La prensa y las ideas que construyeron la Argentina

Para LA GACETA - YERBA BUENA (Tucumán)

11 Mayo 2003
"En nuestra democracia, los diarios fueron cátedra, foro y palestra", señala Antonio Pagés Larraya en Prosas del Martín Fierro (1).

En efecto, si tuviéramos que buscar la raíz de las grandes ideas que construyeron la Argentina, siempre iríamos a parar a ese gran reservorio, a esa tribuna: la prensa seria.Muchas de esas ideas podrían rastrearse hasta el presente; algunas, verticales, rectas en el tiempo, como una palmera; otras, arborizadas: copioso ombú a cuya sombra crecieron tantos libros y tantas realizaciones útiles; otras, reverdecidas y fértiles en la perspectiva del tiempo; iluminadoras, anticipatorias de un futuro que hoy es presente o promesa de otro futuro todavía no alcanzado.
No intentamos hacer historia; tampoco cronología ni repertorios. Sólo vamos a señalar mojones y, desde ellos, mirar en el tiempo la progresión del pensamiento.Como podrá observarse a lo largo del presente trabajo, ignoramos el lado oscuro de la prensa, aquella que amparándose en la otra, difama, tergiversa, transa, al servicio de intereses subalternos.
Es el periodismo el que irrumpe con fuerza en la vida americana para cambiar el panorama intelectual. Con el tiempo va cobrando fuerzas y aumentando su influencia para la transformación ideológica, social y económica del continente, señala Anderson Imbert (2).

El orden económico. La motorización del progreso

Aquí es imperioso referirse al Semanario de Agricultura, Industria y Comercio fundado por Juan Hipólito Vieytes, el primer periodista criollo (3). "Autor de fecundas iniciativas de progreso material, sus esfuerzos se contrajeron constantemente a la mejora moral y material del pueblo por la acción regeneradora del trabajo", para decirlo con palabras de José Enrique Rodó.
La acción regeneradora del trabajo es una de las ideas-pilar de nuestra nación, que la prensa promocionó ya en el período final de la colonia. Desde entonces se propaga vertical en el tiempo aunque tiene sus caídas; sobre todo, cuando atraviesa territorios minados por dádivas y bolsones, aviesas estrategias politiqueras.
Algunas de las ideas de Vieytes en el Semanario tienen la frescura de los días que corren y, más aún, representan una alerta frente a políticas restrictivas que nos condenaron al achicamiento casi anoréxico del presente.
Vieytes propiciaba el desarrollo agropecuario, la expansión del comercio y el estímulo de un amplio mercado interno mediante el progreso material, el fomento de la educación, de la cultura y de la técnica. Exactamente lo contrario de lo que establecieron los cerebros que gobernaron este país en los tres últimos lustros.
Vieytes estaba convencido de que sólo por el desarrollo económico -prosperidad del comercio, de la producción y de la industria- se lograría la libertad política. Y a esta empresa, con ese objetivo, dedica las páginas de su Semanario, segundo periódico que apareció en el Río de la Plata, después del Telégrafo Mercantil, Rural, Político, Económico e Historiográfico (1801), redactado por un español, D. Francisco Antonio Cabello y Mesa, y del que se ocupará años después Juan María Gutiérrez (4): "...su aparición señala una época de progreso y que, despertando la curiosidad por la lectura y la ambición natural de producir para la prensa, dio un impulso visible a los espíritus y a las ideas [...] allí se encuentran curiosos datos aislados acerca de las prácticas comerciales y del precio de los objetos de producción y de comercio en toda la extensión del virreynato".
En el Semanario encontramos el planteo y desarrollo de ideas avanzadas aun para nuestro tiempo: a fines del período colonial y a comienzos del independiente, casi no existía industria en nuestro territorio, panorama similar al del país donde hoy vivimos, convertido en cementerio de fábricas, con su carga de atraso y descreimiento y su procesión de desocupados, de indigentes, de humillados y denigrados por la dádiva, gracias a los manejos y a la entrega de un grupo de inescrupulosos, aprovechados, que se aposentaron en el país para servirse de él.Ante dos situaciones similares ¿no sería útil detenernos en las ideas que exponía la prensa de aquellos días?El Semanario proponía: diversificar la producción; capacitar la mano de obra; difundir la enseñanza técnica; estimular el comercio exterior. De la exportación vendría la riqueza; de la riqueza, el desarrollo.
Hoy los popes de la política y de la economía fatigan los medios masivos publicitando la necesidad de exportar (claro que al mismo tiempo ponen o intentan trabas arancelarias, chicanas impositivas, en fin) ¡Chocolate por la noticia, señores! ¡Lean a Vieytes! -¿Quién es Vieytes? ¿Dónde vive? ¿Qué libro? ¿Hace lobby?- ¿Qué, a la industria editorial argentina no le interesan los clásicos porque esos libros no tienen mercado? Ya lo sabemos. Pero igual se pueden leer aquellas viejas ideas, de aquellos viejos periódicos, porque Internet no está sólo para que empleados públicos desaprensivos maten sus horas chateando.
Volvamos a lo nuestro: diversificación de la producción y actualidad de las viejas ideas en torno del tema. Tomemos un caso, el de la seda, que ha abierto tantos caminos sobre el suelo de la historia. LA GACETA de Tucumán, del viernes 27 de noviembre de 2002, publica la noticia de las Segundas Jornadas Nacionales de Sericultura organizadas por la Universidad Nacional de Tucumán para promocionar el cultivo del gusano de seda y la producción de seda natural.
No es nuevo este tema dentro de la UNT: aquel inolvidable Boletín, de los años 50, que guarda tan valiosos testimonios, publicaba en su número 2 (setiembre, 1954, p. 25) "La sericultura en Argentina", con un resumen de la actividad, tanto en organismos oficiales como en empresas particulares, y se ocupaba ampliamente del desarrollo de este rubro.
¿Por qué tomamos como ejemplo la sericultura? Por su importancia y por su potencialidad. Hay un hilo de seda que recorre el mundo desde tiempos remotos, anteriores a Cristo; desde Sumer y Akkad; desde China, pasando por Bizancio y por Venecia, y es tan fuerte que ha sostenido imperios, dándoles inconmensurables riquezas. Se ha escrito mucho sobre este tema como para abundar en él. Pero continuemos. ¿Quién vio, en nuestro suelo, la importancia del negocio y preconizó su desarrollo? La prensa. Juan Hipólito Vieytes, en su Semanario, insiste una y otra vez en el tema. Lo mismo pasa con la miel, con el añil, con el murex, etcétera.
"Apenas constituida la nación como tal, ya un periodismo precario, pero excitado y enérgico, estimulaba a la opinión pública y cumplía la acción fermentativa, propia de la prensa de combate". (5).
Si avanzamos en el tema hemos de recordar que en La Moda, Juan Bautista Alberdi anticipó las principales ideas del Credo, resaltando sus tres objetivos: Mayo, Progreso, Democracia ¿Y qué era el Progreso para los jóvenes del 37? Educación, desarrollo del comercio, de la industria, del mercado interno. Justo lo que necesitamos hoy, con nuestro panorama de atraso y de miseria colectivos.
Es la prensa -no obstante la presión en contra del rosismo- la que hace eco de los discursos fundacionales del "Salón Literario" de Marcos Sastre. El 13 de julio de 1837, el Diario de la Tarde publicó parte del discurso de Sastre, y el 14, el discurso completo de Juan María Gutiérrez. ¿Y qué preconizaban estos discursos? El desarrollo cultural y material del país.
Días después, en el mismo diario se inicia una polémica en torno de lo dicho en el Salón. Y ya se sabe cuán importantes suelen ser las polémicas en materia de difusión de ideas.
Pasemos a los años 80, época de florecimiento del periodismo: no sólo nacen La Nación y La Prensa; es la época de Sud América (1884), periódico que reúne a algunas figuras notables en la elaboración del progreso de la república tanto en su orden espiritual como material: Carlos Pellegrini, Roque Sáenz Peña, Delfín Gallo, Lucio V. López.
Es la época de La Biblioteca (1896-1898) donde brillan las páginas de Paul Groussac, con su altísimo estilo y austera belleza, orientadora sobre lo que debe ser nuestro idioma, parte importante de nuestra "identidad nacional" de la que hoy algo se habla y mucho se cacarea.
No hay que olvidar, tampoco, El Río de la Plata (207 números) en cuyos editoriales José Hernández exploró la vida nacional, ideas que podrían ser escritas hoy: la antinomia ciudad-campaña, Buenos Aires-interior.
"Mientras la metrópolis absorbiese todas las energías del país [...] sin mirar a las provincias y apreciar generosamente sus problemas, se iría quebrando de forma cada vez más irremediable la energía espiritual y material de la Nación", parafrasea Pagés Larraya a José Hernández. Pensemos en Buenos Aires, hoy, tan distante del interior, y no precisamente en el espacio (todavía funcionan algunas compañías aéreas) sino en materia de derechos y pertenencias; su injusto avasallamiento, su prepotencia.
Hernández vuelve a los conceptos de Alberdi, en el sentido de que hay que fortalecer la campaña, promotora de riquezas, para fortalecer a la nación. Justo, justito, a la inversa de lo que vivimos en el presente en Argentina.De esta manera, su prédica se eslabona dentro de la cadena de los ideales de la Asociación de Mayo, con Echeverría a la cabeza.

