de que los impulsos puedan ser dirigidos hacia formas de adaptación económica basadas en el empleo regresivo de redes sociales con meros fines de crecimiento del rédito (corrupción política, economía criminal o mafiosos, etcétera).
Termino señalando que ya en 1754 Antonio Genovesi, considerado el primer profesor de economía, afirmada que "el primer sostén de las sociedades civilizadas en el amor por el bien público" y, casi un siglo después nuestro Juan Bautista Alberdi afirmaba que "el capital del país de su civilización". En el siglo XX, Jacques Maritain nos enseñaba que el individuo deviene persona en la medida que busca el Bien Común.(c) LA GACETA

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