
El centenario de su nacimiento ha dado lugar a la edición o reedicción de sus libros, de biografías y ensayos sobre su obra. En nuestro país se acaban de publicar "Orwell. La conciencia de una generación", de Jeffrey Meyers (Ediciones B) y "La victoria de Orwell", de Christopher Hitchens (Emecé). Nuevas lecturas, que le otorgan plena vigencia, reemplazan hoy a las que en su momento circunscribieron los principales textos de Orwell a un régimen político y a un momento histórico determinados.
Los comienzos
George Orwell es el seudónimo que adoptó Eric Blair, el hijo de un funcionario del imperio inglés nacido en la India, en 1903. Siendo todavía niño se trasladó con su madre a Inglaterra. Allí se educó en el tradicional colegio "Eton". Luego renunció a los estudios universitarios y se empleó como funcionario policial en Birmania. Después de cinco años de servicio, decidió dedicarse a escribir. Esta resolución le significó varios años de privaciones en los que vivió como un vagabundo en París y en Londres.
En 1936 tuvo lugar uno de los acontecimientos que marcaría profundamente su vida: la Guerra Civil española. Orwell se alistó en las milicias de POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista). En el frente fue herido de bala en el cuello por un francotirador. Cuando salió del sanatorio donde fue atendido, el POUM había sido declarado ilegal y sus miembros eran buscados por la policía. Esto lo obligó a cruzar la frontera para escapar a Francia. La profunda decepción que le generó la experiencia española con respecto al comunismo marcaría su obra. La primera muestra, donde se reelaboran muchas de sus vivencias en la guerra civil, se plasmó en el "Homenaje a Cataluña", que sólo vendió 600 ejemplares durante los primeros doce años posteriores a su publicación. La película "Tierra y libertad" (1995), de Ken Loach, está basada en este libro.
Rebelión en la granja
El éxito literario llegó con "Rebelión en la granja", pero sólo después de cinco intentos infructuosos de publicación a lo largo de un año y medio. Los representantes de la editorial neoyorquina Dial Press sostuvieron que "era imposible vender historias sobre animales en Estados Unidos". T.S. Eliot, que trabajaba en una importante editorial inglesa, ocupó en la carrera literaria de Orwell el papel que Gide tuvo en la de Proust: rechazó el manuscrito de una de las obras más trascendentes de su época. Calificó erróneamente de trotskista a "Rebelión..." Orwell excecraba a Stalin, pero también a Trotsky. El propósito de su fábula satírica fue desnudar el mito soviético; evidenciar la traición a los ideales de la Revolución Rusa a través de la colectivización forzosa de la agricultura, las purgas, el exterminio de los oponentes políticos y el pacto entre Hitler y Stalin. El momento en que quiso publicarla no podía ser menos propicio. La Segunda Guerra no había terminado y los rusos eran aliados de los ingleses en su lucha contra los alemanes. Una pequeña editorial inglesa se animó a hacerlo y la repercusión fue inmediata. Las críticas adversas llovieron desde todos los ángulos respondiendo, en muchos casos, al rechazo que había generado el libro entre los intelectuales de izquierda. "Los intelectuales deseaban creer con desesperación que los comunistas rusos eran la antítesis absoluta de los nazis alemanes... El pecado de casi todas las izquierdas desde 1933 en adelante consiste en que han querido ser antifascistas sin ser antiautoritarios", respondía lapidariamente Orwell.
"1984" en 1949
1949 es el año en que se publicó la gran novela de Orwell, "1984". Las ediciones se multiplicaron y el libro fue inicialmente interpretado como una de las críticas más acervas que se habían formulado contra el stalinismo. Christopher Hitchens señala acertadamente que esa interpretación es parcial ya que la novela revela los riesgos de todo tipo de totalitarismo. La obra de Orwell advirtió a sus lectores sobre los horrores de los tres sistemas autoritarios que dominaron el siglo (el imperialismo, el fascismo y el stalinismo) pero continúa constituyendo una advertencia sobre el potencial surgimiento de nuevas formas de dominación. El autor no cayó en la tentación de la mayoría de los intelectuales, de acomodarse en alguno de los sectores del espectro ideológico que ofrecían ciertos beneficios a cambio de un trato eufemístico a sus defectos y de la concentración de los ataques sobre los que estaban en la vereda de enfrente. Lo más fácil para Orwell hubiese sido apuntar sus cañones al comunismo o al nazismo, en forma conjunta o disyunta, pero en lugar de eso situó su historia en Inglaterra enfatizando el hecho de que el totalitarismo podía triunfar allí. El texto tuvo el efecto de una bomba para los habitantes de un suelo al que creían vacunado contra ese tipo de patologías. En 1950 Orwell moría de tuberculosis.
