11 Febrero 2007 Seguir en 
Considera que el actual modelo económico tiene la virtud innegable de mantener altos los superávit fiscal y comercial. Afirma que la política monetaria que aplica el Banco Central de la República Argentina (BCRA) fue correcta y acompañó el proceso de salida de la crisis y de recomposición de la economía. Pero afirma que es hora de que se realicen algunos retoques y cambios al modelo para garantizar la sustentabilidad del crecimiento económico. "Tras la salida de la Convertibilidad, el Banco Central comenzó a aplicar una política que busca obtener múltiples objetivos utilizando pocos instrumentos. Dos de ellos son acumular reservas (que es importante para amortiguar cualquier shock externo) y evitar una caída en el tipo de cambio real. Un tercer objetivo que surgió fue estimular la demanda a través de lo que se llama tasas de interés reales negativas -que se dan cuando la tasa de interés que se paga por un plazo fijo, por ejemplo, es inferior a la inflación y, por ende, es más conveniente gastar ese dinero que ahorrarlo-, que estimulan el gasto. Un cuarto objetivo sería, como dice la carta orgánica del BCRA, velar por el control del poder adquisitivo del dinero. Esto significa cuidarse de la inflación, para lo cual el Central tiene metas explícitas de lo que es la evolución de los agregados monetarios", explica el economista tucumano Pablo Ayub.
- ¿Cómo implementó el BCRA este modelo?
- Desde la salida de la crisis hubo distintos agregados monetarios que se fueron controlando, dependiendo de lo que el BCRA consideraba importante. Cuando la economía sale de la crisis, comienza a funcionar con lo que se llama un exceso de oferta de divisas. Esto lleva a que el precio del dólar tienda a caer y lo que el Central hace es básicamente adquirir ese exceso de dólares: compra emitiendo pesos y esos billetes van a la economía. En una primera etapa, tras la salida de una crisis, hay demanda de liquidez y de dinero, pero a medida que transcurre el tiempo no se puede seguir emitiendo moneda porque se genera un exceso de pesos. Allí aparece otro problema, que es la pérdida de valor del peso y eso presiona sobre la inflación.
- Pero se salió de la crisis y esa política se mantiene. ¿Cómo se sustenta entonces este modelo?
- El Central, ahora, sale con instrumentos financieros a rescatar esos pesos. Por un lado, dentro de los factores de creación y de contracción de la base monetaria, tiene el instrumento de los redescuentos bancarios. Otros instrumentos importantes son la colocación de títulos -Lebac y Nobac, básicamente- y las operaciones de pase. Pero, para ello, se debe estimular con una tasa de interés implícita, lo que provoca que con el paso del tiempo se tenga menos libertad para hacer política monetaria. Esto porque, para convencer a los inversionistas de que tomen Lebac, se deberá pagar más tasas de interés y esto restringe otro objetivo del BCRA, que es el de mantener las tasas de interés bajas. Cada vez se hace más difícil seguir emitiendo para comprar divisas, porque hay menos demanda de pesos y comienzan a aparecer cuellos de botella. Sin embargo, el modelo funciona bastante bien.
- ¿Por qué entonces es muy criticado desde algunos sectores y lo tildan como el culpable de la inflación, por ejemplo?
- Como todo modelo, este tiene virtudes y defectos. El actual tiene dos virtudes muy importantes, que en otro momento no estuvieron y provocaron crisis, que son el mantenimiento de los superávit gemelos: la economía funciona gracias a ellos. En el resto de la política económica, lo que hizo el Gobierno fue impulsar, con todos los instrumentos a su disposición, la demanda agregada. Eso tarde o temprano provoca algunos cuellos de botella, porque crece la demanda más que la oferta. Y la economía se ajusta vía precios, porque no da abasto para satisfacer todo lo que se demanda.
-¿Hay manera de corregir este modelo sin poner en riesgo los superávit gemelos?
