05 Julio 2003 Seguir en 

Ya sabemos que el lenguaje es un sistema dinámico, en permanente cambio, que hace de espejo, puesto que refleja las inquietudes y los hábitos que una sociedad va desarrollando a través del tiempo.Así, las palabras se van modificando, los vocabularios se van renovando y los neologismos van apareciendo, uno tras otro.
En este aspecto, es notable la influencia que la computación está ejerciendo sobre los vocablos de nuestro habla cotidiana. Con sus códigos, la electrónica ha sido una de las grandes responsables de estas transformaciones a las cuales nos estamos refiriendo.
Y así, en este castellano que hablamos en la Argentina, hay actualmente varias palabras que, manteniendo su forma, han cambiado completamente de sentido y que derivan de lo que podríamos llamar "el lenguaje de la computación".
Por ejemplo, navegar. Antes de la computación significaba "trasladarse por el agua de un punto a otro en una embarcación". Hoy ya todos sabemos que podemos "navegar" por el cosmos gracias a Internet y que esta navegación es bastante distinta de la otra.Otra palabra es programa. Programa, antes, era una salida para entretenerse, o un edicto o anuncio público, o bien el proyecto de lo que se pensaba hacer en alguna materia. Hoy, "programas" son las distintas posibilidades con que contamos para movernos por el cibermundo encerrado en nuestra computadora. Los "programas" se compran, se instalan, compiten uno con otro, etcétera.
Tomemos otro ejemplo: menú. Siempre, toda la vida, un "menú" quería decir la lista de los platos de una comida. Es lo que se le pedía a un mozo, cada vez que una se sentaba a la mesa de un bar o de un restaurante. Pero la computación modificó también esa definición, y hoy en día, cuando se habla de "menú", casi seguro que se refiere a la enumeración de opciones que uno tiene en su PC.
La palabra portal tampoco significa ya lo que significaba. Ya no es el zaguán o primera puerta de una casa, ni la puerta de la ciudad. Es un término de la computación y se refiere a distintos accesos de información que, mediante estos "portales", podemos obtener.
Y así sucesivamente.
Claro que hay otras palabras nuevas, que no tienen que ver con la computación, pero sí con otros avances de la tecnología y con las nuevas circunstancias.
Celular es una de ellas. Antes significaba para nosotros un vehículo de la policía donde se trasladaba a los presos. Hoy es un aparato de telefonía móvil, sin el cual la comunicación parecería imposible.
Y, por supuesto, están las palabras que se inventan y que están de moda: contener, que ya no significa "incluir en sí una cosa a otra", sino consolar a una persona, ayudarla emocionalmente, brindarle apoyo psicológico.
O bien los neologismos como agendar o vacacionar... o la palabra mediático, que describe a alguien que aparece con frecuencia en los medios audiovisuales, sobre todo en la televisión, y que ejerce atracción sobre el televidente.
Tenemos otra palabra que ha transformado su significado y que, por las desdichadas circunstancias socio-políticas por todos conocidas, está hoy en boca de todos: piquetero.
Antes, un piquetero era un muchacho que llevaba de una parte a otra las así llamadas piquetas (herramientas de albañilería). Actualmente, otra es la acepción de ese término. Y como estas palabras, muchas más.
Vemos cómo el lenguaje va transformándose, a veces vaciándose de contenido o adquiriendo otro, completamente diferente del original, pero siempre adaptándose a un modo de vivir en constante metamorfosis.
A veces nos rebelamos contra algunas de estas nuevas expresiones, porque no nos suenan bien, no nos gustan y queremos hacer caso omiso de ellas.
Pero, a la larga, las tenemos que aceptar, y adaptarnos a ellas.
Porque también tenemos que adaptarnos al uso de las computadoras, de los celulares y de todo lo demás.Y uno de los precios que pagamos es cambiar de vocabulario, un vocabulario para el cual ya no sirven los viejos y queridos diccionarios encuadernados en cuero y que tenemos aún en nuestras bibliotecas.
Claro que en los últimos tiempos la crisis cultural que estamos viviendo se ve reflejada también en la forma como hablamos, en la pobreza del léxico y en la repetición mecánica de estas palabras actuales, que son puros "clisés".
No se trata de eludir las características de los tiempos, sino de no perder lo que valía la pena atesorar. Las bellas palabras de siempre, con su eternidad.
A ellas podemos volver una y otra vez en la lectura de los buenos libros, en la manera de escribir todavía una carta (para enviar no por correo electrónico sino, simplemente, por correo).
