De la protesta a la propuesta

Los argentinos -y los tucumanos no son la excepción- están sumidos en un clima de incertidumbre y desesperanza, motivados por el desempleo creciente, la violencia desencauzada, el "corralito financiero" y la falta de respuesta de las instituciones y los dirigentes políticos.

05 Mayo 2002
"Sólo del horror nace lo que nos salva". La psicoanalista Graciela Nieto grafica con esa cita del poeta Holderlin su visión de este tembladeral sobre el que estamos parados los argentinos. Por su consultorio, como por muchos otros ( se estima que las consultas han aumentado en un 30% en los últimos tiempos) pasa gente que siente incertidumbre ante la posibilidad de perder trabajo, bronca porque se siente saqueada por la dirigencia política, desesperanza porque no sabe cómo llegar a fin de mes, tristeza y angustia porque sus hijos quieren irse del país.
Sin embargo, la directora de la revista "Analítica" piensa que una crisis es una oportunidad. "Lo que nos está pasando no es una crisis económica. La crisis económica es consecuencia de una crisis jurídica, política y cultural que lleva décadas. Los argentinos nos caracterizamos por tener mala memoria. Nos olvidamos de la violencia de otros tiempos, de Malvinas. No hacemos aprendizajes ante cada situación. Y preferimos siempre echarle la culpa de lo que pasa "al otro". Aunque es cierto que no todos tenemos la misma responsabilidad en lo que nos pasa. Debemos aprender de los que nos conmueve. Y entender que la crisis no es una fatalidad final".
Nieto reconoce que la salud psicosocial de los argentinos está hecha trizas. Pero opina que la tragedia viene de lejos. "Esta crisis ha hecho desencadenar las crisis subjetivas. Es que cuando las cosas funcionan en apariencia, eso hace que la gente siga su vida. Cuando las cosas se paran, ello genera que uno inevitablemente tenga que verse con sus conflictos, que antes venían tapándose con el dinero, con las 4 x 4. Pura imagen. En ese sentido, creo que la crisis es muy importante,porque se rompió el espejo, y no somos ni tan lindos, ni tan centro del mundo", enfatiza Graciela.
Desde que con un grupo de colegas editaron la revista cultural y piscoanalítica "Analítica", Graciela Nieto se ha convertido en una cruzada del "aquí podemos hacerlo".
"Hay personas que por la desesperanza del afuera van y se prenden fuego, y hay personas que se reactivan y empiezan a generar cosas", grafica.

¿Qué hace que algunas personas reaccionen con creatividad, y que otras se depriman?
- Ahí entra la subjetividad, la historia de cada uno, los recursos con que ha contado en su vida, la capacidad para entrar en contacto con la realidad y ubicarse e ella, y a partir de ahí disponer de los elementos que tiene.
Opina que los cacerolazos, las marchas, son parte de ese despertar. "Fijate, cuánto nos identifica esa consigna del "Yo, argentino", como una reivindicación del "no te metás". La gente ha empezado a entender que tiene la responsabilidad de protestar por sus derechos. Lo terrible es que hemos empezado a sancionar cuando nos metieron la mano en el bolsillo. Pero eso le pasa a la clase media porque otros sectores son pobres desde hace años. Y no se los escucha".
Aunque reivindica esas formas incipientes de participación ciudadana, reconoce que con eso no basta. "Hay que trabajar desde el lugar de cada uno para acercarles contenido a esos movimientos. Por ejemplo, desde lo legislativo, desde lo jurídico. Si cada uno de nosotros trabajara en lo suyo en esa dirección, el caos desaparece", asegura.Nieto insiste en el concepto oriental de que de la crisis surge algo nuevo.

¿Aun cuando la realidad parezca no darnos tregua?
- Mientras haya vida hay recursos. La película "La vida es bella" (en un campo de concentración, un padre le miente a un hijo que están viviendo un juego) es el mejor ejemplo. Ese filme muestra que la persona, aun en el máximo de indefensión puede hallar recursos para seguir viviendo. El sujeto de la crisis puede hacer surgir una nueva persona, en cuanto pueda saber más de sí mismo, de sus alternativas, de sus posibles elecciones, que siempre son muchas más de las que aparecen a simple vista.

