02 Junio 2002 Seguir en 

En la historia del arte y la cultura de los argentinos, uno de los períodos más interesantes y menos difundidos, hasta hace no mucho tiempo, es aquel que comienza allá por los años 70 del siglo XIX y se prolonga hasta la primera o segunda década del XX. Es el momento inicial y más importante de ese período el que sirve de tema ahora a Laura Malosetti Costa, en el libro que presentamos, con una seriedad y dedicación excepcionales, que la llevan a seguir, paso a paso y punto por punto, todo el proceso de conformación de los nuevos criterios de creación en las artes plásticas y, paralelamente, en las actividades literarias, cumplido en el país y, en particular, en la Capital Federal en el lapso aludido. Con más exactitud, la etapa que concluye en los últimos años del siglo.
El enfoque para esa ardua tarea, que habrá de concluir entregándonos, en detalle, la síntesis precisa de la labor y los logros de los artistas plásticos más destacados en aquellos años y, complementariamente, el esfuerzo de los intelectuales promotores de cultura, se destaca por el universalismo que lo caracteriza o define.
La sociología, la historia, las investigaciones estéticas, las técnicas de la creación en el arte se superponen y desarrollan por igual en estas páginas, tratadas todas con similar interés y con un muy singular empeño puesto en juego, a lo que puede verse, en el manejo bibliográfico y en la búsqueda y la consulta de todos los recursos, datos y mensajes imaginables a fin de lograr una visión clara y total de los temas correspondientes, tanto al enunciado histórico programado y cumplido, como al análisis de aquellos factores propios de la época que, como tales, la muestran en su fisonomía típica.
Aunque se advierte que los estudios y análisis efectuados vienen aún de más lejos (tal vez desde los primeros empeños estatales por incrementar la cultura mediante la adjudicación de becas para completar estudios en Europa, en especial en Francia, que la autora no olvida). Podría decirse, en tal sentido, que todo comienza con la fundación de la Sociedad Estímulo de las Bellas Artes en 1876, entidad esta que representó, por años, todo cuanto se hacía de positivo en las actividades plásticas culturales de Buenos Aires. Es interesante transcribir el acta de fundación, en sus aspectos principales. Decía, según lo consigna L.M.C. en el capítulo correspondiente:
Artículo 1º.- Queda constituida una sociedad que tendrá asiento en Buenos Aires y se denominará Sociedad Estímulo de las Bellas Artes.Artículo 2º.- Su objeto único inalterable es propender al desarrollo y adelanto entre nosotros, del Dibujo, Pintura, Escultura, Arquitectura y demás artes que de estas dimanan, etc. y a apoyar con todos los medios a su alcance todo acto que tienda al progreso de las bellas artes.
El texto completo del acta de fundación presenta matices notables. Uno de ellos muestra cuán importante debió entenderse a la institución creada si para ser socio activo se requería pagar cien pesos moneda nacional de entrada y veinticinco pesos mensuales de la misma moneda, que por aquella época era realmente fuerte, para conservar el carácter de asociado, claro que los beneficios a recibir no eran para menos. Son notables, asimismo, aquellas disposiciones internas referidas a las vinculaciones con otros medios de la actividad intelectual y, desde luego, todas aquellas que llevaron, en un lapso breve desde la fundación de la SEBA, como se la denominaba, a la creación de la Academia Nacional de Bellas Artes.
Pero, de acuerdo con lo manifestado por la autora concretamente, la historia propia de este libro -que "pertenece a un tiempo en que las bellas artes fueron discutidas en relación con la política y la economía en términos que hoy resultan sorprendentes. Hubo quienes sostuvieron su importancia estratégica para el destino de la nación y creyeron que su cultivo y frecuentación transformaría decisiva y positivamente el destino del país."- es, dice, el producto de largos años de trabajo y reflexión sobre la pintura del siglo XIX y trata, primordialmente, sobre las obras y la herencia cultural y artística de maestros de la llamada generación del 80 y próximas, entre los cuales deben citarse por estar más estudiados (sus vidas y sus obras): Juan Manuel Blanes, Eduardo Schiaffino, Eduardo Sívori, Angel Della Valle, Federico Leopoldo Schubauer, Andrés Collin, Ernesto de la Cárcova. A. Ballerini, Reinaldo Guidice, y en particular los autores de obras recordadas hasta el presente como las más logradas del período. Citamos algunas: "La Cautiva", de Blanes, "La Vuelta del Malón", de Della Valle, "La toilette", de Schiaffino, "El rapto de Trinidad Salcedo", de Schubauer, "Pauvres gens", de Collin, "Sin pan y sin trabajo", de De la Cárcova, "Un episodio de la fiebre amarilla", de Blanes, "El despertar de la criada", de Sívori, y muchas, muchas otras, que no mencionamos por razones de espacio.
Paralelamente con ese cuidadoso consignar de artistas y obras de arte en este ensayo histórico de primer nivel ilustrativo, logrando una visión documentada y densa, Malosetti Costa dedica jugosas páginas a los representantes de las actividades literarias modernistas de la época, en especial a Rubén Darío, el poeta nicaragüense que residía por aquel tiempo en el país y que con las narraciones de "Azul", su libro clave, se convirtió en el eje del modernismo, en todas sus manifestaciones.
