16 Noviembre 2003 Seguir en 

"La pulseada" titula el primer cuento y, además, sostiene el espíritu de los otros catorce que integran el libro.
No bien empieza la lectura, comienza a tomar cuerpo la imagen intuitiva de una íntima comunión entre autor y personajes, hecho que les confiere una vida especial dentro del discurso.
Son relatos breves -en su mayoría- con una más que notable condensación expresiva que busca apoyo en las competencias del lector. ¿Cómo comprender, si no, el desenlace de "El Migón de pan" como intertexto de Horacio Quiroga? Y este es sólo un ejemplo porque hay otros, del mismo modo en que hay otras motivaciones -u otras consecuencias- de esa condensación: la insoslayable participación del lector para que llene los claros dejados como propósito estilístico.
Son cuentos interesantes, satisfacen el lector -en nuestro caso es así- sobre todo por su originalidad sin rebuscamientos, porque son historias a partir de nada. Uno escarba y en lo argumental no hay casi nada. Y es muy difícil escribir un buen cuento a partir de casi nada.Finalmente cabe preguntarse: la editorial responsable de este libro ¿tendrá correctores de pruebas? Una ausencia perceptible. (c) LA GACETA
No bien empieza la lectura, comienza a tomar cuerpo la imagen intuitiva de una íntima comunión entre autor y personajes, hecho que les confiere una vida especial dentro del discurso.
Son relatos breves -en su mayoría- con una más que notable condensación expresiva que busca apoyo en las competencias del lector. ¿Cómo comprender, si no, el desenlace de "El Migón de pan" como intertexto de Horacio Quiroga? Y este es sólo un ejemplo porque hay otros, del mismo modo en que hay otras motivaciones -u otras consecuencias- de esa condensación: la insoslayable participación del lector para que llene los claros dejados como propósito estilístico.
Son cuentos interesantes, satisfacen el lector -en nuestro caso es así- sobre todo por su originalidad sin rebuscamientos, porque son historias a partir de nada. Uno escarba y en lo argumental no hay casi nada. Y es muy difícil escribir un buen cuento a partir de casi nada.Finalmente cabe preguntarse: la editorial responsable de este libro ¿tendrá correctores de pruebas? Una ausencia perceptible. (c) LA GACETA







