Obras municipales paralizadas

02 Febrero 2006
En nuestra edición de ayer, dedicamos una extensa nota a la realidad de dificultades que se ha creado, en varios sectores del vecindario de San Miguel de Tucumán, por la detención de obras de repavimentación que estaba ejecutando la Municipalidad de la capital. En Silvano Bores al 800, hace tres meses que la tarea referida se interrumpió, con la secuela de calles convertidas en fangales -lo que obliga a los colectivos a usar las veredas- y hasta un hondo pozo, donde hace pocos días se cayó un auto. En Pedro Miguel Aráoz al 700, en Américo Vespucio al 400, en Chile al 700, en el pasaje Benjamín Paz, y en 9 de Julio al 2700, la situación se repite.
Ante cuadras clausuradas y convertidas en barriales o en receptáculos insalubres de agua estancada y de escombros, quienes habitan en tales zonas se preguntan la razón por la cual los trabajos quedaron a medio hacer, sin que nadie parezca preocuparse por el cúmulo de inconvenientes concretos que se derivan. Y por ello no dejan de adjudicar, comprensiblemente, carácter electoralista a tareas que, hasta el momento, no les prestan servicio alguno y sí, en cambio, les ocasionan un trastorno más que apreciable en su vida cotidiana.
Nadie puede negar la importancia de los trabajos de pavimentación, ni dudar acerca de los innumerables beneficios que los mismos están destinados a brindar en las zonas donde se realizan. El pavimento es una infraestructura fundamental, imprescindible para el crecimiento y la modernización en una serie de otros rubros. Por eso se lo debe considerar siempre como bienvenido.
Pero tal circunstancia no quita que la pavimentación deba llevarse a cabo enmarcada en la debida planificación, que tenga en cuenta y prevea una serie de factores. Desde los climáticos (piénsese que los pronósticos indicaban que este verano iba a ser singularmente lluvioso) hasta la coordinación con las obras que otros organismos deben ejecutar simultáneamente con las excavaciones municipales. Esa planificación muchas veces no existe: días pasados criticamos la tesitura de la Municipalidad de Tafí del Valle -detenida por la reacción de los comerciantes-, que eligió, para repavimentar la única y superpoblada avenida de la villa, precisamente los dos meses de veraneo.
Es verdad que a veces, aun aplicando la debida previsión, pueden generarse inconvenientes graves para el sector donde se desarrollan las obras. Pero, en esos casos, corresponde que la Municipalidad implemente algún tipo de solución transitoria para el vecindario afectado, y que lo haga con la celeridad debida. En el referido caso de la avenida Silvano Bores, estamos hablando de un cuadro que se padece desde el mes de octubre, lo que no resulta justificable. En una casa de familia, cuando ingresan el albañil, el plomero o el pintor a cumplir con sus cometidos, se genera, para los habitantes de ese domicilio, una serie de situaciones inevitables de molestia y de complicación. Lo mismo ocurre en el caso de las obras en la vía pública, donde los problemas se ven lógicamente agravados por la multiplicación de personas y actividades que resultan afectados.
Todas estas realidades sólo pueden ser conjuradas por medio de una planificación previsora -que a veces no se percibe- y, repetimos, en la eventualidad de que la planificación falle, por nuevos recaudos que tiendan a aliviar los inconvenientes, hasta tanto las tareas centrales puedan reanudarse y concluir, para beneficio de todos. Parece innecesario recordar que nuestra ciudad capital tiene imprescindible necesidad, para su progreso armónico, de trabajos de pavimentación en sus diversos barrios, y es desde todo punto de vista positivo que los mismos se lleven a cabo.



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