El mismo trazo, a pesar de la variedad de asuntos

Análisis penetrante, con el cual se alcanza el meollo de los temas tratados.

06 Abril 2003
Tras la variedad de cuadros y la multiplicidad de asuntos que componen este libro, se advierte un mismo trazo, dirigido certeramente a destacar lo que de esencial hay en esos asuntos y en aquellos cuadros.
El modo de mirar del que surge semejante trazo es el que define a la filosofía, porque esta no consiste en una doctrina ni en un conjunto de doctrinas, sino en la destreza de la inteligencia que permite vislumbrar, en cada hecho, el reflejo del mundo. Se trata, pues, de un libro filosófico, en el mejor sentido de la palabra. Su materia, según decíamos, es variada: abarca desde la idiosincrasia tucumana hasta la conducta de los animales; desde la experiencia de un maestro en la montaña hasta las comprobaciones de un profesor en la universidad; desde las costumbres de barrio hasta los misterios de la condición humana. También es multívoca su topografía: la plaza Belgrano, Vinará, La Donosa, Ñorco, Chuscha, Choromoro, La Puna son algunos de los lugares que sus páginas evocan. El acento de los capítulos que evocan el libro también puede variar: desde la narración llana (como en "Ñorco", quizás el texto más memorable del volumen) hasta parábola rica de símbolos (como "Ay país", melancólica meditación sobre ciertas democracias sudamericanas). Algunos temas son encarados mediante el examen de las palabras (como en "Aunque se vista de seda..."); otros, a través de los textos que caracterizan a las ideologías (como en "Alaridos y lágrimas", admirable análisis del "tomismo-leninismo").
No cumple que declaremos aquí lo que la reflexión del autor revela en cada capítulo; bástenos con decir que su análisis es penetrante, y que lo es al punto de alcanzar el meollo de los temas que ataca. Su prosa es ajustada y, sin embargo, expresiva; suele destilar un humor que puede parecer ácido, pero que es uno de los rasgos más notorios de su lucidez.

(c) LA GACETA

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