16 Noviembre 2003 Seguir en 

Este libro es un ensayo sobre la evolución del texto y la lectura. Antes de internarnos en su contenido, sería conveniente establecer algunas precisiones terminológicas.
Recordemos en primer término la noción de papiro: hoja (enrollada sobre sí misma) sobre la cual el escriba (3000 a.C.) alinea las columnas de texto en paralelo. Y, ¿qué es un texto? Según el autor, y desde la valoración, es "la herramienta más preciosa que haya inventado el hombre para construir sus conocimientos y elaborar su imagen de sí y del mundo". Desde el origen y la descripción: "viene del latín textus, remite originalmente a la acción de tejer, entrelazar, trenzar, lo cual supone el juego de varios hilos sobre una trama determinada, y, por su retorno periódico, la posibilidad de crear motivos".
En cuanto a la noción de hipertexto, el autor distingue la perspectiva informática, de la literaria. La primera se refiere a una manera de relacionar informaciones diversas, de orden textual o no, ubicados o no, en un mismo fichero o "página". La teoría literaria, en cambio, desde la voz de Gérard Genette, define el hipertexto como "texto derivado de uno anterior por transformación simple (...) o indirecta". Es así como el "Calígula", de Camus, por ejemplo, sería un hipertexto de los "Doce Césares", de Suetonio.
Empero, en este libro la acepción predominante de la noción de hipertexto es la que remite a la construcción informática de enlaces de textos. En relación con lo expresado, es interesante señalar que esta obra fue presentada originalmente con formato informático, es decir según una estructura arborescente, que subyace en el libro y se percibe a lo largo de la lectura, a pesar de los esfuerzos de Vandendorpe por hacer de esta "versión papel" un texto lineal (entendiendo el concepto de linealidad como opuesto a tabularidad).
Como ya ha sido insinuado, este libro "permite navegar". Sólo con mirar el índice, el lector puede elegir y ejercer ciertos derechos. Y en este punto evocamos a Daniel Pennac y a su best-seller "Como una novela" con el objeto de recordar algunos de esos derechos: a no terminar un libro, a leer en cualquier parte, a releer, a leer cualquier cosa, a saltearse páginas... En este mismo sentido, son interesantes los derechos del usuario de un hipertexto enunciados por el autor, de entre los cuales elegimos: conocer desde el vamos, por lo menos aproximadamente, el volumen de texto propuesto, así como la cantidad de imágenes, la duración total de los clips sonoros y de video. Derecho a entrar en el texto en el punto que uno desee y derecho a recuperar fácilmente un documento leído anteriormente, y releerlo.
Los interrogantes que suscita este libro son diversos. ¿Es el CD-Rom un nuevo papiro? ¿El libro electrónico reemplazará al verdadero libro?¿Qué transformaciones producirá en el escritor y en el lector esta forma de "surfear" el texto?
Es este un libro para especialistas; baste nombrar a algunos autores insistentemente citados para anticipar la densidad del contenido: Barthes, Borges, Ong, Sartre, Valéry...
Un párrafo aparte para la minuciosa traducción de Víctor Goldstein, cuyas numerosas notas al pie le confieren al libro un cierto aire "arborescente". (c) LA GACETA
Recordemos en primer término la noción de papiro: hoja (enrollada sobre sí misma) sobre la cual el escriba (3000 a.C.) alinea las columnas de texto en paralelo. Y, ¿qué es un texto? Según el autor, y desde la valoración, es "la herramienta más preciosa que haya inventado el hombre para construir sus conocimientos y elaborar su imagen de sí y del mundo". Desde el origen y la descripción: "viene del latín textus, remite originalmente a la acción de tejer, entrelazar, trenzar, lo cual supone el juego de varios hilos sobre una trama determinada, y, por su retorno periódico, la posibilidad de crear motivos".
En cuanto a la noción de hipertexto, el autor distingue la perspectiva informática, de la literaria. La primera se refiere a una manera de relacionar informaciones diversas, de orden textual o no, ubicados o no, en un mismo fichero o "página". La teoría literaria, en cambio, desde la voz de Gérard Genette, define el hipertexto como "texto derivado de uno anterior por transformación simple (...) o indirecta". Es así como el "Calígula", de Camus, por ejemplo, sería un hipertexto de los "Doce Césares", de Suetonio.
Empero, en este libro la acepción predominante de la noción de hipertexto es la que remite a la construcción informática de enlaces de textos. En relación con lo expresado, es interesante señalar que esta obra fue presentada originalmente con formato informático, es decir según una estructura arborescente, que subyace en el libro y se percibe a lo largo de la lectura, a pesar de los esfuerzos de Vandendorpe por hacer de esta "versión papel" un texto lineal (entendiendo el concepto de linealidad como opuesto a tabularidad).
Como ya ha sido insinuado, este libro "permite navegar". Sólo con mirar el índice, el lector puede elegir y ejercer ciertos derechos. Y en este punto evocamos a Daniel Pennac y a su best-seller "Como una novela" con el objeto de recordar algunos de esos derechos: a no terminar un libro, a leer en cualquier parte, a releer, a leer cualquier cosa, a saltearse páginas... En este mismo sentido, son interesantes los derechos del usuario de un hipertexto enunciados por el autor, de entre los cuales elegimos: conocer desde el vamos, por lo menos aproximadamente, el volumen de texto propuesto, así como la cantidad de imágenes, la duración total de los clips sonoros y de video. Derecho a entrar en el texto en el punto que uno desee y derecho a recuperar fácilmente un documento leído anteriormente, y releerlo.
Los interrogantes que suscita este libro son diversos. ¿Es el CD-Rom un nuevo papiro? ¿El libro electrónico reemplazará al verdadero libro?¿Qué transformaciones producirá en el escritor y en el lector esta forma de "surfear" el texto?
Es este un libro para especialistas; baste nombrar a algunos autores insistentemente citados para anticipar la densidad del contenido: Barthes, Borges, Ong, Sartre, Valéry...
Un párrafo aparte para la minuciosa traducción de Víctor Goldstein, cuyas numerosas notas al pie le confieren al libro un cierto aire "arborescente". (c) LA GACETA







