La política está jaqueada por todos lados. Los equipos gobernantes no están a la altura de las circunstancias. A un mes de la desaparición de Paulina Lebbos, perduran el desconcierto y el temor en la sociedad. El cambio de ministro de Seguridad (Mario López Herrera por Pablo Baillo) descomprimió la tensión interna dentro del Gobierno, pero no implicó avances sustanciales en el esclarecimiento del hecho. Tampoco satisfizo al padre de la víctima, Alberto Lebbos, que se fue del gabinete, en disconformidad con las acciones emprendidas por la administración alperovichista. La persistencia del caso Lebbos ubicó a Tucumán en la agenda mediática nacional con una intensidad que, en cierta medida, se asemeja al episodio de la mortalidad infantil en los tramos postreros de la administración mirandista. Por otra cuestión, el gobernador José Alperovich ganó también trascendencia fuera de las fronteras argentinas. La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) le dedicó un párrafo en su declaración analítica de la situación del periodismo argentino, al calificar de preocupante su insistencia por insertar el derecho de réplica en la nueva constitución. Con tenacidad defiende una cláusula que conlleva un sutil condicionamiento a la libertad de opinión. En la práctica significará una especie de censura previa para los disidentes con las políticas oficiales. Igual energía muestra Alperovich cuando justifica el bloqueo del más mínimo intento de consagración del libre acceso a la información pública. Ambas posiciones están conectadas por el deseo de regular el ritmo de la información y de la interpretación de la realidad sociopolítica. El gobernador, en rigor, no desentona para nada con la política de medios de la Casa Rosada, cuyo principal residente -Néstor Kirchner- fue criticado por la SIP en el documento que se conoció durante la semana pasada.
La inseguridad se apropió también del Concejo Deliberante. La inexplicable tardanza de la Policía permitió que los remiseros cercaran a los concejales. Estos, por mayoría, sancionaron una ordenanza que maquilla un problema que se gestó durante las anteriores intendencias municipales. Son tan laxas las condiciones impuestas, que pronto caerán en el olvido. El pacto del intendente Domingo Amaya con Jesús Rivero prefiguró de antemano la votación final. La suerte corrida por Paulina Lebbos impulsó esa movida bipartita. El quehacer de los políticos quedó esclavizado por las presiones gremiales. Las instituciones no resistieron el acoso de los remiseros, quienes, apelando al contundente pero antidemocrático método de las gomas quemadas arrancaron concesiones a los ediles.
Ausencias y presencias
La evocación del 30 aniversario del golpe militar de 1976 no sepultó las divergencias internas en el partido gobernante. Alperovich se alejó del escenario y Fernando Juri quedó dueño de la cancha. El vicegobernador homenajeó, en forma solemne, a prominentes políticos del peronismo que fueron detenidos no bien cayó el gobierno electo el 11 de marzo de 1973. Ninguna figura conspicua del alperovichismo acudió a esa reivindicación, como tampoco al oficio religioso del jueves. La otra cara de la moneda apareció el viernes, cuando el vicegobernador faltó a los actos oficiales. El oficialismo dijo presente con todas las de la ley, bajo la mirada conductora de la primera dama. La diputada Beatriz Rojkés de Alperovich atacó con singular fogosidad al ex gobernador Antonio Domingo Bussi, con cargos que nunca le habían endilgado en la vida política y que sorprendieron a sus seguidores. Profundizó, de esa manera, el perfil polémico que le imprimió a su discurso postelectoral.
La arremetida contra el escritor Tomás Eloy Martínez por un artículo descriptivo de la pobreza en Banda del Río Salí, que sonó a censura y a cercenamiento de la libertad de expresión, prenunció el viraje señalado. La diputada había dicho que Martínez era un mal tucumano por su visión del panorama social de aquella ciudad del este tucumano.No son pocos los que ahora suponen que la primera dama ha entrado en la carrera electoral rumbo a 2007. En esa misma línea de conjetura, infieren que la estabilidad de la alianza Alperovich-Juri se agrietará más aceleradamente. La idea implícita es que en 2007 puede emerger una fórmula gubernativa sin Juri. Sin embargo, la exigencia de la gobernabilidad coloca a Juri en situaciones incómodas. Eso ocurre, por ejemplo, con las reformas al Código Tributario, que no afectan en lo esencial al proyecto elaborado por la Casa de Gobierno. De votarse el texto aconsejado por la comisión de Hacienda y Presupuesto de la Legislatura, conforme lo anticipó el primo Fernando Juri Debo, el costo político de chocar con las organizaciones de la producción lo pagará el vicegobernador. La contrapartida será no haber dañado el vínculo con el alperovichismo. El poder marca límites precisos, que sólo se transgreden en determinadas situaciones. Juri piensa que aún no debe cruzar ese umbral, según se desprende de sus palabras y actitudes.
Esteban Jerez abandonó finalmente a Recrear. El diputado nacional oficializó su partida, tras un largo período de disidencias con la conducción oficial del partido. Dudó siempre de la conveniencia de competir en un marco de desigualdad con el alperovichismo en las elecciones de convencionales constituyentes, razón por la cual no aceptó candidatura alguna. El olfato político no le falló en octubre pasado, pero se ahondaron las diferencias con el ex senador Pablo Walter y sus amigos. La intempestiva injerencia del diputado macrista Federico Pinedo en la definición de la estrategia electoral de Recrear adicionó otro elemento conflictivo al problema comarcano. Jerez, justamente, no pisó Tafí del Valle, donde Pinedo y los lopezmurphystas locales pasaron revista a qué hacer en 2007. Asociarse a FR fue la conclusión del encuentro.
La salida del ex fiscal Anticorrupción de Recrear retumbó en Fuerza Republicana. En los primeros meses de este año maduraba la idea de articular una convergencia de partidos de centroderecha con la sucursal tucumana de Ricardo López Murphy, pero el proceso empezó a congelarse en las últimas jornadas. Sin Jerez, se desvanece el interés por plasmar el acercamiento con Recrear. La dirección de FR replantea la cuestión y demorará un tiempo antes de anudar una política de alianzas. Ahora bien, a Jerez le llegó el tiempo de probar si aún conserva parte del ascendiente que tuvo con el electorado en las dos elecciones celebradas durante 2005. Si prospera el proyecto del partido propio de Jerez, el mapa político tucumano mostrará una nutrida oferta de partidos provinciales, que reflejará más agudamente la crisis de los partidos de alcance nacional. Ni el peronismo está exento de ser alcanzado por ese espíritu de fragmentación. La política está en debate.







