29 Enero 2006 Seguir en 
La peligrosa correntada del río Loro se cobró la vida de un chico de 11 años y de su primo de 18. La tragedia ocurrió a pocos kilómetros de El Cadillal.
Cuando la noche del viernes se acercaba, Ramiro Krapovickas (11), y su primo Jose Martín Rubiol Krapovickas (18), jugaban con una soga en el río, que bordea el camping "Barranca Colorada". Allí, junto con su familia, habían llegado a las 18 de ese día para pasar la noche. Ramiro vivía en Santiago del Estero, junto con sus padres, y había venido de visita.
Cerca de las 20.30, el encargado del lugar y el padre de Martín advirtieron que los chicos habían permanecido mucho tiempo bajo el agua, sin volver a flotar, en un sector a unos cinco metros por fuera de la alambrada que delimita el camping. "Apenas me di cuenta, llamé a la Policía Lacustre. Después de casi cuatro horas de búsqueda, encontraron los cuerpos, por supuesto, sin vida", comentó Carlos Silva, cuidador del camping.
Dos versiones
Según comentó Fabiana Nostray, tía de las víctimas, los chicos se habían metido al agua con unas sogas. "Estaban jugando. Se habían atado una soga en la cintura. De repente, a Ramiro se le cortó y fue entonces cuando Martín se tiró para tratar de sacarlo. Pero no pudo", explicó Nostray, conmocionada.
Por otro lado, según aseguró Silva, los jóvenes se habían atado la soga para tener mayor seguridad dentro del agua. "El padre de uno de ellos (Martín) los había atado para que pudieran meterse, porque el río es muy profundo. Luego los sacó, ya que él tenía una de las puntas. Después, los chicos se metieron solos tras atarse los dos con la misma soga, en la cintura de cada uno. Cuando se sumergieron, quedó enganchada en una piedra. Media hora antes de la tragedia, le advertí al padre sobre el peligro que corrían; pero no me hizo caso", aseguró.
"El río es muy peligroso. Tiene más de seis metros de profundidad y la corriente es rápida. Además, hay muchas toscas, es decir, piedras coloradas que forman pozos. La gente tiene que tomar más conciencia", afirmó el subcomisario Néstor Osores, jefe de la Policía Lacustre.
Envueltos en el dolor, los familiares y los amigos no podían explicarse ayer lo sucedido. "Martín era buena persona y fue un excelente amigo. Cumplió 18 años en diciembre; quería estudiar para ser profesor de Educación Física. A veces dejaba todo para ir a jugar al fútbol", comentaron, emocionados, Roberto y Augusto, sus amigos."Apenas tenía 11 años. Es imposible entender que se nos haya ido. Ramiro era un angelito", expresó una de sus tías.
Cuando la noche del viernes se acercaba, Ramiro Krapovickas (11), y su primo Jose Martín Rubiol Krapovickas (18), jugaban con una soga en el río, que bordea el camping "Barranca Colorada". Allí, junto con su familia, habían llegado a las 18 de ese día para pasar la noche. Ramiro vivía en Santiago del Estero, junto con sus padres, y había venido de visita.
Cerca de las 20.30, el encargado del lugar y el padre de Martín advirtieron que los chicos habían permanecido mucho tiempo bajo el agua, sin volver a flotar, en un sector a unos cinco metros por fuera de la alambrada que delimita el camping. "Apenas me di cuenta, llamé a la Policía Lacustre. Después de casi cuatro horas de búsqueda, encontraron los cuerpos, por supuesto, sin vida", comentó Carlos Silva, cuidador del camping.
Dos versiones
Según comentó Fabiana Nostray, tía de las víctimas, los chicos se habían metido al agua con unas sogas. "Estaban jugando. Se habían atado una soga en la cintura. De repente, a Ramiro se le cortó y fue entonces cuando Martín se tiró para tratar de sacarlo. Pero no pudo", explicó Nostray, conmocionada.
Por otro lado, según aseguró Silva, los jóvenes se habían atado la soga para tener mayor seguridad dentro del agua. "El padre de uno de ellos (Martín) los había atado para que pudieran meterse, porque el río es muy profundo. Luego los sacó, ya que él tenía una de las puntas. Después, los chicos se metieron solos tras atarse los dos con la misma soga, en la cintura de cada uno. Cuando se sumergieron, quedó enganchada en una piedra. Media hora antes de la tragedia, le advertí al padre sobre el peligro que corrían; pero no me hizo caso", aseguró.
"El río es muy peligroso. Tiene más de seis metros de profundidad y la corriente es rápida. Además, hay muchas toscas, es decir, piedras coloradas que forman pozos. La gente tiene que tomar más conciencia", afirmó el subcomisario Néstor Osores, jefe de la Policía Lacustre.
Envueltos en el dolor, los familiares y los amigos no podían explicarse ayer lo sucedido. "Martín era buena persona y fue un excelente amigo. Cumplió 18 años en diciembre; quería estudiar para ser profesor de Educación Física. A veces dejaba todo para ir a jugar al fútbol", comentaron, emocionados, Roberto y Augusto, sus amigos."Apenas tenía 11 años. Es imposible entender que se nos haya ido. Ramiro era un angelito", expresó una de sus tías.
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