13 Abril 2003 Seguir en 

Hay esencialmente en la narrativa dos modos de concebir una historia. Uno es organizando una trama correcta para el entretenimiento, y el otro modo exige un más allá atravesado por el peso de la escritura, considerando que la trama resulta una cuestión implícita para cualquier pluma que se precie de tal. "Las ingratas" (Premio Clarín 2002) es justamente una novela ceñida, limitada, restringida sólo a su trama y al discurrir de sus personajes. Una historia de inmigrantes españoles que arriban al puerto de Buenos Aires y viven una serie de peripecias propias de la inmigración de principios del siglo XX. Dado que la literatura argentina ha entregado en los últimos 20 años varias novelas sobre esta temática, el desafío para un escritor consiste en hallar un "cómo" diferente. Nada puede decirse de esta historia en sí, que es grata, sino de su tratamiento ligero. "No hay buenos o malos temas -decía Julio Cortázar- sino buenos o malos tratamientos de los mismos". La escritura de la novela es correcta en cuanto a su sintaxis. Pero literariamente carece de vuelta de tuerca, de giro personal, de acción narrativa... Todo está pedagógicamente explicado. Faltan la entrelínea y la sugestión que determinan el ritmo de la hondura que subyace e imprime originalidad y belleza a un texto. No se trata, en la escritura, de decir llueve, sino de crear la lluvia, sugería el poeta y ensayista francés Paul Valéry.
El recurso del lenguaje coloquial podría ser una elección del autor para encarar su historia. En este caso, un puñado de lugares comunes del habla surge como recurso de remate de oraciones, ideas o imágenes. Todo sucede rápidamente -lo cual no es malo en sí mismo- pero se percibe como un apuro por resolver el párrafo para pasar a la próxima situación. Esto resta verosimilitud y profundidad.
Para aquellos lectores que buscan una lectura pasatista y liviana, "Las ingratas" ofrece un momento de distensión.
(c) LA GACETA
El recurso del lenguaje coloquial podría ser una elección del autor para encarar su historia. En este caso, un puñado de lugares comunes del habla surge como recurso de remate de oraciones, ideas o imágenes. Todo sucede rápidamente -lo cual no es malo en sí mismo- pero se percibe como un apuro por resolver el párrafo para pasar a la próxima situación. Esto resta verosimilitud y profundidad.
Para aquellos lectores que buscan una lectura pasatista y liviana, "Las ingratas" ofrece un momento de distensión.
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