- Si. Hay que ser conscientes de que es difícil seguir creciendo al 9%. El modelo funcionó muy bien para salir de la crisis y para acompañar el modelo de recomposición, pero es hora de hacerle ciertos ajustes. Sería importante ajustar un poco el gasto. Es difícil dado el esquema institucional en el que vivimos, porque hay un Gobierno nacional que recauda y que coparticipa y las provincias es como que no tienen mucho incentivo de contención de gasto bajo este esquema. Un buen paso sería seguir discutiendo el tema de la coparticipación, más allá de las grandes dificultades que este debate plantea. Otra cosa importante sería que el Central tenga una política un poco más contrarrestadora de los fenómenos expansivos. Estimular el crédito de largo plazo es otra variable importante, que está aún medio dormida, y que puede llegar a neutralizar la oferta a partir de la inversión productiva. Esto se consigue ofreciendo más confianza a los inversores y para eso es fundamental que el Gobierno dé más señales de previsibilidad y de que va a cumplir con sus compromisos futuros.
- ¿Cómo implementó el BCRA este modelo?
- Desde la salida de la crisis hubo distintos agregados monetarios que se fueron controlando, dependiendo de lo que el BCRA consideraba importante. Cuando la economía sale de la crisis, comienza a funcionar con lo que se llama un exceso de oferta de divisas. Esto lleva a que el precio del dólar tienda a caer y lo que el Central hace es básicamente adquirir ese exceso de dólares: compra emitiendo pesos y esos billetes van a la economía. En una primera etapa, tras la salida de una crisis, hay demanda de liquidez y de dinero, pero a medida que transcurre el tiempo no se puede seguir emitiendo moneda porque se genera un exceso de pesos. Allí aparece otro problema, que es la pérdida de valor del peso y eso presiona sobre la inflación.
- Pero se salió de la crisis y esa política se mantiene. ¿Cómo se sustenta entonces este modelo?
- El Central, ahora, sale con instrumentos financieros a rescatar esos pesos. Por un lado, dentro de los factores de creación y de contracción de la base monetaria, tiene el instrumento de los redescuentos bancarios. Otros instrumentos importantes son la colocación de títulos -Lebac y Nobac, básicamente- y las operaciones de pase. Pero, para ello, se debe estimular con una tasa de interés implícita, lo que provoca que con el paso del tiempo se tenga menos libertad para hacer política monetaria. Esto porque, para convencer a los inversionistas de que tomen Lebac, se deberá pagar más tasas de interés y esto restringe otro objetivo del BCRA, que es el de mantener las tasas de interés bajas. Cada vez se hace más difícil seguir emitiendo para comprar divisas, porque hay menos demanda de pesos y comienzan a aparecer cuellos de botella. Sin embargo, el modelo funciona bastante bien.
- ¿Por qué entonces es muy criticado desde algunos sectores y lo tildan como el culpable de la inflación, por ejemplo?
- Como todo modelo, este tiene virtudes y defectos. El actual tiene dos virtudes muy importantes, que en otro momento no estuvieron y provocaron crisis, que son el mantenimiento de los superávit gemelos: la economía funciona gracias a ellos. En el resto de la política económica, lo que hizo el Gobierno fue impulsar, con todos los instrumentos a su disposición, la demanda agregada. Eso tarde o temprano provoca algunos cuellos de botella, porque crece la demanda más que la oferta. Y la economía se ajusta vía precios, porque no da abasto para satisfacer todo lo que se demanda.
-¿Hay manera de corregir este modelo sin poner en riesgo los superávit gemelos?
- Si. Hay que ser conscientes de que es difícil seguir creciendo al 9%. El modelo funcionó muy bien para salir de la crisis y para acompañar el modelo de recomposición, pero es hora de hacerle ciertos ajustes. Sería importante ajustar un poco el gasto. Es difícil dado el esquema institucional en el que vivimos, porque hay un Gobierno nacional que recauda y que coparticipa y las provincias es como que no tienen mucho incentivo de contención de gasto bajo este esquema. Un buen paso sería seguir discutiendo el tema de la coparticipación, más allá de las grandes dificultades que este debate plantea. Otra cosa importante sería que el Central tenga una política un poco más contrarrestadora de los fenómenos expansivos. Estimular el crédito de largo plazo es otra variable importante, que está aún medio dormida, y que puede llegar a neutralizar la oferta a partir de la inversión productiva. Esto se consigue ofreciendo más confianza a los inversores y para eso es fundamental que el Gobierno dé más señales de previsibilidad y de que va a cumplir con sus compromisos futuros.
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