26 Mayo 2002 Seguir en 

El autor centra su obra en la indagación de la personalidad psicológica de Mussolini, pero este ha estado tan estrechamente ligado a su creación, el fascismo, que los hechos ocuparon cada vez mayor espacio convirtiéndola en la historia de Italia fascista (1920-1945). Este cruzamiento de la semblanza biográfica y los hechos históricos refuerza la ambivalencia que Thomas Mann considera esencial en la biografía: "una mezcla de respeto y desprecio, aunque este sea secreto y pasajero".
El nombre Benito le fue puesto por su padre, anarquista extravagante, en honor al revolucionario mejicano Benito Juárez. Fue un joven violento, que emigró a Suiza, evitando el servicio militar para no combatir por una causa odiosa. Nunca tuvo amigos varones y rechazaba mezclarse con la gente, aunque fuera fotografiado propagandísticamente con el pecho desnudo, realizando tareas agrícolas, lo que explica su reemplazo del apretón de manos por "el más higiénico" saludo romano.Amante de Ida Dalser, en 1915 la abandonó con el hijo de ambos.
Margherita Sarfatti, su amante hasta 1930, reemplazada por Clara Pettacci, acabó finalmente siendo víctima de sus leyes antijudías. Otra mujer, Leda Rafanelli, recuerda, en sus memorias, que aparecía en las tribunas mal vestido para luego ponerse un saco con solapas de seda y solía cambiar de opinión, en una conversación, para concordar con su interlocutor. Parecía estar siempre en un escenario, lo que le hizo decir a Pirandello que "era esencialmente un actor que pretendía ser lo que los italianos desearían que fuera".
Cuando Badoglio lo tomó prisionero, en setiembre de 1943, antes de su liberación por un comando de Hitler, hubo un complot de oficiales de la fuerza aérea para capturarlo y volar a la Argentina y en abril de 1945, cuando los aliados estaban por entrar en Bolonia, se sugirió la misma vía de escape.
El fascismo fue una técnica para alcanzar el poder, lo que le permitió abarcar a socialistas y reaccionarios. Dino Grandi, participante de la reunión del Gran Consejo Fascista de 1941, que desplazó a Mussolini del poder, dijo que había algo de fascismo para cada uno. Dos años después, Mussolini mandó ejecutar a cinco de los que votaron contra él, incluyendo a su yerno Ciano.
Los veinte años de despotismo de Mussolini dejaron a Italia destruida por la derrota militar y la guerra civil. Parte de su fracaso se debe, según el autor, a la insensatez de su violencia. La brutalidad de la guerra la hizo tolerable, para conseguir paradójicamente el retorno a la normalidad, pero esa violencia ocasional era muy distinta de la intimación permanente y del terror de crímenes salvajes, como el de Matteoti.
El fascismo decía reivindicar las instituciones romanas olvidando que la "humanitas", como sentimiento de respeto y benevolencia, fue la más original de ellas. Su frío belicismo carente de contenido racional se expresaba con idiotismos como "el mundo es de los fuertes" y "ser pacifista es una locura". Para Mussolini el Estado necesitaba la violencia para obligar al acuerdo a antagonistas sociales como los industriales, que deben abonar a los sindicatos, sus presuntos enemigos, las cuotas de sus adherentes.
A pesar de su belicismo, Mussolini propuso en Munich, en 1938, un acuerdo aceptado por los alemanes, Daladier y Chamberlain, en cuyo paraguas vio el símbolo de la decadencia burguesa: "la gente que porta un paraguas, pontificó, nunca podrá fundar un imperio". La propuesta fue redactada, en realidad, por los alemanes y el acuerdo no evitó la guerra que deseaban.
Mussolini creía que Francia y Gran Bretaña abandonarían sus regímenes liberales cuando vieran que el sistema parlamentario no funcionaba. Pero esos países le ganaron la guerra al totalitarismo, sin abandonar los derechos civiles proclamados por la Revolución Francesa.
Las relaciones con los alemanes fueron tensas ya que los italianos ponían en duda su dogma de superioridad racial, que daba la primacía a los del Norte, rubios y de ojos azules, y la idea nazi de esterilizar a los incapacitados era inaceptable para una sociedad católica. Finalmente, estaba la ambición nazi de anexar a Austria que Mussolini había prometido defender de la "barbarie prusiana".
