Poemas que nos enfrentan con el abismo y la soledad

Influencias que no restan mérito.

22 Diciembre 2002
El viaje de Javier Tanoira es un viaje sin destino; destino con el que, confiesa, nunca supo negociar, "ese perfecto hipócrita que juega con las cartas del tiempo".
Además es un viaje lento, a contramarcha de los vertiginosos tiempos que corren. Estas aparentes contradicciones nos obligan a desviar la mirada de nuestras metas y a concentrarnos en el camino, que no es otra cosa que la vida misma. Con sus versos, Tanoira destroza los postulados de la lógica formal. Nos muestra "lo que ve el ciego": "... hay algo de videncia en eso de que todos / los colores para él terminan siendo negros./ ¿No es acaso el último color que nos espera?".
Peregrino en búsqueda de verdades inhallables, nos revela lo ilusorio de nuestras metas y nos insta a seguirlo en sus planteos metafísicos. Nos enfrenta con nuestros anhelos, con nuestra inexorable soledad, con nuestro esencial desamparo, con el abismo que no queremos ver.La influencia de Pessoa, Pizarnik, Kerouac, Octavio Paz, autores a quienes rinde tributo, palpita en las páginas de "Viaje lento", sin por esto restarle originalidad. Este libro es una invitación a que nos percatemos de que caminamos de espaldas a lo que nos espera, un recorrido que nos hace desandar nuestro trayecto existencial y nos sugiere que aquello que creíamos que era luz era, en verdad, oscuridad.
(c) LA GACETA

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