Un premio, más que un castigo

Punto de vista. Por Alberto Lebbos - Padre de Paulina.

26 Octubre 2006
Cuando terminé de escuchar el fallo me invadió un enorme dolor. Comprobar que el sistema está hecho para proteger a los delincuentes duele. Antes de la sentencia, pensé: ‘bueno, por lo menos él ya llegó al juicio, cuando nosotros aún no sabemos quién mató a mi hija’. El fallo del caso de Axel es lamentable. La mayoría de los acusados en poco tiempo estará en la calle, y seguramente volverán a secuestrar y a matar a inocentes. Y a los policías los absolvieron, cuando están comprobadas las maniobras de encubrimiento. Me rompió el alma el llanto del ingeniero, porque yo me veo reflejado. Todo esto no hace más que certificar que los ciudadanos estamos a merced de la delincuencia. El que mata debe ir a la cárcel y no salir más, al igual que los que encubren. También pensé que la búsqueda de justicia jamás se termina. El ingeniero apelará y seguirá buscando que se termine la impunidad, al igual que nosotros. Uno no se puede conformar nunca y fallos como este traen dolor, bronca y vergüenza ajena. El sistema está corrompido. Se están traicionando los principios de la democracia, ya que, sin seguridad, no puede haber democracia. Para quienes peleamos por la justicia, fallos como el del caso Blumberg terminan siendo para los acusados más un premio que un castigo.



Tamaño texto
Comentarios