06 Abril 2003 Seguir en 

A poco más de un año del 20 de diciembre de 2001, creo que todavía no hemos alcanzado la suficiente distancia respecto de lo que ocurrió ese día para poder asimilarlo. Fue nuestro 11 de setiembre; el día en que tomamos conciencia de la fragilidad de nuestro país; el momento en que se derrumbaron las certezas mínimas sobre las que construimos nuestras vidas. A partir de entonces, la incertidumbre, la inseguridad, el desasosiego, el temor, la ira se apoderaron de nosotros. Pero ya es tiempo de que tratemos de identificar las causas de ese descalabro nacional para reedificar la Argentina sobre bases sólidas.
"Episodios argentinos" intenta testimoniar lo que ocurrió en esa trágica jornada, y lo logra acabadamente. Para ello recurre a textos de Tomás Eloy Martínez, a acuarelas de Fermín Eguía y a fotografías de Bernardino Avila, Gonzalo Martínez (hijo de T.E.M.), Gustavo Mujica, Pablo Piovano y Alfredo Srur. El autor de "Santa Evita" repasa nuestras últimas tres décadas de historia buscando las raíces del desgarramiento del 20 de diciembre. "Desde hace más de setenta años, el país ha sufrido casi invariablemente la desdicha de que sus gobernantes sean inferiores al promedio de los habitantes", sentencia Martínez, reciclando la idea que expresó en estas mismas páginas en el marco de las "Reflexiones sobre la crisis". Señala que la anarquía de fines de 2001 fue la más honda de toda nuestra historia. El caos de junio de 1820 en Buenos Aires se tradujo en la sucesión de dos gobernadores en un solo día. Ciento ochenta años más tarde nuestro país tendría cinco presidentes en ocho días.
Las acuarelas de Fermín Eguía tienen reminiscencias de las pesadillas que reflejó "El Bosco" en sus cuadros. Pero al observar las fotografías que integran este libro nos percatamos de que esas pesadillas se hicieron realidad el 20 de diciembre. Los saqueos, los cacerolazos, la represión policial, la muerte, la furia, el absurdo son captados por estos talentosos fotógrafos que congelaron con sus cámaras escenas de una tragedia dantesca, para que no se repita, nunca más.
"¿Hay todavía un país?", se pregunta Tomás Eloy Martínez. "Hay un país, por supuesto. Pero es de soberanía dudosa, sin justicia social y con una infinita riqueza enajenada. Lo que no hay, por lo tanto, es una nación; es decir, una unidad de intereses, un proyecto en el que todos puedan confiar.
Se tardó más de un siglo en construir esa comunidad. Quién sabe cuánto llevará ahora salvar de la destrucción lo que aún queda, y empezar de nuevo", concluye.
(c) LA GACETA
"Episodios argentinos" intenta testimoniar lo que ocurrió en esa trágica jornada, y lo logra acabadamente. Para ello recurre a textos de Tomás Eloy Martínez, a acuarelas de Fermín Eguía y a fotografías de Bernardino Avila, Gonzalo Martínez (hijo de T.E.M.), Gustavo Mujica, Pablo Piovano y Alfredo Srur. El autor de "Santa Evita" repasa nuestras últimas tres décadas de historia buscando las raíces del desgarramiento del 20 de diciembre. "Desde hace más de setenta años, el país ha sufrido casi invariablemente la desdicha de que sus gobernantes sean inferiores al promedio de los habitantes", sentencia Martínez, reciclando la idea que expresó en estas mismas páginas en el marco de las "Reflexiones sobre la crisis". Señala que la anarquía de fines de 2001 fue la más honda de toda nuestra historia. El caos de junio de 1820 en Buenos Aires se tradujo en la sucesión de dos gobernadores en un solo día. Ciento ochenta años más tarde nuestro país tendría cinco presidentes en ocho días.
Las acuarelas de Fermín Eguía tienen reminiscencias de las pesadillas que reflejó "El Bosco" en sus cuadros. Pero al observar las fotografías que integran este libro nos percatamos de que esas pesadillas se hicieron realidad el 20 de diciembre. Los saqueos, los cacerolazos, la represión policial, la muerte, la furia, el absurdo son captados por estos talentosos fotógrafos que congelaron con sus cámaras escenas de una tragedia dantesca, para que no se repita, nunca más.
"¿Hay todavía un país?", se pregunta Tomás Eloy Martínez. "Hay un país, por supuesto. Pero es de soberanía dudosa, sin justicia social y con una infinita riqueza enajenada. Lo que no hay, por lo tanto, es una nación; es decir, una unidad de intereses, un proyecto en el que todos puedan confiar.
Se tardó más de un siglo en construir esa comunidad. Quién sabe cuánto llevará ahora salvar de la destrucción lo que aún queda, y empezar de nuevo", concluye.
(c) LA GACETA







