31 Marzo 2006 Seguir en 
Pasaron 884 días desde que José Alperovich se presentó en sociedad como gobernador de Tucumán. En aquella jornada de asunción al cargo, el hoy mandatario daba su primer mensaje en el teatro San Martín. Mañana cambiará de escenario y tendrá que rendir cuentas de sus actos y hacer una perspectiva de lo que hará su gobierno en lo que resta del mandato (el primero, si es que hay reelección). Esta vez será en la Legislatura, al inaugurar el 101º período ordinario de sesiones de ese poder.
Por ejemplo, el discurso de este año pondrá énfasis en la obra pública, como generadora de fuentes de empleo, con el fin de combatir los altos índices socioeconómicos que ostenta la provincia. Habrá una evaluación sobre los avances en sectores claves como la educación o la salud, y hasta podrá jactarse de los buenos resultados que le dio a su administración la recaudación de impuestos nacionales y provinciales.
Sin dudas que habrá materias pendientes. Una de ellas es la cuestión vinculada con la seguridad. El caso Lebbos despertó dudas sobre el rumbo de esa área del Poder Ejecutivo que, actualmente, no logra encontrar el norte a sus acciones. El 29 de octubre de 2003, Alperovich anunciaba oficialmente la creación del Ministerio de Seguridad Ciudadana, que se encargaría de diseñar los planes para los próximos 20 años, con acento en la protección de los jóvenes y el uso de modernas técnicas informáticas.
También el sector productivo está en alerta y espera el mensaje para saber si es que Alperovich volverá a enfatizar, como lo hizo aquel día de octubre de 2003, aquella frase muy recordada por los empresarios: “Tucumán es azúcar; Tucumán es citrus y es soja, pero también es frutilla y arándano; es comercio, servicios. PyME. Señoras y señores, les pondremos alfombra roja a los inversores”.
Casi tibiamente, en ese mensaje de hace más de dos años, Alperovich ponía el acento en una cuestión que se convirtió en la piedra de la discordia frente al clamor de los empresarios: la reforma tributaria. Precisamente aquellos sectores que el gobernador mencionó como ejes de la economía provincial hoy están en la vereda del frente reclamando menos presión fiscal. Por caso, vale mencionar a los citricultores, a los cañeros, a los comerciantes y hasta a los profesionales, quienes consideran que habrá mayor presión impositiva en Tucumán.
El anhelo de Alperovich, puesto en letras remarcadas en el discurso de la sesión inaugural de 2004, hoy es una realidad. El nuevo Código Tributario va camino a convertirse en una herramienta importante para que el Estado luche contra la evasión, pero también con algunos puntos que resultan polémicos en su relación con los contribuyentes y que sólo fueron maquillados por los legisladores que le dieron el sí al proyecto oficial. Vale también decir que los empresarios perdieron la capacidad de reacción frente al escenario político favorable a Alperovich. Lo que resulta extraño es que hoy -y no antes- digan que harán un informe preciso sobre el impacto económico y social que generará el nuevo código, cuando este ya es un hecho consumado.
Los discursos gubernamentales pueden servir de indicador respecto de la conducta de un mandatario. También, como una referencia sobre las mutaciones de una gestión, sean estas coyunturales o estructurales. De hecho, en dos años y medio, Alperovich logró no sólo que la Nación comprometiera el envío multimillonario de fondos para obras, sino también que se aseguró la continuidad en el cargo con la reforma constitucional en ciernes.
Mañana se develará cuáles serán las intenciones de la actual gestión; si están pensadas más allá de 2007 con el mismo gobernador o si, por el contrario, se modificará la estrategia, cambiando los protagonistas de la historia política provincial.
Por ejemplo, el discurso de este año pondrá énfasis en la obra pública, como generadora de fuentes de empleo, con el fin de combatir los altos índices socioeconómicos que ostenta la provincia. Habrá una evaluación sobre los avances en sectores claves como la educación o la salud, y hasta podrá jactarse de los buenos resultados que le dio a su administración la recaudación de impuestos nacionales y provinciales.
Sin dudas que habrá materias pendientes. Una de ellas es la cuestión vinculada con la seguridad. El caso Lebbos despertó dudas sobre el rumbo de esa área del Poder Ejecutivo que, actualmente, no logra encontrar el norte a sus acciones. El 29 de octubre de 2003, Alperovich anunciaba oficialmente la creación del Ministerio de Seguridad Ciudadana, que se encargaría de diseñar los planes para los próximos 20 años, con acento en la protección de los jóvenes y el uso de modernas técnicas informáticas.
También el sector productivo está en alerta y espera el mensaje para saber si es que Alperovich volverá a enfatizar, como lo hizo aquel día de octubre de 2003, aquella frase muy recordada por los empresarios: “Tucumán es azúcar; Tucumán es citrus y es soja, pero también es frutilla y arándano; es comercio, servicios. PyME. Señoras y señores, les pondremos alfombra roja a los inversores”.
Casi tibiamente, en ese mensaje de hace más de dos años, Alperovich ponía el acento en una cuestión que se convirtió en la piedra de la discordia frente al clamor de los empresarios: la reforma tributaria. Precisamente aquellos sectores que el gobernador mencionó como ejes de la economía provincial hoy están en la vereda del frente reclamando menos presión fiscal. Por caso, vale mencionar a los citricultores, a los cañeros, a los comerciantes y hasta a los profesionales, quienes consideran que habrá mayor presión impositiva en Tucumán.
El anhelo de Alperovich, puesto en letras remarcadas en el discurso de la sesión inaugural de 2004, hoy es una realidad. El nuevo Código Tributario va camino a convertirse en una herramienta importante para que el Estado luche contra la evasión, pero también con algunos puntos que resultan polémicos en su relación con los contribuyentes y que sólo fueron maquillados por los legisladores que le dieron el sí al proyecto oficial. Vale también decir que los empresarios perdieron la capacidad de reacción frente al escenario político favorable a Alperovich. Lo que resulta extraño es que hoy -y no antes- digan que harán un informe preciso sobre el impacto económico y social que generará el nuevo código, cuando este ya es un hecho consumado.
Los discursos gubernamentales pueden servir de indicador respecto de la conducta de un mandatario. También, como una referencia sobre las mutaciones de una gestión, sean estas coyunturales o estructurales. De hecho, en dos años y medio, Alperovich logró no sólo que la Nación comprometiera el envío multimillonario de fondos para obras, sino también que se aseguró la continuidad en el cargo con la reforma constitucional en ciernes.
Mañana se develará cuáles serán las intenciones de la actual gestión; si están pensadas más allá de 2007 con el mismo gobernador o si, por el contrario, se modificará la estrategia, cambiando los protagonistas de la historia política provincial.







