08 Octubre 2003 Seguir en 

Las personas que experimentan o son testigos de sucesos escabrosos o situaciones recurrentes, como abuso infantil, violencia doméstica, maltrato, asalto físico o sexual, haber vivido una guerra o presenciado un accidente catastrófico pueden tener reacciones de intenso temor, horror y desesperanza. Este síndrome es conocido con el nombre de "Trastorno por Estrés Postraumático" (TPET). Es una enfermedad real y atemorizante que necesita tratamiento. Existen diferentes terapias psicológicas que se pueden complementar con tratamiento farmacológico. Las personas que sufren este trastorno, frecuentemente no pueden recordar sucesos significativos de lo ocurrido, pero son acosadas por las pesadillas sobre el trauma, por recuerdos que se presentan espontáneamente. También es común que sufran de depresión, de irritabilidad, que padezcan alteración del sueño, disociación y un estado casi constante de sobresalto.
La persona que vive sobresaltada y con miedo está enferma y debe tratarse
"Los sucesos traumáticos son tan impactantes que suelen sobrepasar nuestra capacidad emocional de asimilación", explica el psiquiatra Adrián Sapetti. Las personas que experimentan o son testigos de sucesos escabrosos como la muerte, una amenaza grave, agresiones, asaltos físicos o sexuales, como así también, sucesos que ocurren sólo una vez: un accidente automovilístico, un desastre natural, por ejemplo un incendio, situaciones reiteradas, como el abuso infantil, la violencia doméstica, el maltrato o la guerra, pueden tener reacciones de temor intenso, horror o desesperanza: esto se denomina Trastorno por estrés postraumático (TPET). "El TPET es una patología real causada por una experiencia terrible y atemorizantes que necesita tratamiento. Actualmente, existen diversos recursos para abordar la terapia. Se complementan el tratamiento farmacológico con otras modalidades alternativas".Las personas que sufren este trastorno, no suelen recordar sucesos significativos de lo ocurrido, pero sí son acosadas por los terribles recuerdos .
Se altera el sueño
Son comunes las pesadillas sobre el trauma, la depresión, la irritabilidad, el trastorno del sueño, disociación y un estado constante de sobresalto. La salud física puede verse afectada y aparecer sensaciones de fatiga progresiva, cefaleas y otros síntomas físicos."Muchas personas traumatizadas en la infancia experimentan lo que se llama revictimización, es decir, ser dañado o agredido nuevamente. Y también, trastorno de la identidad, síntomas físicos como enfermedades o dolores sin causas detectables, dificultad en mantener el equilibrio emocional y problemas en relacionarse con los demás".
Los sucesos traumáticos son muy comunes en el mundo actual. En Norteamérica, dos tercio de la población ha experimentado algún hecho de ésta índole. Las reacciones a estos sucesos varían sensiblemente: desde las que son relativamente leves y crean disfunciones menores en la vida, hasta las que son muy severas e incapacitantes."Lamentablemente, la cifra del TPET se acrecentará. La mayoría de la población, por lo menos la de EE.UU. que existen estadística basadas en estudios, experimentará más de un suceso traumático a lo largo de su vida".
En la mayoría de las persona, el TPET se manifiesta dentro de los tres primeros meses, a partir de la experiencia. En otros, las señales de TPET tardan años en hacerse visibles. Gran parte de los afectados mejoran durante el año de tratamiento, mientras que una persona de cada cinco puede llegar a tener una terapia larga.
Las victimas de un evento traumático, tanto niños como adultos, experimentan, por lo general, una respuesta de estrés que puede durar pocos días y hasta semanas. En este período pueden aparecer transitoriamente síntomas como:
Reacciones emocionales: shock, sorpresa, temor, duelo, rabia, resentimiento, agitación, culpa, vergüenza, desesperanza, desamparo, bloqueo emocional (dificultad de expresar amor y experimentar placer en las actividades cotidianas).
Reacciones cognitivas o del pensamiento: confusión, desorientación, disociación, indecisión, preocupación, reducción de la atención, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, aparición de recuerdos no deseados y autoacusación.
Reacciones físicas o corporales: tensión, contractura, fatiga, sentirse al límite, dificultad para dormir, pesadilla, molestias o dolores, sobresalto, taquicardia, náuseas, cambios en el apetito y disminución del deseo sexual.
Reacciones interpersonales: desconfianza, irritabilidad, relaciones conflictivas, retraimiento, aislamiento, sentimiento de abandono, rechazo, indiferencia o anestesia afectiva, tendencia a acusar o hipercontrolar a la pareja o a los hijos, amistades, familias u otras relaciones.
