Teóricamente, la factura de crédito debe emitirse obligatoriamente en todas las transacciones (compra-ventas y locaciones de cosas muebles y de obras y servicios) que se hagan por más de 500 pesos pagaderos en un plazo mayor a los 30 días. La finalidad es que la PyME que le vende a las grandes empresas reciba el documento y lo lleve a un banco para descontarlo o como garantía para conseguir un crédito a tasas de interés similares a las que se les cobra a las compañías más importantes y que, en cierto modo, terminan haciendo de garantes de las pequeñas.
Desde antes del 1 de julio, cuando entró en vigencia el mecanismo, especialistas habían advertido que la factura de crédito no logra introducirse en la Argentina desde 1960. Ya se hicieron cuatro intentos -sumando el actual- que fracasaron. También objetaron sobre los peligros de pretender imponer coativamente -están previstas severas sanciones, hasta penales, para quienes no cumplan- una modalidad operativa, porque supone alterar la propia lógica del mercado, según interpretaban e interpretan. Por ello, muchos suponían que era más útil y eficaz si el uso era voluntario y se lo estimulaba con una serie de ventajas, hasta fiscales.
Además de los problemas previstos, se añadieron los derivados de una coyuntura caracterizada por un sistema financiero alterado por el corralito y la fuga de divisas, y por precios sometidos a constantes vaivenes. Esto provocó que no se hagan operaciones a plazo mayores a los 30 días, sino prácticamente de contado.
"La factura fracasó, por culpa de un escenario marcado por una profunda crisis y por la recesión, donde no hay poder adquisitivo, ni ventas. Esto hace que no se facture. Para emitir factura primero hay que tener ventas", aseguró a LA GACETA el secretario de la rama Comercio de la Federación Económica de Tucumán, Ricardo Fernández. Agregó que la normativa no prevé "el modus operandi de empresas en crisis, por lo que termina trabando el desarrollo comercial". "La reglamentación y el hecho de ser obligatoria para ventas de mas de 500 pesos, la transforma en un instrumento de mayor costo y un buen negocio para los bancos. Nuestra peticiones nunca fueron escuchadas y los resultados están a la vista", concluyó.
La miopía del regulador del mercado
Por Luis Alberto Comba, especialista en tributación
El uso de la factura de crédito es prácticamente nulo. Las razones son variadas. Nació como un pretendido instrumento facilitador del crédito de entidades financieras para las PyME. Hoy, cuando el crédito es inexistente, es absurdo pensar que pueda tener alguna utilidad.
Los funcionarios continúan ejerciendo un esquema mental que les hace pensar que tienen el poder de regular el mercado y definir lo que es bueno y malo para las empresas. Esto no es más que el fruto de una miopía de burócratas y tecnócratas que no pueden aprender que el mercado se regula por sus propias normas.
Con la factura se exigen profundos cambios en los usos y costumbres de la operatoria comercial. Esto implica la necesidad de modificar todos los sistemas administrativos en uso, con la consecuencia directa de convertir a las operaciones en lentas e inseguras.
Además, la puesta en práctica de este instrumento provoca la emisión adicional de una serie de comprobantes (recibo y anexo de la factura), lo que implica un significativo incremento no sólo de los controles internos, sino también de la registración general.
Si pretendían crear un instrumento eficaz debieron haberlo hecho voluntario y generar ventajas concretas para quienes lo utilicen. Esto habría sido suficiente para imponer el uso. Y con sólo hacer voluntaria la emisión pero obligatoria la recepción de las emitidas por terceros se hubieran solucionado los problemas y se habría permitido que la emplee quien efectivamente la necesita, sin que se la imponga forzosamente a quien no la requiere.
El fantasma de la inflación impide todo
Por Eduardo Chit, titular asoc. de Estudios Tributarios
La factura de crédito fue creada para facilitar el acceso de las PyME al crédito. ¿Pero esto puede ser posible cuando no hay crédito y cuando el sistema financiero prácticamente no existe?
Al no haber crédito no hay plazo para financiar las operaciones comerciales o aquel es muy pequeño. Hoy prácticamente se exige que todo se haga de contado o en plazos muy cortos. En consecuencia, si el pago de la venta se hace dentro de los 30 días (posteriores a la entrega del bien), no hay obligación de emitir la factura de crédito, según la propia normativa vigente. Y esto es lo que ocurre en la mayoría de los casos por el temor del vendedor a que varíen los precios o que queden desactualizados por la inflación. Por ello, a veces se pide hasta el pago por anticipado.
En consecuencia, las condiciones macroeconómicas que afectan a la Argentina impiden que el instrumento tenga éxito o bien lo desnaturalizan. Eso sin contar las dificultades que, históricamente, tuvieron las diferentes variantes de factura de crédito proyectadas, para introducirse en las costumbres comerciales del país.
La eficacia del instrumento no depende de nuevas reglamentaciones, sino de que haya estabilidad y de que desaparezca el fantasma de la hiperinflación. Sólo así el proveedor podrá vender a plazos mayores de 30 días y utilizar las facturas de crédito que reciba en pago para descontarlas en los bancos y así obtener préstamos o financiación para sus operaciones. Pero en la medida en que no haya un marco estable, la factura tendrá escasa utilidad, como sucede ahora.







