Esto sólo pasa aquí

Sobre la decadencia tucumana y el mañana. Por Carlos Werner

30 Abril 2006
Somos autoritarios, irrespetuosos o, por el contrario, los maestros del "verso". Sacamos ventajas aun de las peores situaciones. Nos gusta el ruido, el desorden, la suciedad. Transgredimos, apañamos la ilegalidad y no respetamos a quien está al lado.
En rueda de amigos, en familia, en el trabajo o con desconocidos, es probable que usted haya escuchado alguna vez estas frases. O que las haya dicho. Como una extensión de la radiografía de los argentinos, en Tucumán pareciera que "respetamos" las cruentas leyes del ser nacional. Esas que nos mal califican en el exterior.
Si ante la evidencia de que tanto calificativo fuera cierto (¡sííí! se escuchará de fondo), entonces habrá que preguntar qué hacemos para mejorar, cambiar o hacer, digamos, más dignos nuestros días.
Hay veces que pareciera que estamos aislados del mundo y que sólo vivimos nuestra vida. El rico en su riqueza y el pobre en su pobreza. Incluso, es todo un clásico la frase "estas cosas sólo pasan aquí".
Para aquellos incautos que profesan el credo de que las peores penurias del infierno sólo caen sobre sus cabezas, vale la noticia: están errados. Pero, en algo tienen razón: en el ranking de seres complicados -indefinibles en esencia-, al menos a nivel país sí tenemos un bien ganado lugar. Cómo, si no, alguien que nos visita podría comprender que en una ciudad con tanta historia existan contrastes increíbles. Lo bueno y lo malo conviviendo a metros de distancia, vecinos que, por la costumbre de verse todos los días, hasta se dan un abrazo. Ello se puede ver en niveles lo suficientemente importantes como para preocuparnos.

Sin reacción

Así, en educación, en economía o en política, se hace lo que se puede, en vez de lo que se debe. Con esto, el ciudadano común -doña María o don José-, sobrevive apenas, ensimismado en sus preocupaciones diarias, sin tiempo ni posibilidades de poder reaccionar. Pareciera como si, en esta informe, voluptuosa y candente geografía llamada Tucumán -la vanmameriana Tucson-, los pocos que se atreven a dar un paso novedoso y original hacia adelante, pronto reciben sobre su humanidad todo el peso de los profesantes del credo ya mencionado.

Panorama decadente

Nadie puede negar que el desorden, la vulgaridad y la corrupción se han convertido en la "normalidad" en nuestros días. El panorama es decadente, sin dudas impropio de la rica historia provincial y de quienes hoy se esfuerzan en poner lo mejor de sí.
Es casi obvio decir que nadie aspira a vivir en condiciones tan inhóspitas, pero sin embargo lo hacemos. En el día a día, el milagro o la tragedia -según como se mire-, se repite multiplicada por más de un millón de personas. Y, ante la reiterada enumeración de las miserias locales, surge otra expresión made in Tucumán: "esto no lo arregla nadie". Mazazo antiguo pero efectivo, que deja a los comensales sin saber si son víctimas o sobrevivientes.

La luz de las ideas
¿Qué nos puede animar para salir de esta atmósfera de asfixia y no seguir juntando bronca? El mañana. El creer que a esta altura de los hechos, todavía quedan rincones donde la penumbra pierde la batalla ante la luz de las ideas.
El participar, involucrarnos, compartir proyectos, disentir, plantear problemas y sus soluciones. Pero también el revisar nuestras fallas éticas, la pobreza de espíritu, la falsedad de nuestros valores y la carencia de autenticidad de nuestra vida cotidiana.
Anímese y haga el ejercicio de cambiar. Olvídese de comparar nuestra realidad con la de otros sitios. Sea lógico con sus pensamientos y con lo que hace. No se llame a silencio, opine. Y no caiga en el facilismo de hacer "la plancha".
Créalo, no es un decálogo del buen comportamiento. Es, apenas, una enumeración de lo que hacemos, pero expresada desde la otra vereda.






Tamaño texto
Comentarios