24 Marzo 2006 Seguir en 
El país se apresta a conmemorar de una manera muy especial los 30 años del golpe de Estado que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón y la instauración de un proceso militar de siete años, etapa que dejó una huella profunda de divisiones y de polémicas entre los argentinos. La iniciativa oficial sobre esta fecha se plasmó en una serie de actos conmemorativos y en la ley sancionada por el Congreso para declarar feriado inamovible al 24 de marzo, con la intención de marcar especialmente, en este momento, el significado de aquellos duros tiempos y de revitalizar -según se dijo oficialmente- la memoria de los argentinos sobre nuestra historia reciente.
Se trata de una iniciativa que ha generado una gran expectativa, puesto que se está haciendo hincapié de manera singular en esa etapa infausta que tuvo que ver con profundas diferencias sobre la concepción del país, que derivaron en enfrentamientos sangrientos y en polémicas que sacudieron fuertemente a los argentinos.
Esa división se vio incluso en el seno de las mismas familias, en las que muchas veces, con la misma virulencia, se justificó y se denostó las políticas. Es que el fracaso y los errores de los encargados de conducir el destino del país, tanto en el gobierno constitucional como en el de las sucesivas camarillas militares que se turnaron hasta 1983, derivaron en esta etapa, en la que se perdió el respeto por la vida de la gente en función de intereses teñidos de ideología. En ese contexto de derrumbe institucional, la herida en el seno de la sociedad argentina ha sido grande y tuvo que ver con diversos hechos que marcaron al país en estas tres décadas, y sobre cuya significación el actual gobierno quiere profundizar, al promover estas iniciativas.
La necesaria reflexión que ha de surgir debe ser calibrada cuidadosamente por las autoridades, a fin de que se logre el efecto de conjugar la reivindicación de las víctimas de odios y de persecuciones con la búsqueda de superación y de fortaleza institucional en el país.
Es que el progreso ha de vincularse, ciertamente, con una mirada más conciliadora sobre las furias que en su momento dividieron en un vendaval brutal a los argentinos.
Esa superación se logrará con una lectura madura y responsable de lo que ocurrió.Es de destacar, en este sentido, el ejemplo que acaba de brindar a su tierra y al mundo la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que en su discurso de asunción recordó a su padre (un militar torturado y muerto en prisión durante el gobierno de facto de Augusto Pinochet) y aprovechó para instar a la reconciliación de todos sus compatriotas. Este acto de la estadista trasandina muestra un ejemplo en busca de un futuro mejor y genera la confianza de que se puede vivir de otra manera, en cooperación, con respeto a las diferencias.
En esta tarea emprendida para recuperar la memoria de los argentinos, es necesario que las autoridades se preocupen por evitar, precisamente, las visiones maniqueas que en su momento derivaron en las calificaciones de negro y blanco o de buenos y malos, que terminaron alentando los odios, y que se busque la conciliación y el resguardo de las instituciones.
Se debe estimular el análisis de los hechos del pasado en función de esa premisa de superación. El país va a crecer en la medida en que se fortalezcan y se respeten las instituciones, que no han logrado recuperarse totalmente desde aquellos tiempos en que llegaron a carecer de significado para contener los odios.
Asimismo, ese fortalecimiento debe estar acompañado por la convicción del irrestricto respeto a la ley y a la Justicia, más allá de las pasiones de los hombres.
Se trata de una iniciativa que ha generado una gran expectativa, puesto que se está haciendo hincapié de manera singular en esa etapa infausta que tuvo que ver con profundas diferencias sobre la concepción del país, que derivaron en enfrentamientos sangrientos y en polémicas que sacudieron fuertemente a los argentinos.
Esa división se vio incluso en el seno de las mismas familias, en las que muchas veces, con la misma virulencia, se justificó y se denostó las políticas. Es que el fracaso y los errores de los encargados de conducir el destino del país, tanto en el gobierno constitucional como en el de las sucesivas camarillas militares que se turnaron hasta 1983, derivaron en esta etapa, en la que se perdió el respeto por la vida de la gente en función de intereses teñidos de ideología. En ese contexto de derrumbe institucional, la herida en el seno de la sociedad argentina ha sido grande y tuvo que ver con diversos hechos que marcaron al país en estas tres décadas, y sobre cuya significación el actual gobierno quiere profundizar, al promover estas iniciativas.
La necesaria reflexión que ha de surgir debe ser calibrada cuidadosamente por las autoridades, a fin de que se logre el efecto de conjugar la reivindicación de las víctimas de odios y de persecuciones con la búsqueda de superación y de fortaleza institucional en el país.
Es que el progreso ha de vincularse, ciertamente, con una mirada más conciliadora sobre las furias que en su momento dividieron en un vendaval brutal a los argentinos.
Esa superación se logrará con una lectura madura y responsable de lo que ocurrió.Es de destacar, en este sentido, el ejemplo que acaba de brindar a su tierra y al mundo la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, que en su discurso de asunción recordó a su padre (un militar torturado y muerto en prisión durante el gobierno de facto de Augusto Pinochet) y aprovechó para instar a la reconciliación de todos sus compatriotas. Este acto de la estadista trasandina muestra un ejemplo en busca de un futuro mejor y genera la confianza de que se puede vivir de otra manera, en cooperación, con respeto a las diferencias.
En esta tarea emprendida para recuperar la memoria de los argentinos, es necesario que las autoridades se preocupen por evitar, precisamente, las visiones maniqueas que en su momento derivaron en las calificaciones de negro y blanco o de buenos y malos, que terminaron alentando los odios, y que se busque la conciliación y el resguardo de las instituciones.
Se debe estimular el análisis de los hechos del pasado en función de esa premisa de superación. El país va a crecer en la medida en que se fortalezcan y se respeten las instituciones, que no han logrado recuperarse totalmente desde aquellos tiempos en que llegaron a carecer de significado para contener los odios.
Asimismo, ese fortalecimiento debe estar acompañado por la convicción del irrestricto respeto a la ley y a la Justicia, más allá de las pasiones de los hombres.