Los chicos reaccionan con violencia ante la crisis
Los consultorios de atención sicológica de los hospitales públicos tucumanos están abarrotados. Según estimaciones de especialistas, las consultas aumentaron en un 30%, porcentaje coincidente con el de los establecimientos porteños de salud mental.En el Hospital Obarrio, por ejemplo, el psiquiatra Oscar Fiorito, que dirige los espacios contra el estrés y el pánico tuvo que habilitar otro taller, porque el que estaba en funcionamiento no daba abasto.
En el Servicio Infantil de ese hospital neurosiquiátrico pasa lo mismo. La psicóloga Susana Stati (vicepresidenta del Colegio de Psicólogos y jefa del Servicio Infantil del Obarrio) señala que ese ámbito es una caja de resonancia de la sensación de angustia generalizada que experimentan los tucumanos.
"La estructuración de la subjetividad -opina- arranca en los primeros años de vida. Y hoy el chico está en un ambiente cuya familia se desestructura, porque los familiares se van, emigran, dejan el entorno social, sufren la falta de plata, y la violencia. A ello hay que agregarle la desvalorización de la ley, los valores éticos y la palabra".
Susana entiende ese miedo. "Hay miedo de no saber adónde estoy parado. Es el miedo de la anulación social. Si vos querés matar a una persona, no la dejés trabajar. No tener trabajo es la muerte psicológica. Porque desde niños nos preparamos para trabajar. Cuando jugamos en el el rol de la maestra, del doctor, de la enfermera, del bombero..."
Susana piensa que se necesitan dos herramientas para remontar este momento dramático de la Argentina: fortalecer los lazos sociales y crecer culturalmente. "De otro modo -enfatiza- vamos a salir, pero sin modificar nada, como hemos salido otras veces en la Argentina.
En el consultorio externo del Servicio de Salud Mental infantil del Obarrio se observa que circula mucha bronca. "Los chicos están muy violentos, no se aguantan ni entre ellos. La semana pasada, una chiquita de 5 años, insultó, lisa y llanamente, a la maestra", sostiene Stati. Y añade: "trabajamos con los padres, y les damos charlas a las maestras, que están empezando a reconocer que ellas también tienen su cuota de responsabilidad, cuando antes decían: la culpa es de la casa".
La profesional señala que en este momento hay grupos especialmente vulnerables, como el de los bancarios, a los que la sociedad ha convertido en chivos emisarios por el "corralito" financiero.
"En Buenos Aires -afirma- la Asociación Bancaria está pidiendo servicios de atención psicológica al colegio de Psicólogos de Buenos Aires, porque el empleado bancario está poniendo la cara, y está en una situación de estrés".
"A la falsa confrontación entre los bancarios y parte de la comunidad hay que trabajarla grupalmente. así como se trabajó el tema de Aerolíneas Argentinas. Ellos también dejaron a los usarios sin servicios. Pero salieron a la calle y pusieron en palabras la situación que estaban atravesando", añade Susana.
Para ella, los cacerolazos son ruidos que deben ser transformados en palabra. Y opina:"Cuando la sociedad transforme ese ruido en palabra, recién vamos a ver indicios de alguna luz para salir. El cacerolazo es la expresión de la bronca. O protesto o me enloquezco. Pero las que hablan son las cacerolas. Y las que tienen que hablar son las personas, porque son ellas que componen el tejido social. Hay que dar otra vuelta de tuerca. Es la bronca hecha protesta, que se tiene que transformar en palabra".
"Vamos a salir con creatividad y con una solidaridad con base ética -concluye. Porque ahora se está viendo mucho asistencialismo. Y nada en la vida que sea gratis sirve para salir. Si a la gente le dieran un bolsón a cambio de barrer una cuadra. ¿Te imaginás que limpia que estaría la ciudad?"

Participar es más que pegarle a una cacerola
Mariel Sosa Paz es una avanzada en participación ciudadana. Cuando nadie salía blandiendo cacerolas por las calles, porque el corralito todavía no existía, esta arquitecta de 45 años residente en Yerba Buena comenzó a movilizarse con otros "yerbabuenenses¯ en desacuerdo con la construcción de un complejo turístico y comercial en La Olla, en el pedemonte tucumano.
El testimonio de Mariel es el de una persona que empezó a participar en la cosa pública "llevada por las circunstancias". Pero Mariel y otros 20 vecinos de Yerba Buena no eligieron la cacerola ni el escrache. Fueron a la Justicia, y presentaron un recurso de amparo, que está en la Fiscalía de la VI Nominación, a cargo del fiscal Esteban Jerez. Estas son algunas de sus reflexiones sobre su acción participativa.
"Yo misma me sorprendo de mi acción. Y me pregunto también que es lo que llevó a Roberto Sehringer (impulsó el recurso judicial) a romper su tranquilidad, e involucrarse en esto", enfatiza Mariel.
La arquitecta Sosa Paz ofrece una visión realista de la participación comprometida y responsable, aquella que se anima a accionar más allá de la catarsis verbal o "cacerolística".
*Hay miedo a participar. Primero, porque los canales no están, no hay costumbre de participación, y no se encuentran respuestas de parte de la Justicia ante la necesidad de defender un punto de vista.
* La gente siente miedo de las represalias. Por eso se niega a participar. Y yo lo he sentido en lo personal. Me he sentido terriblemente presionada, y sin respaldo.
* Salí a apoyar al fiscal Jerez (lo hizo por Internet, que ya se ha convertido en una nueva "plaza pública") porque era mi única esperanza de que nuestra demanda prospere.
* Los políticos no están acostumbrados a que un ciudadano común se les pare enfrente.
* Los que hemos pasado la valla del miedo en este caso somos menos de veinte personas.
* El amparo significa asumir la protesta con responsabilidad y vulnerabilidad, ante una presión increíble del "no te metás.
* Las movilizaciones sirven para algunas cosas, pero es más fructífero encontrar cauces institucionales. Por ejemplo, el Grupo Alberdi, que con prudencia y valor sostiene sus convicciones.

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