"1984" en 2003
¿Qué vigencia tiene hoy esta novela que situaba en el año 1984 el absolutismo inhumano de un Estado omnipotente y despótico? El colonialismo es parte del pasado; la Unión Soviética se desmoronó; el comunismo es hoy prácticamente un anacronismo; el mundo parece estar globalizándose bajo el modelo de una potencia hegemónica, democrática y liberal. ¿No resultan obsoletas las advertencias de Orwell?
El hecho de que "1984" esté a mitad de camino entre la realidad y la ficción, entre la política y el arte, entre "Archipiélago Gulag" de Solzhenitsyn y "El proceso" de Kafka, es lo que mantiene su vigencia. El texto está poblado de referencias a sistemas políticos contemporáneos al autor, pero esto no atenta contra el carácter alegórico de la obra ni le resta valor universal. Las contraposiciones que generó la crítica entre "1984" y "Un mundo feliz", como reverso y anverso de un profundo cuestionamiento al comunismo, por un lado y al capitalismo, por otro, fueron desvirtuadas por el propio Huxley en una carta dirigida a Orwell donde le dice: "En el curso de la próxima generación, creo que los amos del mundo descubrirán que el condicionamiento infantil y la narcohipnosis son más eficaces como instrumentos de gobierno que los garrotes y los calabozos, y que la avidez de poder puede satisfacerse tan cabalmente si mediante sugestión se hace que la gente ame su servidumbre como si a latigazos y puntapiés se le impone la obediencia. En otras palabras, en mi opinión, la pesadilla de 1984 está destinada a modularse, llegando a ser así la pesadilla de un mundo que se asemejará más al que imaginé en Un mundo feliz". La inclinación a obedecer, más que la inclinación a mandar, fue una de las cuestiones que dio vueltas con mayor frecuencia en la cabeza y en los escritos de este rebelde incurable que fue George Orwell. Y estas meditaciones, en tiempos en que la sofisticación y la sutileza han reemplazado a las formas burdas y groseras de dominación, tienen una indudable actualidad.
Orwell es sobre todo un gran detector de falacias políticas. Un párrafo suyo que circuló a través del correo electrónico por todo el mundo, en los meses posteriores a los atentados del 11 de setiembre y en los días de la guerra de Irak, tiene una notable vigencia: "...Hay una minoría de pacifistas intelectuales, cuyos verdaderos aunque no reconocidos motivos parecen ser el odio a la democracia occidental y una admiración por el totalitarismo. Por lo general la propaganda pacifista se reduce a decir que un lado es igual de malo que el otro, pero si uno examina en detalle los escritos de los pacifistas intelectuales más jóvenes, se encuentra que de ninguna manera expresan una desaprobación imparcial sino que están dirigidos casi en su totalidad contra Gran Bretaña y Estados Unidos...".
"1984" ejerció una notable influencia sobre distintas manifestaciones culturales que se desplegaron en la segunda mitad del siglo XX. Desde la literatura, en Ray Bradbury, con su "Fahrenheit 451" o Anthony Burguess y "1985" (donde la Franja Aérea Uno de "1984" era reemplazada por un país llamado "Tuclandia"), a la música (Pink Floyd con "The wall" por ejemplo) o el cine (la taquillera "Matrix", donde se replantean las amenazas que Orwell vislumbró hace más de medio siglo, es la referencia más reciente). Como bien lo destaca Hitchens, Orwell sigue siendo netamente contemporáneo. Se adelantó a su tiempo planteándose los dilemas de la integración europea; el problema de la verdad objetiva, que fue central en el discurso de los teóricos posmodernos; la relevancia del medio ambiente y los peligros de las armas nucleares.Pero creo que hay un tema que es el central en toda su obra: la íntima conexión entre el nivel cultural de un pueblo y las posibilidades de su sometimiento. En "1984" describe las medidas del "Partido" para degradar el lenguaje; socavar las estructuras de la lógica; idiotizar sistemáticamente a los individuos. Si el hombre no puede articular su desazón, si no puede definirla, identificar sus causas y remedios a través del lenguaje y del razonamiento, el totalitarismo tiene allí un terreno fértil. Esa es la prevención orwelliana para el siglo XXI. Con los avances de la ciencia y la tecnología ya no son necesarios los campos de concentración, los rifles ni la tortura para dominar al hombre. Es posible esclavizarlo de manera sutil, distraerlo de los verdaderos problemas e incluso inducirlo a que se encierre en una jaula mediática para que sus desgracias sean transmitidas a millones de televidentes cautivos de un programa que irónicamente puede llamarse "Gran Hermano". (c) LA GACETA