Quedan muchas cosas por decir. El libro es un volumen grande, de 450 páginas de letra apretada y en cuerpo mínimo, pero que se deja leer con interés por su contenido temático y la amenidad de la prosa.
(c) LA GACETA
El enfoque para esa ardua tarea, que habrá de concluir entregándonos, en detalle, la síntesis precisa de la labor y los logros de los artistas plásticos más destacados en aquellos años y, complementariamente, el esfuerzo de los intelectuales promotores de cultura, se destaca por el universalismo que lo caracteriza o define.
La sociología, la historia, las investigaciones estéticas, las técnicas de la creación en el arte se superponen y desarrollan por igual en estas páginas, tratadas todas con similar interés y con un muy singular empeño puesto en juego, a lo que puede verse, en el manejo bibliográfico y en la búsqueda y la consulta de todos los recursos, datos y mensajes imaginables a fin de lograr una visión clara y total de los temas correspondientes, tanto al enunciado histórico programado y cumplido, como al análisis de aquellos factores propios de la época que, como tales, la muestran en su fisonomía típica.
Aunque se advierte que los estudios y análisis efectuados vienen aún de más lejos (tal vez desde los primeros empeños estatales por incrementar la cultura mediante la adjudicación de becas para completar estudios en Europa, en especial en Francia, que la autora no olvida). Podría decirse, en tal sentido, que todo comienza con la fundación de la Sociedad Estímulo de las Bellas Artes en 1876, entidad esta que representó, por años, todo cuanto se hacía de positivo en las actividades plásticas culturales de Buenos Aires. Es interesante transcribir el acta de fundación, en sus aspectos principales. Decía, según lo consigna L.M.C. en el capítulo correspondiente:
Artículo 1º.- Queda constituida una sociedad que tendrá asiento en Buenos Aires y se denominará Sociedad Estímulo de las Bellas Artes.Artículo 2º.- Su objeto único inalterable es propender al desarrollo y adelanto entre nosotros, del Dibujo, Pintura, Escultura, Arquitectura y demás artes que de estas dimanan, etc. y a apoyar con todos los medios a su alcance todo acto que tienda al progreso de las bellas artes.
El texto completo del acta de fundación presenta matices notables. Uno de ellos muestra cuán importante debió entenderse a la institución creada si para ser socio activo se requería pagar cien pesos moneda nacional de entrada y veinticinco pesos mensuales de la misma moneda, que por aquella época era realmente fuerte, para conservar el carácter de asociado, claro que los beneficios a recibir no eran para menos. Son notables, asimismo, aquellas disposiciones internas referidas a las vinculaciones con otros medios de la actividad intelectual y, desde luego, todas aquellas que llevaron, en un lapso breve desde la fundación de la SEBA, como se la denominaba, a la creación de la Academia Nacional de Bellas Artes.
Pero, de acuerdo con lo manifestado por la autora concretamente, la historia propia de este libro -que "pertenece a un tiempo en que las bellas artes fueron discutidas en relación con la política y la economía en términos que hoy resultan sorprendentes. Hubo quienes sostuvieron su importancia estratégica para el destino de la nación y creyeron que su cultivo y frecuentación transformaría decisiva y positivamente el destino del país."- es, dice, el producto de largos años de trabajo y reflexión sobre la pintura del siglo XIX y trata, primordialmente, sobre las obras y la herencia cultural y artística de maestros de la llamada generación del 80 y próximas, entre los cuales deben citarse por estar más estudiados (sus vidas y sus obras): Juan Manuel Blanes, Eduardo Schiaffino, Eduardo Sívori, Angel Della Valle, Federico Leopoldo Schubauer, Andrés Collin, Ernesto de la Cárcova. A. Ballerini, Reinaldo Guidice, y en particular los autores de obras recordadas hasta el presente como las más logradas del período. Citamos algunas: "La Cautiva", de Blanes, "La Vuelta del Malón", de Della Valle, "La toilette", de Schiaffino, "El rapto de Trinidad Salcedo", de Schubauer, "Pauvres gens", de Collin, "Sin pan y sin trabajo", de De la Cárcova, "Un episodio de la fiebre amarilla", de Blanes, "El despertar de la criada", de Sívori, y muchas, muchas otras, que no mencionamos por razones de espacio.
Paralelamente con ese cuidadoso consignar de artistas y obras de arte en este ensayo histórico de primer nivel ilustrativo, logrando una visión documentada y densa, Malosetti Costa dedica jugosas páginas a los representantes de las actividades literarias modernistas de la época, en especial a Rubén Darío, el poeta nicaragüense que residía por aquel tiempo en el país y que con las narraciones de "Azul", su libro clave, se convirtió en el eje del modernismo, en todas sus manifestaciones.
Quedan muchas cosas por decir. El libro es un volumen grande, de 450 páginas de letra apretada y en cuerpo mínimo, pero que se deja leer con interés por su contenido temático y la amenidad de la prosa.
(c) LA GACETA
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