13 Julio 2003 Seguir en 

César Aira se caracteriza por su apelación al humor y a lo imprevisible. Embalse comienza como el relato de las vacaciones casi aburridas de un neurótico padre de familia, en Embalse de Río Tercero. Poco a poco se desencadena todo tipo de catástrofes y aventuras anunciadas por unas extrañas gallinas, que culminan con un profesor enloquecido que realiza transplantes genéticos a los astros del fútbol y a los homosexuales, y busca la liebre legibreriana, especie de piedra filosofal de la genética. La duplicidad es uno de los recursos centrales de un escritor que arma un texto híbrido que mezcla registro como al folletín y los géneros televisivos de modo irreverente.
La hilarante intervención autobiográfica no es menos sorpresiva. César Aira personaje posee un bello cuerpo y una gran inteligencia; tiene enorme éxito y es riquísimo. Señala Sandra Contreras que la obra del escritor demuestra la fuerza de la ficción que es objeto de afirmación inmediata de la potencia absoluta y autónoma de la "invención". El lector asiste al estallido de la "realidad aparente" registrada minuciosamente en las primeras páginas a través de la delirante emergencia de lo misterioso y de lo extraño. Como en un tobogán, nada detiene el movimiento de la prosa, pero tampoco el del lector, atrapado por esta eclosión. Relación entre el mundo del niño y el del adulto. Para Aira, el arte "tiene que desinteresarse de los resultados para seguir siendo acción". Embalse nos sumerge de lleno en la mejor tradición de la novela, aquella que vorazmente construye un mundo incomparable.(c) LA GACETA
La hilarante intervención autobiográfica no es menos sorpresiva. César Aira personaje posee un bello cuerpo y una gran inteligencia; tiene enorme éxito y es riquísimo. Señala Sandra Contreras que la obra del escritor demuestra la fuerza de la ficción que es objeto de afirmación inmediata de la potencia absoluta y autónoma de la "invención". El lector asiste al estallido de la "realidad aparente" registrada minuciosamente en las primeras páginas a través de la delirante emergencia de lo misterioso y de lo extraño. Como en un tobogán, nada detiene el movimiento de la prosa, pero tampoco el del lector, atrapado por esta eclosión. Relación entre el mundo del niño y el del adulto. Para Aira, el arte "tiene que desinteresarse de los resultados para seguir siendo acción". Embalse nos sumerge de lleno en la mejor tradición de la novela, aquella que vorazmente construye un mundo incomparable.(c) LA GACETA







