Nuevos ciudadanos

Los jóvenes "copan" la agenda política. Por Nora Lía Jabif

28 Marzo 2006
Con el caso Lebbos todavía palpitando entre las urgencias del Gobierno, la gestión de José Alperovich se ha encontrado casi sin pensarlo ante la necesidad de dar respuesta a una nueva agenda ciudadana: la que le plantea el segmento de los jóvenes, que cada vez va adquiriendo más visibilidad, muchas veces a su pesar.
Si el crimen de Paulina Lebbos movilizó como efecto colateral la percepción social -psicosis, arriesgó alguien- de que los jóvenes están en estado de riesgo, ahora a Alperovich se le imponen dos temas que necesariamente requerirán decisiones de gobierno, como la realización del recital de Callejeros en Tucumán y la autorización para que los chicos vean el Mundial en horario escolar.
Aunque una mirada apresurada indique que son temas menores, no lo son: ambas cuestiones, como están planteadas, son síntomas de una sociedad perturbada, cuyas instituciones -familia, Justicia, gobierno municipal, empresarios, escuela- no pueden visualizar con claridad cuál es la decisión correcta, tanto en uno como en otro planteo.
Alperovich sabe que en ningún caso podrá dejar satisfechas a todas las partes: en lo que respecta al recital de Callejeros, se ha planteado el dilema de que la Justicia autoriza la realización de una actividad que una parte de la sociedad reclama, y la otra, condena, después del fatídico Cromagnon.
Sumado a que en ese caso no habrá soluciones salomónicas, no hay duda de que, si el recital llega a realizarse - y todo parece indicar que así se hará-, los ojos del país estarán puestos en Tucumán, evaluando la estrategia de Seguridad que haya diseñado el Gobierno provincial para la oportunidad.
En cuanto a la discusión acerca de si los chicos podrán ver -o no- los partidos de Argentina en la escuela, pasa algo más o menos parecido. Mientras que hay padres y maestros que defienden la posibilidad de “atravesar” la currícula con técnicas pedagógicas actuales, desde una perspectiva más tradicional están aquellos que exigen “sincerar  la cuestión”, y observan que la medida no hace más que reafirmar el imaginario de una escuela que está alejándose cada vez más de los objetivos académicos que le han dado sentido, para confirmarse como el “contenedor social” que se ha ido insinuando desde hace unos años.
Al margen de lo que sostengan los expertos desde una u otra “biblioteca” sobre la “conveniencia pedagógica” de teorizar o no alrededor del Mundial, esa discusión muestra en el ámbito público lo que también se percibe en el ámbito privado de la familia: la imposibilidad de las instituciones de decir “no”, de fijar límites: lo que para algunos resuena como “declaración de principios”, para otros es, simplemente, una señal de debilidad institucional.
La propia secretaria de Educación, Susana Montaldo, fue la primera sorprendida cuando LA GACETA le consultó sobre el tema: “hay  cuestiones más importantes, como terminar de consolidar el arranque del ciclo lectivo”, fue su reflexión. Sin embargo, es  la cartera educativa nacional - con la que Montaldo cuida y cultiva la relación -la que ha impuesto el Mundial en la agenda escolar.
De todos modos, los responsables del Gobierno provincial saben que no sólo en Tucumán ha estallado esta nueva agenda ciudadana, que está exigiendo políticas de Estado para los jóvenes. Basta con analizar la revuelta de los estudiantes franceses, que exigen la anulación del nuevo contrato laboral para concluir que “el acné juvenil” no es sólo argentino.
Alperovich suele repetir que el hecho de tener una gestión económica “ordenada” le permite pensar y actuar en  perspectiva. Sin embargo, con temas como estos, él tiene un desafío en puerta, porque el buen timonel no se prueba cuando el mar está calmo, sino por su capacidad para sortear las turbulencias.









Tamaño texto
Comentarios