Una familia que reaparece para contar de la "guerra sucia"

Por Javier C. Krause

11 Mayo 2003
Marcelo Figueras es periodista, guionista y escritor. Entre sus novelas sobresalen "El muchacho peronista" y "Espía del tiempo". Como guionista, se destaca su sociedad con el director Marcelo Piñeyro, de la que surgieron el guión del film "Plata quemada" y "Kamchatka", película esta última producida por ambos y protagonizada por Ricardo Darín y Cecilia Roth. El guión es del propio Figueras, que también es el autor de la novela que aquí comentamos.
Esta es una historia de aparecidos, de una familia que vuelve para contarnos lo que le ocurrió en los años de la última dictadura, en la época en que la mayoría no quería ver, mientras miles de argentinos perecían de uno y de otro lado en una "guerra sucia". El origen de esta historia, como el de tantas otras, es un secuestro. En este caso es el de un socio de uno de los personajes principales. Este último se ve obligado a refugiarse con su familia en una quinta del Gran Buenos Aires donde sus hijos, su esposa y él mismo adoptarán exóticos seudónimos. Nunca conoceremos sus verdaderos nombres; no nos hace falta; ellos representan, desde su anonimato, a todas las familias que vivieron en el exilio.
Conoceremos sus conductas clandestinas, su intimidad, el afecto que se potencia ante la incertidumbre.
El hijo mayor, de diez años de edad, a quien llaman Harry (por Harry Houdini, el famoso escapista), es el protagonista. Su historia es narrada desde Kamchatka, que a partir de varios juegos de TEG (Táctica y Estrategia de Guerra) con su padre, adquiere un carácter simbólico; es el lugar -o el no lugar- desde donde puede resistir. Su padre, como el personaje de Benigni en "La vida es bella", intentará disfrazarle la realidad; pero el niño, a partir de las ficciones que le transmite su padre, captará mediante profundas metáforas el horror que se le quiere tapar.
La novela tiene una estructura más rica que el film, algo extraño si se tiene en cuenta que el novelista y el guionista son la misma persona. Figueras aquí se anima a jugar con un tiempo menos lineal, alcanza más profundidad en las descripciones y logra un mayor vuelo poético. (c) LA GACETA

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