Estas palabras nos seguirán conectando con las verdades genuinas.
No nos quedemos anclados en ellas, pero tampoco las olvidemos. (c) LA GACETA
En este aspecto, es notable la influencia que la computación está ejerciendo sobre los vocablos de nuestro habla cotidiana. Con sus códigos, la electrónica ha sido una de las grandes responsables de estas transformaciones a las cuales nos estamos refiriendo.
Y así, en este castellano que hablamos en la Argentina, hay actualmente varias palabras que, manteniendo su forma, han cambiado completamente de sentido y que derivan de lo que podríamos llamar "el lenguaje de la computación".
Por ejemplo, navegar. Antes de la computación significaba "trasladarse por el agua de un punto a otro en una embarcación". Hoy ya todos sabemos que podemos "navegar" por el cosmos gracias a Internet y que esta navegación es bastante distinta de la otra.Otra palabra es programa. Programa, antes, era una salida para entretenerse, o un edicto o anuncio público, o bien el proyecto de lo que se pensaba hacer en alguna materia. Hoy, "programas" son las distintas posibilidades con que contamos para movernos por el cibermundo encerrado en nuestra computadora. Los "programas" se compran, se instalan, compiten uno con otro, etcétera.
Tomemos otro ejemplo: menú. Siempre, toda la vida, un "menú" quería decir la lista de los platos de una comida. Es lo que se le pedía a un mozo, cada vez que una se sentaba a la mesa de un bar o de un restaurante. Pero la computación modificó también esa definición, y hoy en día, cuando se habla de "menú", casi seguro que se refiere a la enumeración de opciones que uno tiene en su PC.
La palabra portal tampoco significa ya lo que significaba. Ya no es el zaguán o primera puerta de una casa, ni la puerta de la ciudad. Es un término de la computación y se refiere a distintos accesos de información que, mediante estos "portales", podemos obtener.
Y así sucesivamente.
Claro que hay otras palabras nuevas, que no tienen que ver con la computación, pero sí con otros avances de la tecnología y con las nuevas circunstancias.
Celular es una de ellas. Antes significaba para nosotros un vehículo de la policía donde se trasladaba a los presos. Hoy es un aparato de telefonía móvil, sin el cual la comunicación parecería imposible.
Y, por supuesto, están las palabras que se inventan y que están de moda: contener, que ya no significa "incluir en sí una cosa a otra", sino consolar a una persona, ayudarla emocionalmente, brindarle apoyo psicológico.
O bien los neologismos como agendar o vacacionar... o la palabra mediático, que describe a alguien que aparece con frecuencia en los medios audiovisuales, sobre todo en la televisión, y que ejerce atracción sobre el televidente.
Tenemos otra palabra que ha transformado su significado y que, por las desdichadas circunstancias socio-políticas por todos conocidas, está hoy en boca de todos: piquetero.
Antes, un piquetero era un muchacho que llevaba de una parte a otra las así llamadas piquetas (herramientas de albañilería). Actualmente, otra es la acepción de ese término. Y como estas palabras, muchas más.
Vemos cómo el lenguaje va transformándose, a veces vaciándose de contenido o adquiriendo otro, completamente diferente del original, pero siempre adaptándose a un modo de vivir en constante metamorfosis.
A veces nos rebelamos contra algunas de estas nuevas expresiones, porque no nos suenan bien, no nos gustan y queremos hacer caso omiso de ellas.
Pero, a la larga, las tenemos que aceptar, y adaptarnos a ellas.
Porque también tenemos que adaptarnos al uso de las computadoras, de los celulares y de todo lo demás.Y uno de los precios que pagamos es cambiar de vocabulario, un vocabulario para el cual ya no sirven los viejos y queridos diccionarios encuadernados en cuero y que tenemos aún en nuestras bibliotecas.
Claro que en los últimos tiempos la crisis cultural que estamos viviendo se ve reflejada también en la forma como hablamos, en la pobreza del léxico y en la repetición mecánica de estas palabras actuales, que son puros "clisés".
No se trata de eludir las características de los tiempos, sino de no perder lo que valía la pena atesorar. Las bellas palabras de siempre, con su eternidad.
A ellas podemos volver una y otra vez en la lectura de los buenos libros, en la manera de escribir todavía una carta (para enviar no por correo electrónico sino, simplemente, por correo).
Estas palabras nos seguirán conectando con las verdades genuinas.
No nos quedemos anclados en ellas, pero tampoco las olvidemos. (c) LA GACETA







