Curso de la memoria

Una yuxtaposición de varias voces.

06 Abril 2003
El ritmo narrativo de esta nouvelle sigue el curso de la memoria, o de la conciencia, y así, en su entramado se yuxtaponen diferentes voces en hábil manejo del discurso indirecto libre, con marcado acento coloquial, lo que acerca a los personajes y permite oír sus diálogos, al mismo tiempo que ver lo que pasa en su interioridad, allí donde reside toda la historia personal del protagonista (llamado Juan, casi un anónimo requerido por los objetivos del narrador) que no es sino la conmovedora metáfora de la vida argentina de nuestros días, con sus dolencias, sus pústulas, su cuerpo corrupto y también los elementos que bullen secretamente en su defensa. La justicia corrupta o débil o indolente ¡qué problema!, entre tantos otros problemas.
Esto lo presentan a diario los medios masivos de comunicación pero otra cosa es verlo en la realidad novelesca, a veces más palpable que la vida misma.
Es dolorosa esta metáfora, sobre todo cuando hay que llenar los silencios o desenrollar los indicios, tarea a cargo del lector, que se pregunta ¿qué habrá querido significar el autor con la abulia de su personaje? ¿Será la del yo-país? ¿Y eso de "tampoco tiene futuro"? Es como para ponerse a gritar palabrotas, de pura bronca frente a la autoinculpación. ¿O será un pinchazo para hacernos reaccionar? ¡Caramba!
¿Y la reflexión metafísica, más allá del país y más allá del mundo, en la zona jorobada del yo, del quién soy, del para qué, del adónde?
Esa es la cuestión. Que a uno le revuelvan esa parte de las tripas es muy inquietante, por no decirlo con palabras más gordas. Pero de más semasia, claro.
¿Y la soledad en instancias definitivas? Pura metafísica ¡bah! O pura poesía, mejor.
Podría escribirse mucho más sobre este libro pero el "máximo, máximo" que rige en LA GACETA Literaria, con razón, nos limita.
De cualquier manera bueno es decirlo: estamos ante un espejo tridimensional que nos muestra las escenas novelescas; por detrás de ellas, la imagen de un país quebrado y escarnecido pero todavía con reservas morales ocultas entre los pliegues de su vergüenza y de su desolación; y más abajo aún, la figura del uno-individuo, con la carnadura de su alma expuesta a la intemperie de interrogantes sin respuestas.
Cualquier contenido -al igual que cualquier figura humana- puede variar según el atuendo con que se presente. El atuendo lingüístico en este caso: "la acomodación formal de las palabras es un arte poética, la gramática lo es".

(c) LA GACETA

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