Las nuevas andanzas de un patriota de ficción

Por Marcelo Zavaleta

13 Julio 2003
Martín Aldama es un personaje ficticio creado por Félix Luna, que apareció por primera vez en Martín Aldama. Un soldado de la Independencia (Planeta, 2001), donde lo encontramos alistándose desde muy chico como cadete en el cuerpo de Patricios apenas estallan las Invasiones Inglesas. Desde entonces será testigo y partícipe secundario de muchos de los acontecimientos relevantes de nuestra Historia, que se extienden entre 1806 y las luchas contra los realistas. En este libro, Luna continúa relatando los avatares de la vida de su personaje, al que sitúa, en esta ocasión, en el período que va de 1820 a 1828. A través de los ojos del protagonista conocemos, desde adentro, la vida de aquellos que construían una incipiente nación.
Concluidas las batallas independentistas, Martín Aldama, soldado que había servido a las órdenes del General Belgrano, se radica en San Antonio de Areco para empezar una nueva vida, añorando ser propietario de alguna porción de las prometedoras pampas. Incitado por un ex compañero del regimiento Patricios, que estaba de paso por Areco y que quería aprovechar los beneficios de la ley de enfiteusis de Rivadavia, Aldama se lanza a explorar tierras al sur del río Salado acechadas por la presencia del indio. Después de su incursión se reintegra a la tranquilidad de Areco, donde comparte sus días junto a otro ex compañero de armas, su amigo John O?Brien. La calma pueblerina de la que disfruta Aldama es alterada por la llegada desde Irlanda de Anne, la hermana de su amigo, que impulsará al protagonista a mudarse a la sofisticada Buenos Aires.
Aldama recibe una propuesta de viajar a La Rioja para conocer a un tal Facundo Quiroga, un fuerte caudillo de la región al que deberá persuadir para que permita la explotación de yacimientos minerales del cerro Famatina por parte de inversionistas porteños e ingleses. Cumplida la misión con éxito, continuará su vida en Buenos Aires sufriendo distintos tropiezos que lo llevarán a enrolarse en el ejército que participará en la batalla de Ituzaingó, contra el Brasil, a principios de 1827.
"La historia debe estar al alcance de todos; de lo contrario, no sirve para nada", declaró Félix Luna en una entrevista. Este objetivo, cuando se lo propone un historiador y escritor de su talla, se alcanza con creces. En el prólogo nos advierte que la investigación histórica es un ejercicio que le resulta demasiado arduo en esta etapa de su vida y que, por ello, ha decidido incursionar en el terreno de la novela histórica. Tanto en este libro, como en su predecesor, Luna nos ofrece un ameno y atrapante relato que no intenta adecuar los hechos históricos a una trama preestablecida para generar equívocos oportunistas o efectismos comerciales. La ficción, en este caso, es un ángulo desde donde se aborda la Historia, sin deformarla o manipularla, y simultáneamente el terreno donde se levanta una "historia" autónoma. Las fronteras genéricas son claramente identificables y esto hace de esta novela una obra honesta, en el más amplio sentido de la palabra.(c) LA GACETA

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