La versión cinematográfica del fin de Mussolini no es totalmente auténtica, ya que la Pettacci, que quiso morir con él, poco antes lo había traicionado, suministrando a los alemanes informaciones secretas y hasta copias de sus cartas privadas. Mussolini lo supo pero la perdonó, en una actitud evangélica insospechable.
(c) LA GACETA
El nombre Benito le fue puesto por su padre, anarquista extravagante, en honor al revolucionario mejicano Benito Juárez. Fue un joven violento, que emigró a Suiza, evitando el servicio militar para no combatir por una causa odiosa. Nunca tuvo amigos varones y rechazaba mezclarse con la gente, aunque fuera fotografiado propagandísticamente con el pecho desnudo, realizando tareas agrícolas, lo que explica su reemplazo del apretón de manos por "el más higiénico" saludo romano.Amante de Ida Dalser, en 1915 la abandonó con el hijo de ambos.
Margherita Sarfatti, su amante hasta 1930, reemplazada por Clara Pettacci, acabó finalmente siendo víctima de sus leyes antijudías. Otra mujer, Leda Rafanelli, recuerda, en sus memorias, que aparecía en las tribunas mal vestido para luego ponerse un saco con solapas de seda y solía cambiar de opinión, en una conversación, para concordar con su interlocutor. Parecía estar siempre en un escenario, lo que le hizo decir a Pirandello que "era esencialmente un actor que pretendía ser lo que los italianos desearían que fuera".
Cuando Badoglio lo tomó prisionero, en setiembre de 1943, antes de su liberación por un comando de Hitler, hubo un complot de oficiales de la fuerza aérea para capturarlo y volar a la Argentina y en abril de 1945, cuando los aliados estaban por entrar en Bolonia, se sugirió la misma vía de escape.
El fascismo fue una técnica para alcanzar el poder, lo que le permitió abarcar a socialistas y reaccionarios. Dino Grandi, participante de la reunión del Gran Consejo Fascista de 1941, que desplazó a Mussolini del poder, dijo que había algo de fascismo para cada uno. Dos años después, Mussolini mandó ejecutar a cinco de los que votaron contra él, incluyendo a su yerno Ciano.
Los veinte años de despotismo de Mussolini dejaron a Italia destruida por la derrota militar y la guerra civil. Parte de su fracaso se debe, según el autor, a la insensatez de su violencia. La brutalidad de la guerra la hizo tolerable, para conseguir paradójicamente el retorno a la normalidad, pero esa violencia ocasional era muy distinta de la intimación permanente y del terror de crímenes salvajes, como el de Matteoti.
El fascismo decía reivindicar las instituciones romanas olvidando que la "humanitas", como sentimiento de respeto y benevolencia, fue la más original de ellas. Su frío belicismo carente de contenido racional se expresaba con idiotismos como "el mundo es de los fuertes" y "ser pacifista es una locura". Para Mussolini el Estado necesitaba la violencia para obligar al acuerdo a antagonistas sociales como los industriales, que deben abonar a los sindicatos, sus presuntos enemigos, las cuotas de sus adherentes.
A pesar de su belicismo, Mussolini propuso en Munich, en 1938, un acuerdo aceptado por los alemanes, Daladier y Chamberlain, en cuyo paraguas vio el símbolo de la decadencia burguesa: "la gente que porta un paraguas, pontificó, nunca podrá fundar un imperio". La propuesta fue redactada, en realidad, por los alemanes y el acuerdo no evitó la guerra que deseaban.
Mussolini creía que Francia y Gran Bretaña abandonarían sus regímenes liberales cuando vieran que el sistema parlamentario no funcionaba. Pero esos países le ganaron la guerra al totalitarismo, sin abandonar los derechos civiles proclamados por la Revolución Francesa.
Las relaciones con los alemanes fueron tensas ya que los italianos ponían en duda su dogma de superioridad racial, que daba la primacía a los del Norte, rubios y de ojos azules, y la idea nazi de esterilizar a los incapacitados era inaceptable para una sociedad católica. Finalmente, estaba la ambición nazi de anexar a Austria que Mussolini había prometido defender de la "barbarie prusiana".
La versión cinematográfica del fin de Mussolini no es totalmente auténtica, ya que la Pettacci, que quiso morir con él, poco antes lo había traicionado, suministrando a los alemanes informaciones secretas y hasta copias de sus cartas privadas. Mussolini lo supo pero la perdonó, en una actitud evangélica insospechable.
(c) LA GACETA
Lo más popular







