07 Mayo 2006 Seguir en 
Muchas veces se sostuvo que intentar hacer algo serio en lo deportivo desde el norte del país no es tarea sencilla. Las distancias, la falta de auspiciantes y las complicaciones que trae aparejado mantener proyectos propios hacen de cualquier iniciativa un cuesta arriba permanente. En Tucumán, al menos en los últimos años, fueron más los golpes que las alegrías. Y fueron los deportes colectivos los que más sufrieron esa situación. Pero, aunque los tucumanos no tengamos buenos antecedentes en los últimos tiempos, en el norte -felizmente- siempre hay espejos donde mirarse. Y sin lugar a dudas, las espectaculares campañas que consumaron Gimnasia y Esgrima de Jujuy -en el fútbol de Primera-, y el club Quimsa, de Santiago del Estero -ascendiendo a la máxima división en el basquetbol- dan en la tecla en aquello de que, pese a todo, desde el norte se pueden conseguir buenos resultados.
La historia reciente de ambos clubes habla de planes que se iniciaron hace muchos años y que los llevaron a la estabilidad institucional, algo que inevitablemente redundó en favor del éxito deportivo. Esta fórmula no es nueva, pero sigue dando frutos. Y es allí donde se asienta el presente de las instituciones mencionadas.
Los últimos fracasos tucumanos en deportes como el basquetbol, el voley e inclusive el fútbol nos ponen a una distancia considerable. Del mismo modo, es incuestionable la afirmación de que el presente imperante responde a múltiples factores. En cualquiera de los casos asoma, sin dudas, como factor determinante para la debacle la falta de diagramación institucional de largo plazo. También lo fue, en algunos casos, alguna mala elección de quienes debían ejecutar desde el banco de asistencia o en el campo de juego el diseño que se pergeñaba en una oficina. Y tampoco hay que olvidarse de que hubo ocasiones en que, con un proyecto en pleno curso, desaparecieron los apoyos económicos.
Independientemente de su destino en el actual Argentino A -por estas horas se prepara para la final del torneo Clausura, para la que ya se clasificó-, el derrotero que siguió San Martín en los últimos años marcó como ninguno los vaivenes del deporte tucumano colectivo. Desde que tuvo que volver a jugar el torneo de la Liga hasta su lenta pero progresiva recuperación deportiva e institucional muchas cosas pasaron en la entidad de La Ciudadela. Y en cualquiera de los casos, la historia se encargará de considerar este proceso como un paradigma de lo que no debe hacerse, primero, y de lo que debiera cambiar para una recuperación, después.
¿Es posible llevar a cabo en Tucumán experiencias como la de los jujeños y la de los santiagueños? Si consideramos que la nuestra es una plaza con fuerte actitud deportiva, debería ser una obligación tener equipos que luchen en las divisiones de elite de la Argentina. Pero la realidad manda y es incontrastable. Hoy estamos lejos de poder disfrutar de experiencias como las ya señaladas. Los proyectos existen, pero queda un largo camino de maduración. No obstante, es bueno que al menos haya esperanzas, porque eso denota que se trabaja pese a las dificultades.
En lo deportivo, la campaña de un equipo -sea positiva o negativa- siempre genera una reacción inmediata en su ambiente de influencia. Los casos originados en Jujuy y en Santiago del Estero deben servir como ejemplo a seguir por las entidades tucumanas en el corto y en el mediano plazo. Deben servir, en esencia, como dinamizadores para aspirar a más. Tucumán cuenta con el material humano, con las ideas y con la voluntad. Sólo está faltando ser coherentes y sumar un plus ala afirmación de que "lo importante no es llegar, sino mantenerse". Debe decirse además "y luego luchar por el éxito".
La historia reciente de ambos clubes habla de planes que se iniciaron hace muchos años y que los llevaron a la estabilidad institucional, algo que inevitablemente redundó en favor del éxito deportivo. Esta fórmula no es nueva, pero sigue dando frutos. Y es allí donde se asienta el presente de las instituciones mencionadas.
Los últimos fracasos tucumanos en deportes como el basquetbol, el voley e inclusive el fútbol nos ponen a una distancia considerable. Del mismo modo, es incuestionable la afirmación de que el presente imperante responde a múltiples factores. En cualquiera de los casos asoma, sin dudas, como factor determinante para la debacle la falta de diagramación institucional de largo plazo. También lo fue, en algunos casos, alguna mala elección de quienes debían ejecutar desde el banco de asistencia o en el campo de juego el diseño que se pergeñaba en una oficina. Y tampoco hay que olvidarse de que hubo ocasiones en que, con un proyecto en pleno curso, desaparecieron los apoyos económicos.
Independientemente de su destino en el actual Argentino A -por estas horas se prepara para la final del torneo Clausura, para la que ya se clasificó-, el derrotero que siguió San Martín en los últimos años marcó como ninguno los vaivenes del deporte tucumano colectivo. Desde que tuvo que volver a jugar el torneo de la Liga hasta su lenta pero progresiva recuperación deportiva e institucional muchas cosas pasaron en la entidad de La Ciudadela. Y en cualquiera de los casos, la historia se encargará de considerar este proceso como un paradigma de lo que no debe hacerse, primero, y de lo que debiera cambiar para una recuperación, después.
¿Es posible llevar a cabo en Tucumán experiencias como la de los jujeños y la de los santiagueños? Si consideramos que la nuestra es una plaza con fuerte actitud deportiva, debería ser una obligación tener equipos que luchen en las divisiones de elite de la Argentina. Pero la realidad manda y es incontrastable. Hoy estamos lejos de poder disfrutar de experiencias como las ya señaladas. Los proyectos existen, pero queda un largo camino de maduración. No obstante, es bueno que al menos haya esperanzas, porque eso denota que se trabaja pese a las dificultades.
En lo deportivo, la campaña de un equipo -sea positiva o negativa- siempre genera una reacción inmediata en su ambiente de influencia. Los casos originados en Jujuy y en Santiago del Estero deben servir como ejemplo a seguir por las entidades tucumanas en el corto y en el mediano plazo. Deben servir, en esencia, como dinamizadores para aspirar a más. Tucumán cuenta con el material humano, con las ideas y con la voluntad. Sólo está faltando ser coherentes y sumar un plus ala afirmación de que "lo importante no es llegar, sino mantenerse". Debe decirse además "y luego luchar por el éxito".
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