16 Noviembre 2006 Seguir en 
A la hora de más calor, cuando la marca en el termómetro llegaba a 37,5 grados, las frescas aguas del lago El Cadillal se cobraron dos vidas jóvenes.
El día era ideal para salir de paseo. El calor húmedo y el sol implacable eran una invitación para escapar del asfalto y pasar la tarde junto al agua, rodeada por cerros. Seguramente, eso pensaron César Guillermo Salina y su amiga Lorena Elizabeth Frías cuando se dirigieron a El Cadillal, en una moto, llevando los trajes de baño y sándwiches en un bolsito.
Fueron a la zona de balneario, pero más tarde decidieron buscar otro lugar, y se instalaron la "Costa de los pescadores", a 100 metros del murallón del dique y cerca del Embudo. El sitio no está habilitado para bañarse, pero tampoco tiene carteles que indiquen que es peligroso.
Eran las 16.30 cuando Salina vio a su amiga hundirse en el lago. El estaba junto a ella; habían estado jugando en el agua, a dos o tres metros de la orilla. El joven, de 27 años, se sumergió para rescatarla, pero no pudo. "Cuando pidió ayuda, ya era demasiado tarde. Se ve que se había acalambrado y no podía ni gritar. Todo pasó en segundos", contó Juan Carlos Asprón, uno de los pescadores que estaba cerca del lugar donde se ahogaron los dos jóvenes. "Con mi hijo Ezequiel nos metimos para tratar de ayudarlos, pero no pudimos sacarlos. Parece que ella tenía un pie atorado en una piedra", dijo. Ellos dieron aviso a la comisaría de El Cadillal, a cargo del comisario Segundo González.
Los cuerpos de Salina y de la joven, de 28 años, fueron recuperados por buzos de la Policía Lacustre, a 10 metros de la orilla, y a cinco metros de profundidad. Ella llevaba un biquini turquesa, y él estaba con bermudas. Ambos vivían en el barrio San José Obrero, de San Cayetano.
Sin carteles
Según informó el comisario Néstor Osores, jefe de la Policía Lacustre, en el lugar no se hace prevención directa porque está prohibido bañarse. "Es una zona agreste y montuosa. Mil veces se pusieron carteles para indicar que es peligroso meterse allí, pero la gente los saca", dijo Osores.
Según explicaron Asprón, Julio Pérez, Martín y Andrés Ortega, las aguas son traicioneras. "Hay pozos y correntadas. Cerca de la orilla, el terreno baja de golpe a cuatro metros, y hay un fondo de barro que, cuando se lo pisa, no permite salir", dijo Ortega. La Policía se comunicó con la familia de Salina a través de un celular que el muchacho había dejado en el bolso. "Era mi único hijo varón. Era empleado en un taller de automotores, por la noche. Yo no lo vi hoy porque salí temprano a mi trabajo", dijo Guillermina Espinoza, madre del joven. "A la chica no la conozco", señaló la mujer. Anoche, los cuerpos fueron llevados a la morgue para realizarles autopsias.
El día era ideal para salir de paseo. El calor húmedo y el sol implacable eran una invitación para escapar del asfalto y pasar la tarde junto al agua, rodeada por cerros. Seguramente, eso pensaron César Guillermo Salina y su amiga Lorena Elizabeth Frías cuando se dirigieron a El Cadillal, en una moto, llevando los trajes de baño y sándwiches en un bolsito.
Fueron a la zona de balneario, pero más tarde decidieron buscar otro lugar, y se instalaron la "Costa de los pescadores", a 100 metros del murallón del dique y cerca del Embudo. El sitio no está habilitado para bañarse, pero tampoco tiene carteles que indiquen que es peligroso.
Eran las 16.30 cuando Salina vio a su amiga hundirse en el lago. El estaba junto a ella; habían estado jugando en el agua, a dos o tres metros de la orilla. El joven, de 27 años, se sumergió para rescatarla, pero no pudo. "Cuando pidió ayuda, ya era demasiado tarde. Se ve que se había acalambrado y no podía ni gritar. Todo pasó en segundos", contó Juan Carlos Asprón, uno de los pescadores que estaba cerca del lugar donde se ahogaron los dos jóvenes. "Con mi hijo Ezequiel nos metimos para tratar de ayudarlos, pero no pudimos sacarlos. Parece que ella tenía un pie atorado en una piedra", dijo. Ellos dieron aviso a la comisaría de El Cadillal, a cargo del comisario Segundo González.
Los cuerpos de Salina y de la joven, de 28 años, fueron recuperados por buzos de la Policía Lacustre, a 10 metros de la orilla, y a cinco metros de profundidad. Ella llevaba un biquini turquesa, y él estaba con bermudas. Ambos vivían en el barrio San José Obrero, de San Cayetano.
Sin carteles
Según informó el comisario Néstor Osores, jefe de la Policía Lacustre, en el lugar no se hace prevención directa porque está prohibido bañarse. "Es una zona agreste y montuosa. Mil veces se pusieron carteles para indicar que es peligroso meterse allí, pero la gente los saca", dijo Osores.
Según explicaron Asprón, Julio Pérez, Martín y Andrés Ortega, las aguas son traicioneras. "Hay pozos y correntadas. Cerca de la orilla, el terreno baja de golpe a cuatro metros, y hay un fondo de barro que, cuando se lo pisa, no permite salir", dijo Ortega. La Policía se comunicó con la familia de Salina a través de un celular que el muchacho había dejado en el bolso. "Era mi único hijo varón. Era empleado en un taller de automotores, por la noche. Yo no lo vi hoy porque salí temprano a mi trabajo", dijo Guillermina Espinoza, madre del joven. "A la chica no la conozco", señaló la mujer. Anoche, los cuerpos fueron llevados a la morgue para realizarles autopsias.







