Los presidentes, en el brete

Por Angel Anaya.

30 Marzo 2006
BUENOS AIRES.- La simple propuesta del presidente uruguayo sobre un monitoreo conjunto de las papeleras en marcha irritó de tal manera a la asamblea vecinal de Gualeguaychú, que Kirchner debió objetar la falta de precisiones para justificar la postergación de su reunión con Tabaré Vázquez. Si se aceptase esa alternativa -clamaron en la orilla argentina-, sería tanto como dar por seguras las construcciones cuestionadas. Como ya se dijo en este lugar, los presidentes están atados por el torpe manejo de sus gobiernos y por los que les precedieron en ese ambicioso proyecto, cada día más enjaulado en el conflicto. Cuando se cerraban estas notas, dirigentes de la asamblea entrerriana trataban de ser recibidos por Kirchner para dejar bien en claro que la única concesión aceptable sería para un acuerdo que incluyese el adecuado alejamiento de las plantas, algo que no parece viable a esta altura de las inversiones y, por otro lado, descartable por razones de orden técnico y económico de sus diseñadores. Tampoco será posible la paralización absoluta de las obras por tres meses, e inclusive hay algunas que deberán proseguir en todo momento, pues en determinados casos sería como iniciarlas de nuevo, por deterioro de lo realizado. Todo esto es sobradamente conocido en la Casa Rosada; por ello, el Presidente está tratando de eludir una relación directa con los asambleístas que, finalmente, puede tornarse ineludible.

Alcalde a la medida
El nuevo alcalde autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, Jorge Telerman, es  justicialista, pero su fino olfato político lo acondiciona al modelo particularísimo con que actúa el electorado porteño. En primer término, no olvida que Mauricio Macri (PRO) y Elisa Carrió (ARI) dejaron a su partido malparado en las urnas, por lo que sus relaciones públicas son tan heterogéneas que en la asunción de su gabinete hubo de todos los colores puros, con excepción de uno: el propio. Es decir, nadie en representación del oficialismo nacional. Ni el vicepresidente Scioli, con buena relación; ni el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, titular del peronismo porteño, tan castigado por la emigración del ex canciller Rafael Bielsa. Telerman usa, por cierto, un trampolín muy eficiente para su oportuna independencia: la cultura, condición no muy valorada en la política nacional, cuyo ejercicio convoca, como en este caso, diversidades de opinión que no son frecuentes. Su gabinete responde a ese estilo, y por ello también estaba el ex de Economía, Roberto Lavagna, uno de cuyos hombres, Guillermo Nielsen, se ocupa de Hacienda. Como detalle expresivo del estilo político del sucesor de Aníbal Ibarra, baste señalar que el acto, en el escenario del Teatro Alvear, fue más una ceremonia social que debió durar poco, ante las urgencias para proseguir con un ensayo de ballet. (De nuestra Sucursal)


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