Viaje de aprendizaje raigal que enfoca las vivencias cotidianas

Por María Eugenia Bestani

23 Noviembre 2003
Constituyen este libro catorce composiciones en verso, numeradas, sin títulos, escritas en inglés, acompañadas por sus correspondientes versiones en castellano traducidas por la misma autora. Un tono confesional acompaña el relato del yo poético y la inmersión en un nuevo país y en una nueva cultura. Se trata de un viaje de aprendizaje profundo y raigal mediante el intento de interpretación de las vivencias cotidianas: el gozo de la maternidad, el amor conyugal, la interrelación con la gente de pueblo y sus costumbres, y con las fuerzas elementales de la existencia. Hacia el final, el texto focaliza la confrontación de lo racional y sensible con un mundo contradictorio de precariedad e injusticias hospitalarias, indigencia mental y material, corrupción (en resumen, lo nuestro, narrado desde la mirada perceptiva del otro).
El extrañamiento es vivencial, pero por sobre todo lingüístico. La escritura surge en gran medida del encantamiento con las palabras en una segunda lengua, el castellano; más precisamente, el dialecto tucumano-santiagueño, de los nombres de la flora, la toponimia ("I am a norteamericana,/ living in the rural village of Nueva Esperanza"), esas voces "intraducibles" que se conservan en las dos versiones: "In January men walked the city/ selling feather dusters they call plumeros./ They drove jardineras".
El trasvasamiento en cuanto a sentido es correcto, salvo la recurrente palabra "infante" que traduce a "infant" de discutible equivalencia en las dos lenguas. Pero la concordancia semántica no basta. De todos los materiales de que se sirve la poesía quizá el más específico sea el ritmo, la música de las palabras. El ritmo se diluye demasiado en la versión castellana de los textos, tanto que uno se pregunta si no hubiesen ganado sin los cortes versales, que, desprovistos del sustento rítmico, crean una expectativa que no satisfacen, sumado a que lo que testimonialmente se narra, por momentos, es de un prosaísmo extremo: "Cuando finalmente entramos a la oficina del ministro/ el ministro rengo y encorvado, dijo que no nos podía recibir./ El gobernador lo había llamado./ El doctor y el señor Delegado Departamental debían reunirse con los abogados...".
Al tono de memoria confesional que mencionamos se le suman otros invocatorios, con ecos whitmanianos, a menudo de denuncia política, donde la falta de un distanciamiento emocional entre la voz poética y el autor empírico nos deja con la incómoda sensación de que tanto cielo ha opacado su diafanidad: "Oh Argentina, país nombrado por la belleza de la plata/ en la tierra, con tu bandera azul y blanca con un sol para el cielo,/ cielo, cielo, // cielo y paraíso en español,/ ¿cómo te hiciste un país obsesionado por el dinero/ sacando pares de ceros cada dos o tres años,// aun cambiando el nombre de tu moneda de pesos/ a australes a pesos de nuevo,/ cómo llegaste a ser un lugar de rencor y venganza?". (c) LA GACETA

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