De Simenon pero sin Maigret

Por Maria Eugenia Valentié

18 Mayo 2003
Una novela de Simenon sin Maigret puede ser una sorpresa para muchos de sus lectores. También puede ser una demostración de que sus cualidades literarias desbordan el género policial. Siempre ha sido notable su capacidad para crear atmósferas, para hacernos vivir en el ámbito en que se mueven sus personajes tanto física como emocionalmente. Generalmente todo ocurre en pequeñas ciudades de provincia donde todos se conocen y cuyas historias bien podrían ser contadas por Miss Marple, el famoso personaje de Agatha Christie.
Las señoritas de Concarneau son tres. Una de ellas se ha casado, pero su marido se ha adaptado de tal manera a la familia que nada cambia en su estilo de vida. Las señoritas bordan, tejen, van a misa y cariñosamente tienden a asfixiar a su único hermano varón. Constituyen una familia rica, moderadamente, como corresponde al lugar en que viven. Forman parte de una especie de aristocracia lugareña, con su empresa familiar y su casa perfectamente cuidada.
No hay ningún enigma policial, pero sí un drama, como en toda novela. Pero las tragedias en el estilo de Simenon nunca tienen algo que ver con el melodrama. Todo se resuelve en el silencio compartido. Y el accidente no cambiará demasiado el estilo de vida de las señoritas de Concarneau y el lector no se sentirá defraudado. Tampoco añorará a Maigret. (c) LA GACETA

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