31 Enero 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Nadie apostaría en estos momentos si el Gobierno y los productores de carne lograrán un acuerdo estable de precios más allá del corto plazo, pues no se trata de negociar sobre términos precisos, sino de manejar un mercado indomeñable cuya complejidad supera a la de cualquier otro. Piénsese que existen 190.000 ganaderos que concurren en todo el país mediante consignatarios a centenares de frigoríficos con ofertas y demandas diferentes, que escapan al mercado de Liniers. Alguna vez, en tiempos del presidente Alfonsín, ya se intentó, pero la consecuencia de corto plazo fue el surgimiento de un mercado paralelo con síntomas de desabastecimiento, algo que la ministra Felisa Miceli no debe ignorar por más que se le ordene el rumbo desde arriba. Pero hay otras singularidades testimoniales que demuestran el escaso realismo de la propuesta oficial, inspirada en desalentar las exportaciones para alentar la oferta interna: mientras así se actúa, el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Iprocarva) no ha dejado de llevar a cabo misiones al exterior en demanda de nuevos consumidores. La oferta de hacienda subió en 2005 a 14 millones de cabezas, pero el consumo por habitante se fue también a sus mejores tiempos: 65 kilos, a la vez que la exportación se duplicó largamente, contribuyendo con las polémicas retenciones, como ningún otro recurso, al arca fiscal. Tal es la estructura de mercado y de la fuente recaudatoria del fisco.
Congelación de agravios
La decisión oficial de contener el creciente nivel de exportaciones, al que tradicionalmente aspiró la economía argentina, para aumentar la oferta interna, tiene un costo elevado al reducir el volumen de retenciones impositivas. Por ello, el Gobierno no suelta una sola palabra en relación con reducir otros impuestos y rebajar el mínimo no imponible al de Ganancias. Tratar a toda costa de bajar o frenar la tasa de inflación es la meta esencial de Kirchner, pues, como ya se ha dicho aquí, hay que descartar políticas estructurales que asumen bastante más tiempo que el requerido por la campaña preelectoral. La predisposición de los ganaderos a bajar tensiones en los días inmediatos se debe más al intercambio descomedido de declaraciones recientes, que a la aceptación del flamante registro de exportadores, cuya inscripción es ineludible para negociar. Por el lado oficial, el silencio de Kirchner ante el discurso desmedido de la vicepresidenta 2ª de Carbap es una tentativa presidencial de dejar a la ministra Miceli el trámite más difícil, antes de que se esté en condiciones de firmar algún corto plazo en el despacho presidencial. Por lo pronto, hay un cuarto intermedio en el intercambio de agravios. (De nuestra Sucursal)
Congelación de agravios
La decisión oficial de contener el creciente nivel de exportaciones, al que tradicionalmente aspiró la economía argentina, para aumentar la oferta interna, tiene un costo elevado al reducir el volumen de retenciones impositivas. Por ello, el Gobierno no suelta una sola palabra en relación con reducir otros impuestos y rebajar el mínimo no imponible al de Ganancias. Tratar a toda costa de bajar o frenar la tasa de inflación es la meta esencial de Kirchner, pues, como ya se ha dicho aquí, hay que descartar políticas estructurales que asumen bastante más tiempo que el requerido por la campaña preelectoral. La predisposición de los ganaderos a bajar tensiones en los días inmediatos se debe más al intercambio descomedido de declaraciones recientes, que a la aceptación del flamante registro de exportadores, cuya inscripción es ineludible para negociar. Por el lado oficial, el silencio de Kirchner ante el discurso desmedido de la vicepresidenta 2ª de Carbap es una tentativa presidencial de dejar a la ministra Miceli el trámite más difícil, antes de que se esté en condiciones de firmar algún corto plazo en el despacho presidencial. Por lo pronto, hay un cuarto intermedio en el intercambio de agravios. (De nuestra Sucursal)
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