02 Junio 2002 Seguir en 

Me contó esta historia verdadera y mítica alguien que merece absoluta fe. Ocurrió en el patio de un colegio, durante el recreo. Un niño de once años fue encarado por tres compañeras. Una notoriamente más alta (las niñas, a esa edad, superan a los varones); otra rubia y algo gordita; la tercera, flacucha, desenvuelta, puro ojos.
La que tiraba a gordita lo miró, mientras las otras le cerraban el paso, y dijo: "Queremos preguntarte a cuál de nosotras vas a elegir como novia".
El niño quedó perplejo. Por entonces pensaba pedirle ayuda a Chelo para la prueba de Matemática. Algo cruzó por su cabeza, tal vez la estampa mitológica espiada en la biblioteca de su padre: las tres ilimitadas diosas de Rubens que desafían en los Uffizi. De pronto vislumbró un claro entre la más alta y la más chica. Huyó para el lado de los varones.
Hace unos cuantos siglos Paris eligió. Así le fue a Troya.
El niño se confió a la mamá y esta me lo contó, asombrada por la audacia de las chicas de ahora.
Siempre fue así con las mujeres, le dije.
(c) LA GACETA
La que tiraba a gordita lo miró, mientras las otras le cerraban el paso, y dijo: "Queremos preguntarte a cuál de nosotras vas a elegir como novia".
El niño quedó perplejo. Por entonces pensaba pedirle ayuda a Chelo para la prueba de Matemática. Algo cruzó por su cabeza, tal vez la estampa mitológica espiada en la biblioteca de su padre: las tres ilimitadas diosas de Rubens que desafían en los Uffizi. De pronto vislumbró un claro entre la más alta y la más chica. Huyó para el lado de los varones.
Hace unos cuantos siglos Paris eligió. Así le fue a Troya.
El niño se confió a la mamá y esta me lo contó, asombrada por la audacia de las chicas de ahora.
Siempre fue así con las mujeres, le dije.
(c) LA GACETA
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