26 Octubre 2006 Seguir en 
Juan Carlos Blumberg genera rechazos y adhesiones. La primera marcha que encabezó, a una semana del crimen de su hijo, movilizó 150.000 personas, conmovidas por la inseguridad. Pero sus ideas le quitaron adeptos, sobre todo cuando motorizó el proyecto para que se baje la edad de imputabilidad de los menores. A pesar de esto, el 31 de agosto dio otra muestra de fuerza, superó al aparato montado por el oficialismo para desacreditarlo y llenó la Plaza de Mayo. Se sabía que el fallo no iba a satisfacerlo. Pero los jueces se ajustaron a la ley. Si Blumberg viviera en Tucumán, el juicio aún no se habría hecho. Aquí, no se sabe quién mató a Paulina Lebbos; Lucas González se burla de la Policía, que lo busca por el crimen de Fernanda Chaila, y, aunque todo indica que las ex novicias están vinculadas con la desaparición de Betty, se desconoce dónde está la docente. Buscar justicia está bien. Pretender pasar por sobre todas las instituciones en pos de ello es cuestionable. Protagonista de uno de los casos de inseguridad más resonantes, Blumberg debe decidir ahora si comienza una carrera política y ayuda a cambiar desde adentro todo lo que él y millones de argentinos aún sufren.







