09 Junio 2002 Seguir en 

Avez-vous été heureux? pregunta ella; Borges responde: Oui, je l?ai été souvent. Se trata de una encantadora conversación de Borges con Alina Diaconú, escritora de origen rumano (vivió en Buenos Aires y en París), realizada en 1979. En un texto sumamente breve, editado en francés, Borges vuelve sobre los asuntos que siempre lo inquietaron: el amor, la muerte, la literatura, la ética, el infinito. El inevitable clima de intimidad que crean ciertos temas recurrentes en sus entrevistas, también aquí se lo percibe. A ello se le suma la musicalidad de la lengua francesa -nuestro autor la hablaba fluidamente- si bien no queda claro si el diálogo originario fue en francés o en español.
Borges amaba escuchar el Padre Nuestro en diferentes lenguas. Se lo había enseñado su madre, a quien le prometió rezarlo todas las noches. Cuenta la autora que lo recitó para él en rumano en dos ocasiones. Recordemos que, en "Una oración", Borges evoca esa promesa y se propone hacer una plegaria personal; en ella niega su condición de hombre religioso, como lo hace ahora, e insiste en dos cosas, la esperanza de una muerte definitiva y su preocupación por la ética: todos sabemos lo que es el bien y el mal, de recompensas y castigos, por el contrario piensa, nada se sabe.
La influencia de la ceguera en su obra poética es otro asunto que inquietó a los críticos. Considera que hay poetas visuales y poetas auditivos en los cuales la musicalidad del verso prima sobre las imágenes. El, dice de sí mismo, no es visual. Su ceguera lo ayudó a replegarse sobre su imaginación y su memoria. Le pregunta Diaconú qué lo asombra, a lo que contesta: todo. Como a los filósofos griegos, lo asombran las cosas más banales: "Me asombra que una llave pueda abrir una puerta / me asombra que mi mano sea una cosa cierta, / (...) me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa, / Y que la rosa tenga el olor de la rosa" (El ingenuo).
Borges era un gran conversador, y cuando estos encuentros con personas inteligentes se transforman en entrevistas sirven para recoger algunas pistas importantes sobre su obra. Por ejemplo, confiesa: j?aime les idées infinies y al hablar de ellas muestra el nexo entre una poesía y un relato que apuntan a lo mismo, Ajedrez ("¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza...?) Y Las Ruinas circulares, como suele pasar a menudo, sostiene que fue un alumno el que descubrió la coincidencia, él no la había percibido...
Más que un libro, este pequeño texto es un aleteo de palabras de las que emergen convicciones profundas, ideas creadoras, fino humor y poesía. Parodiando una conocida letra de tango, Alina Diaconú titula esta entrevista 994, rue Maipú, sixième, avec ascenseur, lo que no le hubiera disgustado a Borges, que amaba las historias de compadritos.
(c) LA GACETA
Borges amaba escuchar el Padre Nuestro en diferentes lenguas. Se lo había enseñado su madre, a quien le prometió rezarlo todas las noches. Cuenta la autora que lo recitó para él en rumano en dos ocasiones. Recordemos que, en "Una oración", Borges evoca esa promesa y se propone hacer una plegaria personal; en ella niega su condición de hombre religioso, como lo hace ahora, e insiste en dos cosas, la esperanza de una muerte definitiva y su preocupación por la ética: todos sabemos lo que es el bien y el mal, de recompensas y castigos, por el contrario piensa, nada se sabe.
La influencia de la ceguera en su obra poética es otro asunto que inquietó a los críticos. Considera que hay poetas visuales y poetas auditivos en los cuales la musicalidad del verso prima sobre las imágenes. El, dice de sí mismo, no es visual. Su ceguera lo ayudó a replegarse sobre su imaginación y su memoria. Le pregunta Diaconú qué lo asombra, a lo que contesta: todo. Como a los filósofos griegos, lo asombran las cosas más banales: "Me asombra que una llave pueda abrir una puerta / me asombra que mi mano sea una cosa cierta, / (...) me asombra que la espada cruel pueda ser hermosa, / Y que la rosa tenga el olor de la rosa" (El ingenuo).
Borges era un gran conversador, y cuando estos encuentros con personas inteligentes se transforman en entrevistas sirven para recoger algunas pistas importantes sobre su obra. Por ejemplo, confiesa: j?aime les idées infinies y al hablar de ellas muestra el nexo entre una poesía y un relato que apuntan a lo mismo, Ajedrez ("¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza...?) Y Las Ruinas circulares, como suele pasar a menudo, sostiene que fue un alumno el que descubrió la coincidencia, él no la había percibido...
Más que un libro, este pequeño texto es un aleteo de palabras de las que emergen convicciones profundas, ideas creadoras, fino humor y poesía. Parodiando una conocida letra de tango, Alina Diaconú titula esta entrevista 994, rue Maipú, sixième, avec ascenseur, lo que no le hubiera disgustado a Borges, que amaba las historias de compadritos.
(c) LA GACETA
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