13 Julio 2003 Seguir en 

Este estudio, inscripto en el campo de la historia intelectual, no trata de naciones ni de nacionalismos. El lector no encontrará en estas páginas un análisis de casos a partir de los cuales inferir cómo se originaron y evolucionaron las naciones. La preocupación central del autor es historizar el concepto de nación a fin de demostrar que los usos e interpretaciones que se hicieron del término no fueron -ni son- ideológicamente neutros.
Según Palti, su propósito no es "aclarar cómo y cuándo surge la ?nación?, sino interrogar las diversas concepciones existentes al respecto". Así, se propone traspasar la instancia textual del discurso propio del nacionalismo del siglo XIX para reconstruir el dispositivo argumentativo que lo sostiene y acceder al sustrato de categorías y presupuestos que subyacen en él y del que toma su sentido.
Para ello parte de las dos grandes perspectivas de análisis en torno de la nación: el enfoque genealógico y el antigenealógico, es decir nacionalista y antinacionalista respectivamente. La concepción genealógica -predominante en las narrativas nacionales hasta fines del siglo XIX- se limitaba a relatar las características que distinguían a cada nación de las demás, así como las líneas maestras que orientaban su evolución y determinaban su destino último. La nación aparecía, entonces, como un hecho natural (o cuasinatural).
Por el contrario, la concepción antigenealógica (cuya versión "débil" surgió a comienzos del siglo XIX y su versión "fuerte" se terminó de consolidar recién en los últimos veinte años) señala el carácter moderno de las naciones, y les otorga una naturaleza de "constructo mental". Tanto las versiones "débiles" como las "fuertes" se sostienen en la distinción radical del nacionalismo del siglo XIX respecto de todas las formas precedentes de patriotismo o de lealtad protonacional. Es decir, las ideas modernas de nacionalidad serían meramente ficticias, carentes de fundamentos objetivos y las nacionalidades habrían sido "comunidades imaginadas" que expresaban formas de identidad discursivamente construidas. De allí que su premisa sea que las naciones no preexisten a la emergencia del propio nacionalismo, sino que es el nacionalismo el que engendra las naciones.
Lo que hace Elías Palti es, entonces, historizar la propia contienda antigenealógica con la intención de reconstruir los contextos de debate específicos y las condiciones en que ambas perspectivas enfrentadas pudieron eventualmente articularse. Su estudio no pretende resolver la controversia sino, desde una perspectiva "polemológica", marcar los puntos de fisura y quiebres conceptuales de cada una de ellas y revelar el sustrato ideológico que las sustenta.
De este modo, en "La nación como problema", E.P. deja al desnudo la relatividad de las certidumbres sobre las cuales se fundaban ambos enfoques, y advierte que así como el fin del siglo XIX marcó el colapso del punto de vista genealógico de la nación, el fin del siglo XX parece estar testimoniando la crisis de las aproximaciones antigenealógicas.
A modo de cierre, en el apéndice acerca de los relatos sobre la nacionalidad en América Latina, analiza ambas concepciones sobre la construcción política de la nación aplicadas a los casos de México y Argentina en el siglo XIX.
En suma, se trata de una tentadora invitación a debatir, repensar y rebatir muchos de los axiomas sobre los cuales se asentó la producción historiográfica en torno de la "cuestión nacional" en las últimas décadas. Queda en manos de los pensadores del siglo XXI la difícil tarea de descubrir nuevas líneas teórico-epistemológicas para explicar el complejo proceso de construcción de una nación.(c) LA GACETA
Según Palti, su propósito no es "aclarar cómo y cuándo surge la ?nación?, sino interrogar las diversas concepciones existentes al respecto". Así, se propone traspasar la instancia textual del discurso propio del nacionalismo del siglo XIX para reconstruir el dispositivo argumentativo que lo sostiene y acceder al sustrato de categorías y presupuestos que subyacen en él y del que toma su sentido.
Para ello parte de las dos grandes perspectivas de análisis en torno de la nación: el enfoque genealógico y el antigenealógico, es decir nacionalista y antinacionalista respectivamente. La concepción genealógica -predominante en las narrativas nacionales hasta fines del siglo XIX- se limitaba a relatar las características que distinguían a cada nación de las demás, así como las líneas maestras que orientaban su evolución y determinaban su destino último. La nación aparecía, entonces, como un hecho natural (o cuasinatural).
Por el contrario, la concepción antigenealógica (cuya versión "débil" surgió a comienzos del siglo XIX y su versión "fuerte" se terminó de consolidar recién en los últimos veinte años) señala el carácter moderno de las naciones, y les otorga una naturaleza de "constructo mental". Tanto las versiones "débiles" como las "fuertes" se sostienen en la distinción radical del nacionalismo del siglo XIX respecto de todas las formas precedentes de patriotismo o de lealtad protonacional. Es decir, las ideas modernas de nacionalidad serían meramente ficticias, carentes de fundamentos objetivos y las nacionalidades habrían sido "comunidades imaginadas" que expresaban formas de identidad discursivamente construidas. De allí que su premisa sea que las naciones no preexisten a la emergencia del propio nacionalismo, sino que es el nacionalismo el que engendra las naciones.
Lo que hace Elías Palti es, entonces, historizar la propia contienda antigenealógica con la intención de reconstruir los contextos de debate específicos y las condiciones en que ambas perspectivas enfrentadas pudieron eventualmente articularse. Su estudio no pretende resolver la controversia sino, desde una perspectiva "polemológica", marcar los puntos de fisura y quiebres conceptuales de cada una de ellas y revelar el sustrato ideológico que las sustenta.
De este modo, en "La nación como problema", E.P. deja al desnudo la relatividad de las certidumbres sobre las cuales se fundaban ambos enfoques, y advierte que así como el fin del siglo XIX marcó el colapso del punto de vista genealógico de la nación, el fin del siglo XX parece estar testimoniando la crisis de las aproximaciones antigenealógicas.
A modo de cierre, en el apéndice acerca de los relatos sobre la nacionalidad en América Latina, analiza ambas concepciones sobre la construcción política de la nación aplicadas a los casos de México y Argentina en el siglo XIX.
En suma, se trata de una tentadora invitación a debatir, repensar y rebatir muchos de los axiomas sobre los cuales se asentó la producción historiográfica en torno de la "cuestión nacional" en las últimas décadas. Queda en manos de los pensadores del siglo XXI la difícil tarea de descubrir nuevas líneas teórico-epistemológicas para explicar el complejo proceso de construcción de una nación.(c) LA GACETA







