La sociedad no aguanta más

La situación económico-financiera de Tucumán no le permite a Miranda mucho margen de maniobra. Por Luis Alberto Peña.

11 Agosto 2002
Por Luis Alberto Peña Jefe de Redaccion LA GACETA

Devaluaron hace siete meses y todavía no consiguen encarrilar la situación. Para peor, la gente se está dando cuenta de que semejante tranco hacia el vacío no sirvió para solucionar los problemas.
Tampoco encuentra el electorado planteos razonables con las figuras que están en campaña (Menem, De la Sota, Carrió, Rodríguez Saá, Terragno, Kirchner, López Murphy) para suponer que por ahí habrá una salida.
Estas dificultades arrastrarán a Tucumán, que, por su nivel gastos y endeudamiento, depende del financiamiento de Duhalde para garantizar la paz social desde el Estado. La incertidumbre contribuirá a paralizar la reactivación en el corto plazo.
El gobierno tucumano no puede irritar al duhaldismo con coqueteos con Menem, a pesar de que una buena parte de la dirigencia peronista está al lado del ex Presidente, porque teme ser víctima de una letal venganza financiera.
Esta pulseada política colocó a Miranda en una virtual convocatoria de acreedores. "Si el ministro Lavagna no abre la billetera, la cesación de pagos (o default, como le dicen ahora) será inevitable", se aterran en el mirandismo. No se descartan serias alteraciones sociales en el futuro cercano, protagonizadas por estatales que no saben cuándo cobrarán sus sueldos.
En el plano privado, las posibilidades de reactivación todavía están lejos. Como la devaluación y la pesificación destrozaron el ahorro y el crédito, las empresas no están en condiciones de armar en Tucumán planes de inversión y, por eso, tampoco pueden producir más. Se esfumaron los préstamos con tasas accesibles (los bancos no prestan o piden tasas impagables del 200% anual).
El sistema financiero no existe. Va a quedar para transacciones (pagar sueldos, servicios, impuestos y cuotas), de manera que prescindirá del personal que manejaba los créditos en las bancas personal y empresaria.
En Tucumán ya cerraron varias sucursales y se usan todos los métodos disponibles para producir despidos encubiertos.
En la City tucumana están inquietos por el llamado "Plan B" del gobierno, que consiste en declarar el default total de las dos Operatorias FET de canje de bonos y clavar "por un tiempo" a las empresas que depositaron.
Les darían títulos a seis meses por los $50 millones en Bocade, que, confiadas, depositaron. Esto puede significar el fin del mirandismo si se enfrenta con todo el poder económico.
La jugada tiene alto reisgo, porque produciría una hecatombe en la confianza sobre el bono, que podría perder el 50% o 60% de su valor. Sólo el auxilio financiero de Lavagna puede salvar a Miranda del estallido de este volcán en erupción.
Mientras políticos y economistas discuten qué se puede hacer, la presión social va a volverse insostenible, porque la gente no puede soportar más la miseria. La sociedad no va a tolerar seguir envuelta en el trauma del desempleo durante meses o a buscar comida en la basura. En Tucumán se extiende un inaceptable sistema de castas, que divide a los que tienen trabajo y niveles de vida dignos, de los que lloran porque el futuro es tenebroso y, finalmente, de los marginales.El lanzamiento de las campañas electorales agregó una buena dosis de confusión en la sociedad tucumana, en la que el miedo a lo que vendrá sólo produce una mezcla de amor y odio.
La gente se siente acorralada entre alternativas que sólo conducen hacia el desierto, sin propuestas creíbles, sin liderazgos impetuosos, con demasiada improvisación. Y con escándalos como el que envuelve ahora a la cúpula del gobierno y a legisladores.
Como señala una canción, los labios de los políticos se mueven, pero la gente ya no los escucha o no quiere oír lo que le dicen.

Tamaño texto
Comentarios