16 Noviembre 2003 Seguir en 

El autor propone descifrar el sentido de dieciocho tesis contenidas en el texto "Sobre el concepto de historia", que Walter Benjamin escribió en 1940.
Feligrés del marxismo y de la teología judía, Benjamin emite estas "tesis" que -a juicio de Michael Löwy- concilian "dialécticamente" esas dos paternidades adversarias y configuran un aviso del incendio que se avecinaba para la humanidad.
Quienes hemos vivido el auge ideológico del marxismo podemos entender esta alianza entre teología y materialismo dialéctico. Porque vivimos a sus fieles habitados por un fervor mesiánico inmune a toda reflexión. Y eso pasaba por filosófico cuando era -¿acaso no sigue siéndolo?- sencillamente religioso: un sistema de convicciones sobre el mundo y el hombre no sujetas a discusión, inmunizado contra las numerosas refutaciones que la historia le propinaba.
Para dar una idea del contenido de este libro me detendré en la Tesis II de Benjamin. No tengo espacio para citarla pero el lector puede creerme que habla crípticamente. Y sin el auxilio del señor Löwy quedaría en el orden misterioso de los mensajes entregados por un oráculo. La idea es esta: "Para que la redención pueda producirse es necesario la reparación del sufrimiento, de la desolación de las generaciones vencidas y el cumplimiento de los objetivos por los cuales lucharon y no lograron alcanzar"... "la redención mesiánica y revolucionaria es una misión que nos asignan las generaciones pasadas" (p. 59). La Tesis III remataría esta idea extraordinaria: "La redención, el Juicio Final de la Tesis III, es entonces una apocatástasis"... "Pero la apocatástasis también significa, literalmente, el retorno de todas las cosas a su estado originario: en el Evangelio, el restablecimiento del Paraíso por el Mesías"... "la forma secreta o misteriosa mediante la cual el progreso podría incorporar los espíritus de los antepasados" (p. 64).
Quienes entendemos que las palabras significan lo que dicen, podemos preguntarnos: esa reparación del sufrimiento y el cumplimiento de objetivos que no lograron alcanzar los vencidos, ¿cubre también a los nazis y sus ideales de purificar nuestra especie; al sueño de los cruzados que asesinaron judíos y otros "infieles" para cumplirlo; a los revolucionarios ejercicios de "limpieza étnica" que hemos visto practicar en varias partes del mundo últimamente? Y especialmente, ¿incluiría este teólogo marxista en esa curiosa redención a las víctimas del esforzado genocidio cumplido por el marxismo-leninismo para liberar nuestras sociedades y conquistar finalmente la plenitud de un esclavismo universal que fracasó?
Seguramente el señor Benjamin y su comentador se molestarían con estas consecuencias indeseables de sus "tesis", pero no veo el modo en que puedan eludirlas desde su redentorismo así formulado.
Lamentable señal de cómo los pretendidos "avisos de incendio" estuvieron (¿acaso no lo están hoy?) en manos de incendiarios, no de bomberos. (c)(c) LA GACETA
Feligrés del marxismo y de la teología judía, Benjamin emite estas "tesis" que -a juicio de Michael Löwy- concilian "dialécticamente" esas dos paternidades adversarias y configuran un aviso del incendio que se avecinaba para la humanidad.
Quienes hemos vivido el auge ideológico del marxismo podemos entender esta alianza entre teología y materialismo dialéctico. Porque vivimos a sus fieles habitados por un fervor mesiánico inmune a toda reflexión. Y eso pasaba por filosófico cuando era -¿acaso no sigue siéndolo?- sencillamente religioso: un sistema de convicciones sobre el mundo y el hombre no sujetas a discusión, inmunizado contra las numerosas refutaciones que la historia le propinaba.
Para dar una idea del contenido de este libro me detendré en la Tesis II de Benjamin. No tengo espacio para citarla pero el lector puede creerme que habla crípticamente. Y sin el auxilio del señor Löwy quedaría en el orden misterioso de los mensajes entregados por un oráculo. La idea es esta: "Para que la redención pueda producirse es necesario la reparación del sufrimiento, de la desolación de las generaciones vencidas y el cumplimiento de los objetivos por los cuales lucharon y no lograron alcanzar"... "la redención mesiánica y revolucionaria es una misión que nos asignan las generaciones pasadas" (p. 59). La Tesis III remataría esta idea extraordinaria: "La redención, el Juicio Final de la Tesis III, es entonces una apocatástasis"... "Pero la apocatástasis también significa, literalmente, el retorno de todas las cosas a su estado originario: en el Evangelio, el restablecimiento del Paraíso por el Mesías"... "la forma secreta o misteriosa mediante la cual el progreso podría incorporar los espíritus de los antepasados" (p. 64).
Quienes entendemos que las palabras significan lo que dicen, podemos preguntarnos: esa reparación del sufrimiento y el cumplimiento de objetivos que no lograron alcanzar los vencidos, ¿cubre también a los nazis y sus ideales de purificar nuestra especie; al sueño de los cruzados que asesinaron judíos y otros "infieles" para cumplirlo; a los revolucionarios ejercicios de "limpieza étnica" que hemos visto practicar en varias partes del mundo últimamente? Y especialmente, ¿incluiría este teólogo marxista en esa curiosa redención a las víctimas del esforzado genocidio cumplido por el marxismo-leninismo para liberar nuestras sociedades y conquistar finalmente la plenitud de un esclavismo universal que fracasó?
Seguramente el señor Benjamin y su comentador se molestarían con estas consecuencias indeseables de sus "tesis", pero no veo el modo en que puedan eludirlas desde su redentorismo así formulado.
Lamentable señal de cómo los pretendidos "avisos de incendio" estuvieron (¿acaso no lo están hoy?) en manos de incendiarios, no de bomberos. (c)(c) LA GACETA







