20 Julio 2003 Seguir en 

El doctor Miguel Angel de Marco, presidente de la Academia Nacional de la Historia, es autor de eruditos libros que indagan en nuestro pasado. Se ha ocupado particularmente de la historia de Rosario (su ciudad), de nuestros hombres de mar (Corsarios argentinos), del general Mitre y, con rara imparcialidad, de la Guerra del Paraguay. Reúne ahora la correspondencia enviada por oficiales del ejército y de la guardia nacional al diario "La Tribuna", de los hermanos Varela.
Tales testimonios, firmados con nombre supuesto (por exigencias disciplinarias), ayudaron en su momento y permiten al lector conocer y juzgar acerca de pormenores que no siempre podían conocerse, lejos del lugar de las operaciones. Recordemos que similar tarea cumplió el coronel Palleja con el diario "El Pueblo", de Montevideo.
No siempre es posible identificar a los autores. En el Prólogo, que resume los antecedentes y el desarrollo del conflicto, el doctor De Marco señala los más probables: "Falstaff" y "Orión" fueron compartidos por Lucio V. Mansilla y Héctor Varela; "El" corresponde a Dominguito Sarmiento; "Baltasar" es posiblemente Baltasar Moreno; "El corresponsal", casi con seguridad Amancio Alcorta. Los envíos se iniciaron con las primeras acciones y cesan unos meses después de Curupaytí.
La vida del soldado, sus múltiples penurias por falta de equipos, higiene, provisiones, etcétera, llegan así al lector con vivo colorido y exaltan el valor de hombres que no siempre estaban convencidos acerca del sentido de aquella guerra, no obstante lo cual derrochaban coraje ante un enemigo igualmente valiente. Las batallas de Corrientes y Yatay, la rendición de Uruguayana, los combates del Cerrito, Tuyutí, Estero Bellaco y finalmente Curupaytí, son mostradas con realismo en páginas a veces breves, a veces minuciosas. No faltan las quejas por las escasez de médicos y el egoísmo de los que quedaron en las ciudades; se pondera, en cambio, la generosidad de quienes, sin medios, lucharon por salvar vidas. Señalan, asimismo, el incumplimiento de los proveedores y lamentan la escasez de noticias por los retrasos del correo.
No faltan los juicios acerca de los conductores: el coraje temerario de Rivas, Charlone "y otros mil" (como canta la recordada marcha); la eficiencia y el pundonor del general Manuel Osorio, el coronel Cabritas, el valiente Palleja. Queda muy claro el general desprecio que merece el inefable almirante Tamandaré, fatuo de pasmosa inactividad en los momentos clave de la guerra. Y algo fundamental: Curupaytí no es responsabilidad de Mitre (aunque este, hidalgamente, la asumió), sino del erróneo plan impuesto por el barón de Porto Alegre y el jactancioso Tamandaré. Aquí asoma tras "Falstaff" el severo juicio de Mansilla, sin duda fundado por su aptitud militar.
El libro comentado es un excelente aporte para conocer la otra cara de la guerra, esa especie de intrahistoria tejida por los actores que, lejos de las decisiones, la sufrieron en primera línea. Cabe agradecer al doctor De Marco su investigación y desear que, en una próxima, se reúnan los testimonios sobre la etapa final del conflicto. (c) LA GACETA
Tales testimonios, firmados con nombre supuesto (por exigencias disciplinarias), ayudaron en su momento y permiten al lector conocer y juzgar acerca de pormenores que no siempre podían conocerse, lejos del lugar de las operaciones. Recordemos que similar tarea cumplió el coronel Palleja con el diario "El Pueblo", de Montevideo.
No siempre es posible identificar a los autores. En el Prólogo, que resume los antecedentes y el desarrollo del conflicto, el doctor De Marco señala los más probables: "Falstaff" y "Orión" fueron compartidos por Lucio V. Mansilla y Héctor Varela; "El" corresponde a Dominguito Sarmiento; "Baltasar" es posiblemente Baltasar Moreno; "El corresponsal", casi con seguridad Amancio Alcorta. Los envíos se iniciaron con las primeras acciones y cesan unos meses después de Curupaytí.
La vida del soldado, sus múltiples penurias por falta de equipos, higiene, provisiones, etcétera, llegan así al lector con vivo colorido y exaltan el valor de hombres que no siempre estaban convencidos acerca del sentido de aquella guerra, no obstante lo cual derrochaban coraje ante un enemigo igualmente valiente. Las batallas de Corrientes y Yatay, la rendición de Uruguayana, los combates del Cerrito, Tuyutí, Estero Bellaco y finalmente Curupaytí, son mostradas con realismo en páginas a veces breves, a veces minuciosas. No faltan las quejas por las escasez de médicos y el egoísmo de los que quedaron en las ciudades; se pondera, en cambio, la generosidad de quienes, sin medios, lucharon por salvar vidas. Señalan, asimismo, el incumplimiento de los proveedores y lamentan la escasez de noticias por los retrasos del correo.
No faltan los juicios acerca de los conductores: el coraje temerario de Rivas, Charlone "y otros mil" (como canta la recordada marcha); la eficiencia y el pundonor del general Manuel Osorio, el coronel Cabritas, el valiente Palleja. Queda muy claro el general desprecio que merece el inefable almirante Tamandaré, fatuo de pasmosa inactividad en los momentos clave de la guerra. Y algo fundamental: Curupaytí no es responsabilidad de Mitre (aunque este, hidalgamente, la asumió), sino del erróneo plan impuesto por el barón de Porto Alegre y el jactancioso Tamandaré. Aquí asoma tras "Falstaff" el severo juicio de Mansilla, sin duda fundado por su aptitud militar.
El libro comentado es un excelente aporte para conocer la otra cara de la guerra, esa especie de intrahistoria tejida por los actores que, lejos de las decisiones, la sufrieron en primera línea. Cabe agradecer al doctor De Marco su investigación y desear que, en una próxima, se reúnan los testimonios sobre la etapa final del conflicto. (c) LA GACETA







