20 Julio 2003 Seguir en 

Tales midió la sombra de una pirámide para indagar su altura; Pitágoras y Platón enseñaron la transmigración de las almas; Virgilio, en la segunda "Geórgica", ponderó las delicadas telas de seda que fabrican los chinos, y Pascal habló de la virtud infinita de la esfera. Sin tanta gloria, pero con igual poder, Michael Dertouzos sostiene que ha llegado el momento de que el hombre se subleve contra el sometimiento de las máquinas. En su último libro, "La revolución incompleta", este patentador incansable y ameno divulgador científico va más allá y propone una "humanización" de la tecnología cibernética.
Es que computadoras personales, laptops, agendas electrónicas, impresoras, teléfonos con Internet y otras maravillas digitales asedian a la humanidad desde hace décadas. Y se están multiplicando con rapidez. Son criaturas a las que constantemente hay que alimentar, curar y, sobre todo, esperar. Las computadoras han reducido a los hombres a un nuevo tipo de servidumbre. Y justamente este tipo de servidumbre es el que se propone combatir Dertouzos.
Con un lenguaje sencillo, sin grandes giros poéticos, y conservando siempre la rigurosidad científica, Dertouzos cree que este cambio puede hacerse realidad si la informática toma otro rumbo y se vuelca al ser humano.
Principal impulsor del Consorcio de la World Wide Web, un foro de empresas y organizaciones que llevan el timón de la red de redes, el autor dirigió durante los últimos lustros el laboratorio informático del Massachusetts Institute of Technology (MIT), indiscutible centro de la investigación mundial en todos los campos. Por todo ello, la revista "Time" lo había citado años atrás como el informático más influyente del mundo. "Cometimos un grave error hace 300 años, cuando separamos tecnología y humanismo. Ya va siendo tiempo de volverlos a unir", dijo una vez en una entrevista. Siguiendo la vieja sentencia de Protágoras, el hombre es para Dertouzos la medida de cualquier innovación informática, la verdadera prueba de su validez.
De esa certeza nació Oxygen, un proyecto de más de 50 millones de dólares que el MIT había puesto en marcha para crear ordenadores más prácticos y adecuados a las necesidades del ser humano. Precisamente este proyecto está anticipado en "La revolución incompleta". Y no de una manera anecdótica, sino con fundamento técnico. Lamentablemente, Dertouzos no pudo ver sus resultados. Murió en Boston el 27 de agosto de 2001, a los 64 años. Este libro bien puede ser el epitafio de toda una vida dedicada a la ciencia. Fuera de algunos capítulos sumamente técnicos, hay en "La revolución incompleta" una singular probidad. Lo escrito ha sido sentido antes de ser trasladado al papel. Dertouzos ha sido leal a sus convicciones, no al azar o a sus dones. La buena artesanía de este libro es harto evidente. Pero mucho más importante es lo que deja.(c) LA GACETA
Es que computadoras personales, laptops, agendas electrónicas, impresoras, teléfonos con Internet y otras maravillas digitales asedian a la humanidad desde hace décadas. Y se están multiplicando con rapidez. Son criaturas a las que constantemente hay que alimentar, curar y, sobre todo, esperar. Las computadoras han reducido a los hombres a un nuevo tipo de servidumbre. Y justamente este tipo de servidumbre es el que se propone combatir Dertouzos.
Con un lenguaje sencillo, sin grandes giros poéticos, y conservando siempre la rigurosidad científica, Dertouzos cree que este cambio puede hacerse realidad si la informática toma otro rumbo y se vuelca al ser humano.
Principal impulsor del Consorcio de la World Wide Web, un foro de empresas y organizaciones que llevan el timón de la red de redes, el autor dirigió durante los últimos lustros el laboratorio informático del Massachusetts Institute of Technology (MIT), indiscutible centro de la investigación mundial en todos los campos. Por todo ello, la revista "Time" lo había citado años atrás como el informático más influyente del mundo. "Cometimos un grave error hace 300 años, cuando separamos tecnología y humanismo. Ya va siendo tiempo de volverlos a unir", dijo una vez en una entrevista. Siguiendo la vieja sentencia de Protágoras, el hombre es para Dertouzos la medida de cualquier innovación informática, la verdadera prueba de su validez.
De esa certeza nació Oxygen, un proyecto de más de 50 millones de dólares que el MIT había puesto en marcha para crear ordenadores más prácticos y adecuados a las necesidades del ser humano. Precisamente este proyecto está anticipado en "La revolución incompleta". Y no de una manera anecdótica, sino con fundamento técnico. Lamentablemente, Dertouzos no pudo ver sus resultados. Murió en Boston el 27 de agosto de 2001, a los 64 años. Este libro bien puede ser el epitafio de toda una vida dedicada a la ciencia. Fuera de algunos capítulos sumamente técnicos, hay en "La revolución incompleta" una singular probidad. Lo escrito ha sido sentido antes de ser trasladado al papel. Dertouzos ha sido leal a sus convicciones, no al azar o a sus dones. La buena artesanía de este libro es harto evidente. Pero mucho más importante es lo que deja.(c) LA GACETA