"Se calcula que, en nuestro país, el 8% de la población general, o sea, 1 de cada 12 personas, llegan a padecer este trastorno. Claro que esta posibilidad se incrementa en grupos de riesgo o cuando existen condiciones psicosociales inestables o, directamente, deterioradas. Hay que tener en cuenta que lo pueden sufrir cualquier persona, hasta los niños".
La persona que vive sobresaltada y con miedo está enferma y debe tratarse
"Los sucesos traumáticos son tan impactantes que suelen sobrepasar nuestra capacidad emocional de asimilación", explica el psiquiatra Adrián Sapetti. Las personas que experimentan o son testigos de sucesos escabrosos como la muerte, una amenaza grave, agresiones, asaltos físicos o sexuales, como así también, sucesos que ocurren sólo una vez: un accidente automovilístico, un desastre natural, por ejemplo un incendio, situaciones reiteradas, como el abuso infantil, la violencia doméstica, el maltrato o la guerra, pueden tener reacciones de temor intenso, horror o desesperanza: esto se denomina Trastorno por estrés postraumático (TPET). "El TPET es una patología real causada por una experiencia terrible y atemorizantes que necesita tratamiento. Actualmente, existen diversos recursos para abordar la terapia. Se complementan el tratamiento farmacológico con otras modalidades alternativas".Las personas que sufren este trastorno, no suelen recordar sucesos significativos de lo ocurrido, pero sí son acosadas por los terribles recuerdos .
Se altera el sueño
Son comunes las pesadillas sobre el trauma, la depresión, la irritabilidad, el trastorno del sueño, disociación y un estado constante de sobresalto. La salud física puede verse afectada y aparecer sensaciones de fatiga progresiva, cefaleas y otros síntomas físicos."Muchas personas traumatizadas en la infancia experimentan lo que se llama revictimización, es decir, ser dañado o agredido nuevamente. Y también, trastorno de la identidad, síntomas físicos como enfermedades o dolores sin causas detectables, dificultad en mantener el equilibrio emocional y problemas en relacionarse con los demás".
Los sucesos traumáticos son muy comunes en el mundo actual. En Norteamérica, dos tercio de la población ha experimentado algún hecho de ésta índole. Las reacciones a estos sucesos varían sensiblemente: desde las que son relativamente leves y crean disfunciones menores en la vida, hasta las que son muy severas e incapacitantes."Lamentablemente, la cifra del TPET se acrecentará. La mayoría de la población, por lo menos la de EE.UU. que existen estadística basadas en estudios, experimentará más de un suceso traumático a lo largo de su vida".
En la mayoría de las persona, el TPET se manifiesta dentro de los tres primeros meses, a partir de la experiencia. En otros, las señales de TPET tardan años en hacerse visibles. Gran parte de los afectados mejoran durante el año de tratamiento, mientras que una persona de cada cinco puede llegar a tener una terapia larga.
Las victimas de un evento traumático, tanto niños como adultos, experimentan, por lo general, una respuesta de estrés que puede durar pocos días y hasta semanas. En este período pueden aparecer transitoriamente síntomas como:
Reacciones emocionales: shock, sorpresa, temor, duelo, rabia, resentimiento, agitación, culpa, vergüenza, desesperanza, desamparo, bloqueo emocional (dificultad de expresar amor y experimentar placer en las actividades cotidianas).
Reacciones cognitivas o del pensamiento: confusión, desorientación, disociación, indecisión, preocupación, reducción de la atención, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, aparición de recuerdos no deseados y autoacusación.
Reacciones físicas o corporales: tensión, contractura, fatiga, sentirse al límite, dificultad para dormir, pesadilla, molestias o dolores, sobresalto, taquicardia, náuseas, cambios en el apetito y disminución del deseo sexual.
Reacciones interpersonales: desconfianza, irritabilidad, relaciones conflictivas, retraimiento, aislamiento, sentimiento de abandono, rechazo, indiferencia o anestesia afectiva, tendencia a acusar o hipercontrolar a la pareja o a los hijos, amistades, familias u otras relaciones.
"Se calcula que, en nuestro país, el 8% de la población general, o sea, 1 de cada 12 personas, llegan a padecer este trastorno. Claro que esta posibilidad se incrementa en grupos de riesgo o cuando existen condiciones psicosociales inestables o, directamente, deterioradas. Hay que tener en cuenta que lo pueden sufrir cualquier persona, hasta los niños".
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