
La democracia y el poder
"El régimen en que vivimos no es democrático. Los poderes económicos son los que determinan todo. Por encima del presidente de los Estados Unidos están las multinacionales. El ciudadano reemplaza un gobierno por otro pero no reemplaza el poder económico, no elige a las autoridades de las corporaciones, a los que deciden el destino del mundo. Los rituales democráticos no tienen ninguna influencia en lo que está arriba. No vivimos en una democracia sino en una plutocracia, en el gobierno de los ricos", nos dice Saramago. "¿Y cuáles son las alternativas que usted concibe?" pregunta mi amigo Tom Dieusaert, del diario "De standaar" de Bélgica. "Primero hay que hacer el diagnóstico. Lo único que pido es la honestidad de decir que no vivimos en democracia y que la sociedad aborde el debate. La idea es suscitar dudas, decir que el rey va desnudo. Nosotros no cuestionamos nada, cuando deberíamos cuestionarlo todo; estamos pasivos esperando las cosas buenas y, a veces, las malas. El proceso de enajenación del ser humano es aterrador. Hay que volver a la reflexión, al espíritu crítico. Hay tres preguntas que debemos hacernos permanentemente: ¿por qué las cosas son así?, ¿para qué?, ¿para quién?", contesta el escritor. "¿Pero qué es concretamente lo que se puede hacer?", replica Tom. "Es un trabajo lento; asociaciones de ciudadanos, publicación de manifiestos, debates, y si algún día un medio levanta esto, será un comienzo. Está naciendo una especie de perplejidad entre los millones de personas que se manifestaron en contra de la guerra de Irak. ¿Y ahora qué hacemos?, preguntan. Y yo digo: tenemos dos batallas por delante; la batalla por la democracia y la batalla por los derechos humanos. Porque sin democracia no hay derechos humanos; y sin derechos humanos, no hay democracia. Hay una frase de Marx y de Engels que, a mi juicio, lo dice todo: ?Si el hombre está formado por las circunstancias, entonces hay que humanizar las circunstancias?", responde.
La crisis argentina
Ante la inevitable pregunta sobre la crisis argentina, nos dice que es increíble que un país que puede alimentar a 330 millones de personas, no pueda alimentar a sus 36 millones de habitantes. "Esto es lo que tendría que estar en los medios. Los pueblos olvidan con facilidad y si la clase media argentina vuelve a ocupar su lugar, olvidará la pobreza. El destino de los argentinos está en manos de los argentinos. No podemos dejar una cosa tan seria como la política en manos de los políticos. La ciudadanía participa poco; no puede limitarse a depositar su voto en la urna y después irse a su casa. Que una catástrofe como la de Santa Fe haya movilizado tanto a los argentinos es una muestra extraordinaria de solidaridad; pero no puede quedar en eso", sostiene.
Estados Unidos y Cuba
"La auténtica amenaza está encarnada en Estados Unidos, que quiere dominar el mundo para imponer un nuevo orden que tenga un solo polo de poder. Estados Unidos sabe que en 30, 40 o 50 años tiene que enfrentarse con China y tiene que prepararse para ese conflicto", afirma. "Hace unos años estuve con el escritor norteamericano Norman Mailer, mientras mi mujer le hacía una entrevista, y en esa entrevista dijo: Clinton será el último presidente porque a partir de ahora las corporaciones ya no tienen necesidad de intermediarios".
"¿Y cómo se compatibiliza su defensa de los derechos humanos con su apoyo a Cuba?", pregunta una periodista española. Un poco fastidiado, Saramago responde: "Es condenable el fusilamiento de los tres hombres en Cuba. La revolución cubana ha sido algo insólito en la historia de las revoluciones y se nos presentó con el rostro de la esperanza. Cuba ha logrado aguantar el estrangulamiento lento de los Estados Unidos; pero no ha logrado nada con estas muertes. Es mi solidaridad con el pueblo cubano la que permanece intacta y esto no implica que yo deba aceptar todo".
Su próximo libro
Nos habló poco de literatura; pero nos anticipó el título de su próxima novela, "Ensayo sobre la lucidez", que tiene una conexión evidente con otro de sus libros, "Ensayo sobre la ceguera". A partir de la publicación de este último, su narrativa dio un giro, se concentró en el individuo y podemos decir que este libro, junto con "Todos los nombres" y "La caverna", formó parte de una involuntaria trilogía. "El individuo está en peligro, corre el riesgo de disolverse en la multitud", nos dice Saramago. Su última novela, "El hombre duplicado", también sigue esa línea. En todos ellos hay una indagación sobre la identidad del hombre y una ácida crítica a la sociedad de consumo. "Ensayo sobre la lucidez -nos adelanta el autor- tiene mucho que ver con lo que hablamos aquí y probablemente lo tengáis en la Argentina en mayo del año que viene".
Palabras finales
Tengo profundas diferencias con el pensamiento político de Saramago y mis reserva con respecto a la calidad de sus últimos libros, que se han visto reflejadas en críticas que publiqué en estas columnas. No es este el lugar ni el momento para desarrollarlas; aquí sólo quise exponer lo que nos transmitió uno de los escritores más destacados de la actualidad y que creo es una buena síntesis de su concepción del mundo. Para el final, me quedo con la imagen de ese nieto de campesinos analfabetos, que nace en una casa donde no hay un solo libro, que trabaja en un taller de autos, que deja de escribir durante dos décadas, que retoma la actividad literaria a los 53 años, que escribe "El año de la muerte de Ricardo Reis", "El Evangelio según Jesucristo" y gana el Premio Nobel de Literatura. Me quedo también con la frase con la que se despidió de la Argentina, la semana pasada, frente a una multitud que colmaba el teatro Colón: "Dios necesita a los hombres para que hagan lo que le quedó por hacer. Y lo que quedó por hacer es la felicidad". (c) LA GACETA.
DANIEL DESSEIN.- Abogado, crítico literario. Es uno de los autores de "Reinventar la Argentina" (Buenos Aires, Sudamericana, 2003).







