El "justiciero" está shockeado por todo lo que pasó

El fiscal Arnoldo Suasnábar ya le tomó declaración al comerciante Gustavo Avila.

04 Diciembre 2005
Sin esposas y con la cara desfigurada por la preocupación, Gustavo Avila se presentó ante el fiscal Arnoldo Suasnábar para declarar en la causa. Allí, durante más de una hora, relató la terrible experiencia que había vivido. “No voy a hablar por ahora porque tengo mucho miedo. En Bella Vista sigo teniendo el negocio y a mi mujer embarazada. Ya le dije a la Policía  todo lo que pasó el viernes”, aseguró el comerciante cuando terminó de prestar declaración.
Según confirmaron fuentes judiciales, Avila no se contradijo en su declaración, por lo que Suasnábar decidió no imputarle ningún delito. La causa fue caratulada como robo agravado.
En las próximas horas, Suasnábar interrogará al propietario del vehículo que fue aprehendido anoche a última hora. También esperará los resultados de las pericias que ordenó realizar a Eugenio Carrasco y al dueño del auto.

Temor
Avila, como sus familiares, están aterrados. Tienen mucho temor de que los cómplices de Carrasco, el asaltante al que hirió gravemente, tome represalias contra su familia.
“Por favor, no queremos hablar con nadie porque tenemos mucho miedo de que los asaltantes se venguen”, aseguró una mujer que dijo ser la hermana del joven comerciante que recalcó no haber visto nada de lo que ocurrió.
Los vecinos y comerciantes, que tampoco pudieron ocultar su temor a represalias, aseguraron no haber visto nada, pero salieron a defender enfáticamente a Avila.
“Es un muchacho que se mata trabajando durante todo el día para poder mantener a una familia. No puede ser que esté viviendo una pesadilla como esta”, explicó Miguel Rocha.
El verdulero Luis Alvarez relató que Avila es muy conocido en Bella Vista. “Es una excelente persona. Como vecino, jamás causó problemas a nadie y su conducta como comerciante es intachable. Siempre estaba dispuesto a darles una mano a todos”, explicó.

• Un caso que hizo historia

El ingeniero Horacio Aníbal Santos, en 1990, mató a balazos a los dos hombres que le habían robado el estéreo de su automóvil. Al “Justiciero”, como la bautizaron, después de varias imputaciones, lo sentenciaron a 3 años de prisión y a 10 de inhabilitación para portar armas por exceso en la legítima defensa. Civilmente, los familiares de una de las víctimas, le inició una acción judicial para cobrar una indemnización de más de $ 800.000. Este caso marcó jurisprudencia en este tipo de delitos.