Otros órdenes
Si queremos continuar con aquel pasado-este presente, detengámonos en el orden electoral: "Mientras las leyes no garanticen la eficacia del voto [...] mientras no lo pongan a cubierto del fraude y la violencia [...] la decadencia del espíritu público tendrá razón de ser y las cámaras en vez de ser legislativas seguirán siendo electorales hasta que el mal se subsane por la protesta violenta de los pueblos cansados de soportar tan vergonzosa situación" (El Río de la Plata 16-1-1870).
En síntesis: ¿qué hace, qué ha hecho a lo largo de nuestra historia, la prensa seria? Informar, es obvio. Pero debajo de su superficie textual hay cuerdas cuyos sonidos (o resonancias) van directamente a niveles profundos de nuestra sensibilidad donde residen nuestras potencialidades de acción y de compromiso, que esos sonidos (de acción prolongada) estimulan y motivan.
La prensa, a lo largo de su historia, nos está indicando que, si queremos la reconstrucción nacional, volvamos a la raíz y la reguemos. Tal vez alimentándola, reverdezca la planta. Y ojalá no sea con lágrimas.(c) LA GACETA

NOTAS
1) Buenos Aires. Hyspamérica, 1987, p. 51.
2) Historia de la Literatura Hispanoamericana, México, F.C.E. 1954. T.I.
3) Apareció el miércoles 1 de setiembre de 1802, impreso en la Imprenta de Niños Expósitos, la única con que por entonces contaba Buenos Aires.
4) "La primera sociedad literaria", en Críticas y narraciones, Buenos Aires, Grandes escritores argentinos, T. XXII, Jackson, s/d.
5) Castagnino. R. Milicia Literaria de Mayo, Bs. As . Nova, 1970, pp. 92 ss.

ALBA OMIL.- Licenciada en Letras; profesora de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT; directora de las Ediciones del Rectorado de la UNT. Su último libro es "La letra profunda" (UNT, Tucumán 1996).

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