Cuentos aconsejables para lectores de cualquier edad

Por Eugenia Flores de Molinillo

23 Noviembre 2003
Quien haya leído a la Sylvia Iparraguirre de la narrativa breve o de sus novelas El parque (1996) o la multipremiada La tierra del fuego (1998), traducida a varios idiomas, podrá reencontrarse en estos nueve relatos de ambiente patagónico con la incisiva narradora que es, a ratos casi poética y a ratos hondamente realista, con excelente oído para la lengua oral en los relativamente escasos diálogos de sus bien delineados personajes y una notable flexibilidad para crear ambientes diversos, aun dentro del acotado territorio que enmarca a estos textos.
Cada uno de los cuentos por donde circula, omnipresente, el viento del sur que da el título al volumen, anuncia, después del título respectivo, un lugar y un año precisos: "Chubut, 1866", "Isla de los Estados, 1892", "Neuquén, 1995", entre otros. Este contrato implícito entre la ficción y la historia, que en algunos relatos roza por momento la crónica de hechos reales, es dejado de lado en uno de ellos para hacerlo ingresar en la atemporalidad: "Habla Kishné", que va seguido por un intrigante "Patagonia, desde el principio", nos introduce a una narración de corte ambientalista, pero dotada de un delicado lirismo que la aleja del panfleto ecológico. En ella, el jefe de una manada de guanacos cuenta en primera persona la historia de su "gente" y su relación con la naturaleza y con los humanos: "Los hombres, que son necios y no se detienen ante nada, creen que nos quedamos con el cuello erguido y la mirada presa en ellos por temor y han cometido la atroz acción de matar a muchos de los nuestros. Sólo los estudiamos. Es más, queremos saber todo sobre los intrusos que no aprecian el lugar donde viven" (p. 112).
En los textos restantes están muchos de los personajes que se han ido constituyendo en arquetipos patagónicos, pero que aquí aparecen delineados con lograda individualidad: los aventureros que buscan oro, los galeses, los tehuelches, los policías que van a aplastar el motín de los presos, el preso prófugo, las madres trabajadoras, el capitán que encuentra su coraje y su destino, el joven que despierta al amor, la niña cuya condición femenina hace peligrar su escolaridad. Cada relato crea su propio clima, su ritmo individual, evocando pequeños universos de tensiones propias.
Esas tensiones no tienden a desembocar en finales sorpresivos ni efectistas, sino que llevan a resoluciones que surgen naturalmente de los planteos argumentales, sin dejar por ello de conmover e interesar. Obviamente, no corresponde aquí citar ejemplos, por no quitar la fruición del desenlace que todo buen relato conlleva aun cuando no busque impactar.
El país del viento está ubicado entre otros títulos de la colección "Alfaguara Juvenil", como una sugerencia acerca de que se trata de lectura apropiada para adolescentes. No cabe duda de que lo es, pero no simplemente por tratarse de una escritura de fácil comprensión, sino por su uso estético del lenguaje y de la sintaxis narrativa, y por revelar una parte de nuestra geografía que merece la atención, el interés y también el goce de todos. Estas cualidades, naturalmente, hacen a estos cuentos aconsejables para lectores de cualquier edad. (c) LA GACETA

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