El factor suerte

Por Roberto Delgado. La pesquisa del caso Lebbos muestra serias falencias.

25 Marzo 2006

El asesinato de Paulina y la conmoción que causó en la sociedad tucumana pusieron en crisis todo el sistema de seguridad del Estado. Este hecho está marcando que la Policía necesita un proceso de reingeniería profunda que le permita adecuarse a los nuevos tiempos, para dar las respuestas correctas, tanto en lo operativo -la prevención y la investigación- como en lo institucional (evitar que un funcionario persista en las órdenes equivocadas y, mucho menos, que haga declaraciones equivocadas, como el ex ministro de Seguridad Ciudadana, Pablo Baillo).
El ex funcionario y varios de los hombres del equipo que él formó y que siguen en carrera en Seguridad, están convencidos de que la caída de Baillo se debió más a sus palabras que a los errores cometidos en la investigación. Y ahí hay un riesgo grande, porque pensar -como primero pensó Baillo- que puede haber una suerte de conspiración (cuando todo mostraba el fracaso de la pesquisa), puede llevar a que no se hagan los cambios que hacen falta en la política de Seguridad.Por ahora, el estancamiento en la pesquisa es tan alarmante que la suerte parece depender de las informaciones que recibe la familia Lebbos, que ofreció 40.000 pesos de recompensa. Pero aun cuando la suerte ayude, ¿qué se hará más adelante? De hecho, ahora se está propiciando que se llame a ex policías -echados hace poco por el actual Gobierno- para que se revitalice por algún lado la pesquisa.
El nuevo ministro, con escasa experiencia en cuestiones de seguridad, prefiere ser cauto y dejar que las cosas sigan su curso por inercia. Aunque deslizó dos ideas un poco comprometidas. Una, promover el ascenso de 2.300 policías. Lo pensó como una forma de bajar el nivel de tensiones en una fuerza cuestionada, pero el efecto puede ser otro: ¿cómo verá la sociedad que se dé un premio masivo en una institución que no pudo resolver el crimen más conmocionante de los últimos años?
La segunda frase conflictiva que deslizó, el día que asumió, fue decir que el anuncio del gobernador José Alperovich de que se crearía Asuntos Internos en la oficina de Derechos Humanos era un tema "opinable". No se trata de que contradiga o no al gobernador, sino de que habría que analizar qué es la Policía, cómo funciona y qué resultados obtiene; ver si este modelo policial funciona y si la corrupción y las malas prácticas abundan o no en la fuerza, antes de cuestionar ese nuevo instituto.
La Policía es la más arcaica de las instituciones de la democracia, no sólo porque en muchas áreas fue un instrumento preciso y terrible de la dictadura, sino porque se mantiene la estructura militarista y vertical, y porque se mantienen métodos de trabajo que muy frecuentemente rozan la ilegalidad. Con la excusa de prevenir el delito, se sigue sin cambios la discriminatoria ley de Contravenciones, que en realidad es un modo de tapar la falta de capacitación en prevención policial.
El escándalo ha tenido como efectos la renuncia de Baillo y el anuncio de la creación de Asuntos Internos. Pero debería haber un antes y un después en la seguridad pública. ¿Se buscará cómo gerenciar personal? ¿Se promoverá la capacitación para que se ascienda por sabiduría y capacidad, no por antigüedad? ¿Se buscará expertos en gerenciamiento de personal, en planificación? ¿Se buscará cambiar las falencias de formación teórica y práctica?
Más allá de que se resuelva el crimen que conmueve a todos, la gente de seguridad le debe una disculpa a la sociedad toda: la de no haber estado preparada para dar respuestas. En Tucumán se puede apresar rateros, ladrones y asaltantes, y frecuentemente, homicidas de pasión. Pero hacemos agua en pesquisas más complejas, porque respondemos siempre de la misma manera. Así jamás se atrapará a un asesino violador serial. No sabemos si hay alguno en Tucumán. Pero hasta ahora, capturarlo sólo depende de la suerte.

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